Más lentos, con más grasa y menos resistencia y musculatura: Así será el futbolista chileno que vuelva a los entrenamientos

Un informe entregado por la ANFP a los clubes retrata el perfil de jugador que recibirán una vez que se permita retornar a los entrenamientos tras el parón por el Covid-19. Los efectos no han sido los de unas simples vacaciones.




El 15 de marzo fue la última vez que se jugó fútbol de Primera en Chile. Desde esa fecha, producto del coronavirus, el fútbol chileno está paralizado. Algunos equipos concedieron vacaciones, otros entregaron pautas de trabajo domiciliario. Recién ahora se aprestan para volver a los entrenamientos más formales y grupales. ¿Cómo volverán a las prácticas los jugadores del torneo chileno? La incógnita respecto de las condiciones en que los jugadores retornarán a las prácticas trata de resolverla un informe encargado por la ANFP, a partir de al análisis a los jugadores. Y da respuestas alarmantes sobre el retrato del futbolista que vuelve de los entrenamientos en casa por la suspensión por el Covid-19: sube la grasa y baja la velocidad, la musculatura y la resistencia.

La ANFP entregó a los clubes la Propuesta con Recomendaciones para el Entrenamiento en miras al Retorno al Fútbol Competitivo. Así se titula el trabajo realizado por los fisiólogos del ejercicio Luis Peñailillo y Jorge Cancino. También colaboraron los profesores de Educación Física Ismael Pinto, Carlos Velasco, Mauricio González y Marcelo Rosemblat. “Muchos clubes han realizado programas supervisados por videoconferencia diseñados por equipos multidisciplinarios incluyendo nutricionistas, preparadores físicos y fisiólogos del ejercicio de cada equipo de acuerdo a sus recursos con el objetivo de mantener o evitar grandes disminuciones del rendimiento físico de los jugadores. Sin embargo, dificultades logísticas tales como espacio físico e implementación, en conjunto con la dificultad o nulidad de recrear ejercicios específicos de fútbol comparables a un entrenamiento en circunstancias normales, es muy probable que se haya producido una merma del rendimiento físico”, advierte la introducción del trabajo.

Las consecuencias estarán a la mano. “El aislamiento tendrá un impacto en el estado físico y mental de los futbolistas. Durante el confinamiento producto del COVID-19 los futbolistas están probablemente expuestos a algún nivel de desentrenamiento (parcial o total pérdida de las adaptaciones morfológicas y fisiológicas) como consecuencia del estímulo insuficiente e/o inapropiado (entrenamiento). Estos cambios resultarán en un rendimiento físico disminuido y un riesgo de lesiones aumentado, es por esto la importancia de un programa específico de reacondicionamiento post-confinamiento”, añade el documento.

Otro bloque de preparadores físicos, agrupados en la naciente Apeffu, también trabaja en torno a la materia

Los cambios

¿Cómo será el futbolista que vuelva a las prácticas? Todos los parámetros se verán afectados. “Podemos observar que la masa muscular disminuye ∼5%, lo cual probablemente influye en las disminuciones de los test de velocidad observado en un incremento de los tiempos en 10 y 20 metros (∼2%) , y la capacidad de salto (CMJ y SJ; ∼4%). Sin embargo, la capacidad aeróbica es la que más se ve afectada (VO2max, YYIR2 y YYIE2), y así mismo la capacidad de recuperación (10-20%). Sin embargo, estos datos son sin considerar periodos de confinamiento, por lo tanto, es probable que los datos posteriores al confinamiento por COVID-19, sean aún mayores”, ejemplifica. En términos más simples, el futbolista volverá con menos musculatura, más lento y con una menor capacidad aeróbica y de recuperación.

Rosemblat advierte que las consecuencias de la detención prolongada son incluso peores que el efecto que producen las vacaciones. “Esto es más grave. Después de 20 días todavía está el recuerdo, en su memoria física está asimilado el modelo de juego y la intensidad. Ahora, por más que hayan entrenado, no están entrenando en integración en cuanto al juego. Hablo de las intensidades que el juego refiere, que el modelo requiere. En ese aspecto, 70 días es muy contraproducente en cuanto a estas dinámicas. No es lo mismo estar bien físicamente que estar bien para el modelo del equipo. La preparación separada del contexto de la dinámica de juego no existe. Puede ser que los parámetros incluso sean normales, pero lo otro va a faltar”, grafica el profesional, actual jefe del área de Optimización de Rendimiento en ell fútbol joven de Universidad de Chile.

