Nicolás Jarry tiene 24 años, un ATP 250 ganado (en julio, en Bastad), una posición en el ranking aún sin resolver (en enero iba 78) y un episodio de dopaje ya para siempre a sus espaldas. Viene de admitir la violación de una regla antidopaje y de acceder a las consecuencias propuestas por la ITF: 11 meses de castigo sin competir y la devolución de todos los premios conseguidos desde noviembre. Una mancha que, sin embargo, ha sido acogida con satisfacción en su entorno al entender que el fallo le exime de responsabilidad directa en el caso. La condena es por negligencia. A diferencia de otros deportistas sumergidos en similar situación, Jarry no se esconde. Sobre doping, dolor, reputación y futuro accede a conversar con La Tercera.

Cuando se conoció el falló habló de que sale con la lección aprendida. ¿Cuál?

Que si la vida te trae problemas, hay que sobreponerse. Que haces las cosas lo mejor posible e igualmente te pueden salir en contra. Que hay que estar más atentos con ciertas cosas, temas legales. Y que todo pasa por algo. No venía en un buen momento de mi carrera y necesitaba un segundo para parar, pensar y analizarme bien. Y eso es lo que he estado haciendo todos estos meses.

¿Por qué hay que creerle?

Porque son hechos. Están claros, aprobados por el mismo organismo que dijo que hice trampa, algo que nunca hice. Fue mala suerte, la contaminación cruzada de las pastillas.

Aparecen en su cuerpo sustancias que potencian la musculatura. ¿Entiende el escepticismo?

Sí, pero hay que saber el tipo que es y la cantidad que encontraron en mi cuerpo. Uno, por lo que he entendido, es algo que se trabaja en un ciclo. Dos, las cantidades eran tan pocas que no creo que hagan efecto. Por lo que decía mi abogado, es como una pelotita de sal en una piscina olímpica. Y tres, tres días antes de mi positivo, pasé otro control y salí limpio. Es evidente que fueron estas pastillas.

“No acepto la culpabilidad de dopaje, sino la sanción. Las reglas dicen que de lo que haya en mi cuerpo, soy responsable. Y sí, las cosas son así. Uno tiene que ser perfecto”.

¿Por qué tanta euforia por el fallo si finalmente usted acepta ser culpable de dopaje? Y eso queda para siempre.

No, yo no acepto la culpabilidad de dopaje. Yo acepto la sanción que me dan. Y sale textual que nunca me dopé ni intenté hacer trampa. La sanción es porque hay reglas que dicen que yo soy responsable de todo lo que haya en mi cuerpo. Y sí, lamentablemente las cosas son así. Uno tiene que ser perfecto. Pero la perfección no existe.

¿Le afecta más el castigo o la reputación?

Sí o sí, la reputación. Soy totalmente opuesto a hacer trampa. No he sacado ventaja en mi vida. Trato de jugar siempre en fair play, es algo que mi abuelo me inculcó desde chico, que está en la familia. Hacer trampa no te lleva a nada. Así que sí o sí, la reputación. Después, la sanción, no tengo control sobre ella. Es parte del organismo responsable, que cree que hice algo que merece una sanción tan grave como los 11 meses. Y es dejar a un deportista 11 meses sin trabajo, diciéndole que de verdad hizo algo malo cuando en verdad no hice nada malo.

¿No suena mal que el desenlace de un caso así sea pactado?

Sí, es un acuerdo porque es algo de palabra entre organismos. No hay un tribunal por medio. Lo acepté porque ante las circunstancias del mundo, hay mucha incertidumbre. Uno no sabe qué puede pasar y además todo el mundo está parado.

¿Ha sido una conquista/derrota de los abogados o de la razón?

La razón salió a la luz. Después, el trabajo de los abogados… lo dice más por la sanción. Y la sanción es dura. Once meses es mucho tiempo para una persona que no tuvo voluntad de hacer trampa o ni siquiera la hizo. Que no sacó ventaja. La contaminación era mínima. Y sí, para el que quiera hacer trampa, el castigo debería ser mayor. Pero así son las reglas.

