Los "ciudadanos" Vicuña, Correa, Irarrázaval, y otros electos en 1831, para la primera Convención Constituyente

CPR1833

La Carta Magna de 1833, que duró hasta 1925, se originó -tras una guerra civil- en una convención mixta entre 16 diputados y 20 ciudadanos que eligió el gobierno, entre los que dominaban apellidos de la elite. El resultado fue un texto que le negaba el derecho a voto al "sirviente doméstico".




"Siempre que las Constituciones no están en armonía con las ideas sucede uno de estos males necesarios: la anarquía o el despotismo", expone el oficio de la Municipalidad De Santiago del 17 de febrero de 1831, una de las instituciones promotoras de la Convención Constituyente de ese año.

El debate por el proceso constituyente de la actualidad tiene alguna semejanza con el que ocurrió entonces. Mientras la oposición, desde la Democracia Cristiana hasta el Frente Amplio, llegó a un acuerdo ayer a favor de una Asamblea Constituyente (AC),  el Ejecutivo ya se había pronunciado en contra de esa opción. La vocera de Gobierno, Karla Rubilar, declaró el lunes que "nuestro camino no es la AC".

Con este impasse de por medio, una salida podría ser una Convención Constituyente. Así se le llamó a la que se hizo hace 188 años y que derivó en la Carta Fundamental de 1833. ¿Se puede comparar el proceso de aquel entonces con el de la actualidad?

"Las similitudes son mínimas, el Chile de 1831 es otro mundo, muy distinto al que vivimos ahora. Hoy la democracia, más allá de sus defectos, es representativa. Hacia 1831 la mayoría de la población era analfabeta y vivía en el campo. Los políticos respondían a sus intereses e ideales, una especie de absolutismo ilustrado: 'Todo para el pueblo, pero sin el pueblo'", responde Gonzalo Serrano, doctor en Historia de la Universidad Católica y académico de la Universidad Adolfo Ibáñez.

El contexto era distinto. No había en un principio grandes manifestaciones ciudadanas en las calles con demandas sociales, sino una pugna política entre pipiolos y pelucones -liberales y conservadores- que se consagró cuando el liberal Joaquín Vicuña fue elegido como vicepresidente.

"Ante esta situación y ante la imposibilidad legal de revertir el resultado eleccionario, los sectores conservadores no se mostraron satisfechos y abogando por restaurar la integridad constitucional, provocan un primer foco de alzamiento, el 4 de octubre, en la provincia de Concepción", explica Ulises Cárcamo, académico de la Universidad de Chile, en la Revista de Estudios Históricos.

Con el norte respaldando a Vicuña iniciaron una serie de enfrentamientos que concluyeron con la sangrienta Batalla de Lircay, en 1830. Los conservadores se impusieron en el país, pero controlar los alzamientos no era suficiente para garantizar la estabilidad. "No bastó, sin embargo, la ejecución de medidas represivas para mantener la calma. Faltaba crear un nuevo orden jurídico e institucional que legitimara y resguardara la situación de poder alcanzada, pues la Constitución de 1828 no concordaba con la nueva tendencia conservadora que se había impuesto en Chile", consigna Cárcamo.

La convención de 16 diputados y 20 ciudadanos

Fue en 1831 que se promulgó la ley que establecía las condiciones para la convención que trabajaría en la nueva Carta Magna. El artículo 133 del texto constitucional de 1828 ya contemplaba este proceso, pero tenía que iniciar recién en 1836. La guerra civil "cambió el curso constitucional y le permitió a los vencedores, los conservadores, eliminar la anterior Carta Magna e imponer una acorde con sus intereses", indica Serrano.

"Señores: Reformar la gran Carta es la obra destinada a vuestro saber: vais a registrar los derechos y deberes no de un millón y medio de hombres que pueblan hoy a Chile, sino de las generaciones que deben formar algún día una gran nación de Sudamérica; y como pende de vosotros la dicha o la desgracia de los mortales más dignos, vais también a merecer la execración o las bendiciones de todos los siglos", había dicho el Presidente de turno, José Joaquín Prieto.

En la práctica, la representación de las generaciones de las que hablaba Prieto podría ser objetada. La Gran Convención la integraron 36 personas. 16 eran diputados y 20 ciudadanos, elegidos por el gobierno "de acuerdo a sus intereses", cuenta el historiador Ramón Sotomayor Valdés en su libro "Historia de Chile, bajo el gobierno del Jeneral D. Joaquín Prieto". Los "ciudadanos" eran de apellidos como Vicuña, Irarrázaval, Errázuriz, Del Río, Correa y Aldunate.

[caption id="attachment_899067" align="alignnone" width="300"]

Historia de Chile, bajo el gobierno del Jeneral D. Joaquín Prieto, de Ramón Sotomayor Valdés[/caption]

"Hay que entender que los políticos eran parte de una élite, un grupo que, además de saber leer y escribir, tenía una situación económica que le permitía dedicarse a la política. No se buscaba una representación democrática, sí orden como un factor clave para el progreso, ese era el mínimo que debía cumplir una constitución", argumenta Serrano.

Según la Biblioteca del Congreso, la convención no redactó el proyecto. Se lo encargó a una comisión de 7 miembros, con los abogados Mariano Egaña y Manuel José Gandarillas entre ellos.

El 15 de mayo de 1833 la Gran Convención aprobó el texto y fue promulgado por Prieto. Aquella Constitución, que estuvo vigente hasta 1924, tenía algunas particularidades. Solo tenían el derecho a votar los chilenos de 21 años de edad, que supieran leer y escribir y estuvieran inscritos en los registros electorales del departamento. Y se suspendía el sufragio "por ineptitud física o moral que impida obrar libre y reflexivamente" o "por la condicion de sirviente doméstico".

Comenta