Estéticamente, es probable que los cambios no sean tan notorios. “No es esperable que un futbolista vuelva más gordo. Lo que más hay que atender es a las dinámicas que requiere el juego. Más gordos volvemos nosotros. Cuando se van de vacaciones, les doy hasta un 2 por ciento de tolerancia respecto del último peso. Ese es un canon normal después de dos o tres semanas de descanso. El peso es la métrica más fácil, pero hay más: la masa muscular y la masa de grasa. Por eso hay que aplicar exámenes de antropometría, que dan valores mucho más exactos. Si se baja dos kilos de músculo, se pierde. Hay que ir a un estudio más profundo, que busque tres valores más fidedignos: masa muscular, grasa y el IMO (Índice Músculo Óseo)”, postula Rosemblat.

Las mediciones se tomarán buena parte del tiempo inicial de trabajo. “Seguramente habrá exámenes en todo aspecto. Primero en cuanto a coronavirus y luego en cuanto a circunstancias de juego. La primera liga que se empieza a jugar ya empieza a generar atención. Se han producido un 40 por ciento más de lesiones que en un fin de semana normal en un medio en que el jugador no se lesiona. Su cuarentena incluso fue más corta. Acá es volver a juntarse después de 60 días”, insiste.

La preparación

Por esa razón se hace indispensable un periodo de acondicionamiento físico para no arriesgar las dolencias que, a modo de ejemplo, están sufriendo en Alemania. “El peligro de lesiones aumenta por esto mismo. No se puede replicar el juego. Si no se da la preparación adecuada, se verá un campeonato light, con jugadores en su mínima expresión. Sumémosle la falta de público. Se verá un campeonato descremado. Si se vuelve a mediados de junio, se van a llenar las enfermerías de los clubes. Por ahí, julio parece un plazo razonable. Lo contrario es ir en contra de lo que se busca. En ocho meses se jugaron siete fechas, considerando también el estallido social”. Incluso aspectos más específicos pueden verse perjudicados. “Ojalá no se vea afectada la dinámica de juego. Se verán afectados los locales, porque no hay presión. Está pasando en Alemania. Es un entrenamiento en un muy buen escenario. Es una champagne sin alcohol. Partidos sin contexto. El show business también hace al fútbol”, sentencia el profesional.

El estudio advierte, también, los riesgos de un calendario demasiado condensado, que incluso toca a la pandemia. “Ocasionan una disminución del rendimiento físico, aumento de

parámetros de daño muscular, y mayor número de lesiones. Además, se ha mostrado que alta densidad de partidos y altos volúmenes de entrenamiento podrían disminuir el sistema inmune, haciendo más susceptibles a los jugadores al COVID-19 si este aún se mantiene activo”, alerta.

Por esas razones, se hace indispensable el retorno paulatino a jornadas de trabajo que se asemejen a las que se llevarán a cabo en los respectivos centros de entrenamientos. Incluso la alimentación y el sueño son factores que deben considerarse.

El plazo aconsejable para volver a pensar en competir después del reinicio de los entrenamientos se estima entre tres y cuatro semanas. “Se consideran que 3-4 semanas de acondicionamiento individual podrían garantizar niveles fisiológicos suficientes con los que poder tolerar cambios en las cargas de entrenamiento. Algunas recomendaciones internacionales han propuesto que para recuperar los niveles de forma física anteriores al COVID-19, el tiempo de reacondicionamiento debería ser del 50% del tiempo que se estuvo en confinamiento, aproximadamente 4 semanas para el caso de Chile. Sin embargo, es importante señalar que tanto la duración del confinamiento, como el periodo individual y grupal de acondicionamiento es definitivamente relativo, en circunstancias que el COVID-19 no permite precisamente certezas ni tiempos ideales para las distintas etapas por las que ha atravesado y atravesará el deportista profesional”, consigna el estudio.

Comenta