¿Por qué no declaró en el control que estaba tomando vitaminas? Es algo a lo que estaba obligado y que le recriminan en el fallo.

No, en el fallo sale que no lo hice y el porqué. Es algo que no quiero seguir conversando. El que quiera, que se meta a investigar.

¿Tan pequeña es la letra del protocolo antidopaje que ustedes firman? ¿O es que lo firman, como pasa a menudo, sin mirar?

Sí, realmente. Son muchas las cosas y uno no ve la letra chica. Yo sé que tengo que hacer las cosas bien, ser lo más responsable posible y lo hice. Incluso le pedí a un doctor que fuese a revisar el laboratorio, que viera que estaba limpio. No sé qué más podría haber hecho sin saber esta advertencia que hizo la ITF.

Pero ya queda manchado. ¿O cree que no?

Yo creo que no. He visto desde que esto se inició que me han creído, que soy inocente.

¿Qué pasa por la cabeza de alguien al que acusan de dopaje?

Se te viene el mundo encima en un segundo. La trampa está en contra de mis principios. Me enojo cuando alguien trata de hacerse el vivo. El tenis es el deporte blanco, el más educado, y que te acusen de hacer trampa es muy doloroso. Cuando supe la noticia, no lo podía creer. Me puse a llorar varios minutos.

¿Esto le hará ser más comprensivo con los castigados por dopaje?

Bueno, no sé. Yo voy al detalle: si alguien que dice que es inocente, sale culpable, yo le creo más a la sentencia final. Como en mi caso, que sale que yo soy inocente y…

Bueno, no literal. No sale que usted es inocente, sí que no tuvo intencionalidad, que es muy probable la teoría de la contaminación cruzada y que su culpa es insignificante.

Bueno, sí, sale que no tuve intencionalidad. Pero en el fondo sí sale que soy inocente, porque hablamos de un rango de cero a dos años, y eso significa que no es a propósito. Uno es inocente de querer hacer trampa. Significa eso.

¿Se sintió o se siente despreciado?

No, nunca. Eso me ayudó. Desde que saqué mi carta en las redes sociales, todo fue apoyo. En el tenis, todos me creen. De ser al revés, habría sido más duro.

¿Corporativismo del tenis o fe sincera?

Fue confianza de verdad. Nadie puede salir a decir que soy inocente cuando no saben nada del caso. Tiene que haber mucha confianza para hacerlo.

Tantos casos en el tenis de contaminación cruzada suenan a excusa socorrida.

Es relativo. No sé si son tantos casos y si son solo en el tenis. Y bueno, justamente es lo que quiero mejorar en el futuro. La comunicación, para que le llegue la información más clara a todos los jugadores.

¿Por qué no denunció al laboratorio?

Eso es algo que aún se está revisando. Si es que se puede hacer o no.

¿Va a seguir contando con el médico que le recomendó ir a ese laboratorio y con el fisioterapeuta que le presentó a ese médico?

Es algo en lo que aún no tomo una decisión. En mi cabeza estaba demostrar mi inocencia. Y una vez termine esto, analizaré bien qué haré y qué es lo mejor para mi futuro.

“Por parte del laboratorio, hubo negocio sí o sí. Si ellos trabajan con sustancias de este tipo, que son ilegales, eso sí es negocio (...). Aún se está revisando si denunciarlo”.

¿Fueron errores, traiciones o negocio?

Por parte del laboratorio, negocio sí o sí. Si ellos trabajan con sustancias de este tipo, que son ilegales, eso sí es negocio. Y después, bueno, mala suerte que justo me ocurrió a mí.

¿Ha llegado a odiar a alguien estos días?

No soy de ese tipo de persona. Por supuesto, en un principio, uno se pregunta todo el rato ‘por qué a mí’. Porque no entiendes nada. Y esos momentos sí fueron realmente oscuros, hasta que logré sobrepasarlos.

“Yo ahora tengo que tratar de contar mi historia y mejorar el mundo; el sistema. Depende de cómo lo haga, seré mirado”.

¿Cómo cree que va a ser mirado ahora?

