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Sangre azul: El recuento de puñetazos entre Yuraszeck y Heller por la U

Incluso en los momentos más felices de la U, las disputas entre ambos fueron evidentes. La lucha llegó a traducirse en peleas bursátiles que provocaron suspensiones en la transacción de las acciones del club.


La disputa entre José Yuraszeck (67) y Carlos Heller (57) es mucho más antigua que las diferencias que el primero reveló en la última entrevista que le concedió a La Tercera. “Heller es el problema de la U”, dice el primero respecto del controlador de Azul Azul, a quien le entregó la presidencia en abril de 2014. Su alejamiento del club, sin embargo, no terminó con la lucha personal entre dos de las figuras más poderosas del club en la última década.

Incluso en los momentos más felices de la U, había forcejeos entre ambos, desde que Yuraszeck entró de lleno al directorio del club como uno de los principales accionistas, en 2009. En noviembre de 2011, cuando los estudiantiles aún disfrutaban el dulce sabor de la obtención de la Copa Sudamericana, la Bolsa de Comercio era testigo de la no tan soterrada disputada. Las acciones del club se dispararon al punto de que el valor del club se elevó por sobre los US$ 174 millones, superando al de la Juventus, la Lazio y la Roma.

Habían subido un 155 % en el año. El martes 18 de octubre de ese año, llegaron a dispararse en un 23%, lo que obligó a suspender las transacciones. Todo era producto de una lucha de poder que ya estaba desatada. Heller, considerado como un opositor al bloque que constituían Yuraszeck y el entonces timonel Federico Valdés, ni siquiera había podido subir al bus descapotable en el que el plantel de la U recorrió Santiago para celebrar el título continental. Una especie de moobing, que se define como  el “trato hostil o vejatorio al que es sometida una persona en el ámbito laboral de forma sistemática”.

Las muestras de distancia entre ambos dirigentes continuaron. En 2014, después de que  Carlos Heller había anunciado el proyecto del anhelado estadio estudiantil, que se edificaría en Laguna Carén, Yuraszeck contragolpea con una carta a El Mercurio en el que revela un compromiso de compraventa de un terreno para la construcción del estadio de la U en La Pintana, descartando la versión oficial. La concesionaria se vio obligada a admitir la información, aunque precisó que la primera opción para recibir el reducto seguía siendo el predio ubicado en Pudahuel. El Mercurio también cuenta que Heller llamó a Yuraszeck para reprocharle ‘la salida de libreto’, pues como director no era el encargado de dar a conocer la información. La molestia también se extendió a otros directores.

“Hay gente que no mide lo que pueda pasar. Estamos tranquilos. El estadio sigue su curso normal y se habló cara a cara con el directorio. Se habló de frente, se dijo lo que se tenía que decir y por supuesto que hubo descargos. Las personas que tenían que decir cosas tuvieron su espacio y eso quedó en el directorio”, declaró Heller, estableciendo que los voceros titulares eran el presidente del club, el gerente general, Cristián Aubert y, en ocasiones específicas, el presidente de la Comisión Estadio, Andrés Weintraub.

A fines de enero de 2015, Heller, ya como dueño del 61,32 por ciento de las acciones de la firma, marca diferencias respecto de su antecesor en una entrevista a La Tercera.”El sello se lo da la personalidad. Como presidente, ya he tenido un sello distinto, una cercanía. Siempre se va a buscar una diferencia con José Yuraszeck. Él es una persona que quiere a la U, igual que yo, pero tenemos un estilo distinto, y lo exteriorizamos de distinta manera. Los dos tuvimos la oportunidad. El ya la tuvo, y ahora la tengo yo. Después se verá quién es mejor y quién es peor; pero mi sello es éste, de poner mucha pasión en las cosas y estar más cerca de la gente”, decía en el estadio El Teniente de Rancagua, donde Chile se medía con Estados Unidos en el inicio del año en que se titularía campeón de América.

Luego, siempre cuidadoso de sus palabras, agregaba aspectos para marcar diferencias: “En la forma de administrar. Yo soy más cercano, somos distintos. Y, como vivo mi vida, es como he tenido resultados en poco tiempo. Pero eso no me hace ni mejor ni peor. Es una responsabilidad tremenda haber ganado el campeonato. Me quitó mucha presión haber levantado una copa a los siete meses de haber asumido. Pero, ahora, el desafío que debo cumplir es mucho más grande”. Aludía al estadio y a la Libertadores.

Yuraszeck, en tanto, guardaba silencio, una condición que se mantuvo hasta mayo de 2016, cuando salió al frente para criticar la designación de Sebastián Beccacece como técnico del primer equipo universitario, una elección de Heller. “Sebastián no estaba preparado para dirigir a la U y no creo que lo vaya a estar ahora bajo una presión mucho mayor. Así de simple. Y no se trata solo de un eventual mal manejo del camarín de su parte. También eligió jugadores de dudosa calidad y dejó de lado a Corujo, por ejemplo. Pero su principal error fueron sus erráticas formaciones, y para qué hablar de los extraños cambios durante los partidos. Inentendible”, comentó en El Mercurio. Ni siquiera lo satisfizo la llegada de Luis María Bonini. “Es una historia a la que no le veo un final feliz. ¿Por qué a Bonini le contrataron además al PF Bressan? Hay cosas que no se entiende o no se explican bien. Cerrar un contrato por dos años y medio con Beccacece fue un error que ahora se repite con Bonini. ¿Qué pasará a fines de este año si Beccacece se va, llega un nuevo técnico y trae su propio PF?”, insistió.

En esa oportunidad, Yuraszeck ocupó una palabra que siempre genera controversia: crisis. “Para nadie es un misterio que la U atraviesa una severa crisis sobre la que ningún dirigente actual se pronuncia y, en cambio, se dedican a tratar mal a otros dirigentes solo por dar su opinión. Es preocupante. Deben guardar la calma y trabajar para el club, no contra los hinchas que señalan la gravedad de la situación”, aconsejó.

En septiembre de ese año, después del fracaso que desencadena la salida de Beccacece concediéndole la razón, vuelve al ataque. “Después de un año de sufrimiento, con algo que dijimos que iba a ser un fracaso y que lamentablemente fue un fracaso, estamos con esperanza”, afirmó. “Yo soy amigo de Beccacece, y fue parte de la época más gloriosa de la U, pero tenía una falencia básica: nunca había entrenado. Por lo tanto, era casi una seguridad que iba a ser un fracaso. El error fue contratarlo. Nunca había sido técnico”, añadió. Finalmente, aunque intentó no aludir a Heller ni a su directorio, terminó haciéndolo igual. “Yo de la directiva no opino. Si es el peor momento de la U, eso tendrán que evaluarlo los hinchas. Yo tuve la suerte de estar cinco años donde conseguimos grandes cosas”, enfatizó, en una postura parecida a la que expresa hoy, con su enemigo ya caído.

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