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La Rojita y su técnico ya se tiran la crítica encima

El empate frente a Bolivia en el inicio del Sudamericano Sub 20 reflota los cuestionamientos que Héctor Robles había recibido hace dos años, cuando fracasó en Ecuador y Chile se quedó sin ir al Mundial de Corea del Sur.


El empate de la selección Sub 20 frente a Bolivia suma una nueva decepción en una gestión que está bajo máxima presión. La igualdad ante la escuadra altiplánica es el quinto partido en Sudamericanos sin victorias que suma el técnico Héctor Robles, quien ya registra un rotundo fracaso: en Ecuador 2019, la Rojita no consiguió clasificar siquiera a la segunda ronda: igualó sin goles ante Brasil y 1-1 ante el anfitrión. Después sumó derrotas consecutivas ante Paraguay (1-2) y Colombia (1-0). Chile se quedó fuera del Mundial de Corea del Sur

El técnico y su proceso recibieron, inesperadamente para muchos, la ratificación. Aunque fue presentada como una decisión corporativa de la ANFP, lo cierto es que el debate fue amplio y que buena parte del directorio estaba en contra de la continuidad del entrenador. Si Robles siguió en el cargo fue, fundamentalmente, por el respaldo que le entregó el timonel de la corporación, Arturo Salah, con quien había trabajado en Santiago Wanderers. El ex presidente, entrenador de formación, siempre ha predicado la estabilidad de los procesos técnicos.

Hoy, en Quilín, Robles es considerado como una herencia del período anterior. De hecho, después del empate frente a los bolivianos, la expresión facial del nuevo mandamás del fútbol chileno, Sebastián Moreno, denotaba una evidente preocupación, más allá de que sus declaraciones tendieran a la mesura. “Hay cosas que destacar, más allá del resultado. Hay que sacarse el primer partido. Estos partidos son así, requieren concentración, pero hay optimismo en desarrollar un mejor juego el sábado (mañana)”, declaró el dirigente.

La falta de currículo es uno de los aspectos que más se le cuestionaron en su momento a Robles. Antes de su asunción como técnico de la selección juvenil, el exdefensor lucía pasos por las divisiones inferiores de Universidad de Chile y Santiago Wanderers. En Valparaíso fue donde consiguió mejores resultados, pues los porteños se transformaron en animadores de las competencias de cadetes y, además, comenzaron a promover valores jóvenes como Gabriel Castellón y Agustín Parra. Para parte del directorio, pergaminos insuficientes como para asumir el desafío de liderar la renovación del fútbol chileno, ante la necesidad de enrielar a jugadores que, en su mayoría, ya cuentan con experiencia en equipos adultos.

Al entrenador también se le fustigaba su falta de ascendencia sobre sus jugadores e incluso la masiva presencia de representantes de futbolistas merodeando la concentración. Aún así, la palabra de Salah se impuso por sobre todas. Robles tomó nota de esos problemas y, en el nuevo ciclo, incluyó disposiciones disciplinarias como la prohibición de mantener contacto con los medios de comunicación salvo en instancias reguladas por la ANFP o la regulación en el uso de los teléfonos móviles, que deben entregarle cada noche al preparador físico para evitar distracciones durante el descanso.

Hubo, también, acusaciones de algunos cuerpo técnicos, como el de Colo Colo, que denunciaron que los jugadores habían vuelto con sobrepeso. Y en noviembre, Iván Morales fue marginado por problemas disciplinarios que la ANFP calificó como “motivos personales”. Para ser parte del plantel en el certamen continental, el delantero de Colo Colo debió bajar ocho kilos .

Un proceso de amplios recursos

En su revancha con la Rojita, Robles volvió a contar con todos los recursos que necesitó. La preparación contempló la disputa de 24 partidos, con un 61,2 por ciento de rendimiento, un promedio de 1,12 goles por encuentro y tres títulos en torneos internacionales, según consigna el dossier que la ANFP les entregó a los medios de comunicación antes de la disputa del torneo continental. Chile disputó dos certámenes en Japón y con esa base se colgó la medalla de oro en los XI Juegos Suramericanos disputados en Cochabamba, Bolivia. En la final, venció por la cuenta mínima a Uruguay, lo que significó un alivio para la gestión del entrenador.

Hubo, también, enfrentamientos preparatorios con los celestes, una gira por Argentina para medirse con equipos reservas de los principales equipos de ese país, dos choques ante Brasil y otros dos ante Paraguay.

A la carga de partidos amistosos se suman los microciclos de entrenamientos que se realizaban al menos una vez al mes. La frecuencia dependía de las obligaciones de los futbolistas con sus respectivos clubes. Pese a que el plantel cuenta con menos valores que tengan continuidad en sus primeros equipos si se le compara con la generación anterior, todos alternan con los respectivos  equipos de honor, un factor que obligó a Robles a plantear su calendario teniendo en cuenta esa variable.

El plantel contó, también, con apoyo multidisciplinario. Por ejemplo, recibió sesiones de sicología, coaching comunicacional, entrenamiento personalizado y acompañamiento continuo en materia nutricional. Además, se realizaron 16 actividades de corte social, con la finalidad de fortalecer la identidad y la cohesión del grupo.

Un panorama complejo

La nueva Sub 20 tiene un panorama aún más complejo por delante. Mañana se medirá ante Venezuela, último subcampeón mundial de la categoría y la sensación del torneo que se disputó en Corea del Sur. Luego chocará con Brasil, un rival cuya dificultad ahorra comentarios, y cerrará su participación en la fase inicial ante Colombia. Es decir, un fixture que amenaza con una nueva decepción. Después del partido, en todo caso, Robles prefirió el optimismo. “Son cuatro partidos y hay que estar preparados al máximo. Estamos con mucha seguridad de lo que tenemos que hacer en los tres partidos que quedan. Todos los partidos son muy duros”, declaró el técnico, esperanzando en evitar un nuevo traspié que, irremediablemente, lo sacará de su puesto.

 

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