Depende de lo que haga después. Tengo que tratar de contar mi historia y mejorar el mundo. Mejorar el sistema. Depende de cómo lo haga, seré mirado.

¿Va a desconfiar ahora hasta de su sombra?

No sé sí seré más desconfiado, pero sí más preocupado.

“Sumé un psicólogo personal durante este tiempo para ayudarme. Ya que fue realmente duro. Toqué fondo varias veces durante estos meses y sabía que no podía salir solo”.

Fue al psicólogo cuando se le estaba yendo la cabeza tenísticamente. ¿Y ahora?

Sí, por supuesto. Toda mi vida, desde que salí del colegio, he trabajado con psicólogo deportivo. Y sí, sumé un psicólogo personal durante este tiempo para ayudarme. Ya que fue realmente duro. Toqué fondo varias veces durante estos meses y sabía que no podía salir solo. No solo quería salir del hoyo, sino aprender y mejorar. Y necesitaba ayuda.

“El tenista va a volver mejor persona. Ese va a ser el cambio. No va a ser solo tenis. Va a ser más relajado. Y eso me va a ayudar a ser mejor tenista”.

¿Cómo volverá el tenista y la persona después de esto?

El tenista va a volver mejor persona. Más persona. Ese va a ser el cambio. No va a ser solo tenis, tenis, tenis. Va a ser más relajado. Estoy aprendiendo a vivir más la vida, cada momento del presente. Y eso me va a ayudar a ser mejor tenista.

La pandemia finalmente ha sido una ventaja. Iguala a los limpios y a los sancionados.

Es lamentable lo que pasa, todas las muertes, el peligro, las consecuencias... Después, algo positivo sí o sí es esto. Ya veremos cómo me ayuda. Pero es más importante lo otro.

“Es muy triste que gente haga trampa o que tenga que hacerla porque no les queda otra. Pero no lo entiendo, porque no puedo entender cómo alguien puede llegar a querer hacer trampa”.

El presidente del tribunal de honor habla de mafias de dopaje en las federaciones, un ciclista confiesa abiertamente cómo se dopa su deporte, Duco dos años fuera, usted 11 meses... ¿Qué pasa en Chile?

No sabía de esa declaración. En la parte del ciclismo siempre ha habido harto de qué hablar del dopaje. Es muy triste que gente haga trampa o que tengan que hacer trampa porque, dicen, no les queda otra. Debe ser un mundo muy difícil. No lo entiendo, porque no puedo entender cómo alguien puede llegar a querer hacer trampa.

Ahora que lo ha vivido de cerca, ¿las autoridades son complacientes con el dopaje?

No. Todos hacen su trabajo con lo que saben. En Chile deben mirar más. Es lamentable que en el deporte haya este tipo de personas tratando de sacar ventaja y hay que tratar de controlarlo. Pero es un trabajo muy difícil estar tras la sombra de gente que siempre trata de dopar a alguien.

¿Las sanciones económicas pesan?

Claramente, duelen. Ya que es mi trabajo, vivo de esto y, la verdad, no son menores. Pero he aprendido que hay cosas más importantes: la familia y la salud.

¿Va a perder o ha perdido auspicios?

Hasta ahora, mis auspicios han confiado en mí. Hay algunos que los he tenido que suspender por cómo es el sistema de cada empresa, como con Hábitat. Pero esto que me pasó no va a perjudicar mis auspicios.

¿Qué es lo que más le ha dolido?

La sanción, que fueran 11 meses.

¿Y por qué la aceptó? ¿La aceptó convencido o fue más bien por recomendación de abogados o familia?

Acepté convencido. Fue decisión mía. Me demoré un par de días en tomarla. No era una decisión menor y está buena. Pero eso no quita el dolor de que la ITF haya dicho que la mala suerte que tuve signifiquen 11 meses de suspensión.

Dentro de 20 años, cuando se hable de usted como ahora de su abuelo o de Ríos, quedará que tuvo un episodio de dopaje.

Claramente. Son casos que no se pueden sacar. Pero si, tras esto, salgo mejor en el tenis, sí o sí se podrá tapar un poco lo del dopaje.