Viña no tiene festival: una temporada deprimida

La Quinta Vergara vacía.

Por 60 años consecutivos, la Ciudad Jardín se vistió de gala por estas fechas. El tradicional certamen musical, aparejado con el término del verano, generaba dos mil empleos para la ciudad, ingresos por US$ 45 millones y el lleno total de bares, restaurantes, discotecas y alojamientos. Hoy, la ciudad está en cuarentena los fines de semana, sus playas vigiladas para cumplir el aforo, la Quinta Vergara vacía y el clásico Hotel OHiggins convertido en residencia sanitaria. ¿La reserva hotelera? Apenas roza el 25%.




El reloj marca las 18:00 del miércoles 25 de febrero y la plaza Eduardo Grove, en el acceso a la Quinta Vergara, no está cercada. Tampoco hay filas ni vendedores de palomas o cintillos alusivos al artista del momento. Y sí, es verdad. Por primera vez en seis décadas, Viña no tiene Festival.

La pandemia venía preparando un mal verano para el turismo. La ciudad se encuentra desde diciembre en la Fase 2 del plan Paso a Paso, por lo que cada fin de semana -la oferta más fuerte de la comuna por su cercanía con la capital- vuelve a cuarentena. Así, el rubro hotelero, gastronómico y de entretenimiento rematan la temporada deprimidos: el Casino Municipal operando un tercio de sus máquinas tragamonedas -casi 500 máquinas de un total 1.500-, las principales playas operan con control de aforo para prevenir los contagios de coronavirus y el Hotel O’Higgins, que solía albergar a los artistas de las competencias internacional y folclórica, convertido en residencia sanitaria para contagiados de Covid-19.

Marcia Rodríguez (52) por primera vez en años no arrendó la terraza de su departamento ubicado frente al Casino Municipal, donde se celebra la tradicional gala, con una glamorosa alfombra roja. “Era impresionante la cantidad de gente que se acercaba, y no sólo vecinos, personas que venían de lejos, de otras ciudades. Este suele ser el tiempo en que todo el centro de la ciudad está convulsionado de alegría”.

El Hotel Sheraton, que concentraba la atención de los fanáticos pues hasta ahí llegaban los artistas más importantes, hoy no tiene mayor atención. Sólo la Playa Caleta Abarca muestra un paisaje más habitual para la fecha, aunque su concesionario, Ricardo Stagg, asegura que “no es tan significativo en número, porque el verano remata este año con días más grises que soleados y con marejadas que se extendieron por casi todo el mes”.

Y añade: “Ha sido muy duro, sobre todos por los fines de semana. En época de festival nos atraía público para el café, durante ocho años arrendábamos a los canales de televisión para sus programas. Era un ingreso significativo y este año ya nadie vino”, lamenta.

Todos los comerciantes concluyen lo mismo: se perdió la mejor semana económica del año. Más allá del ambiente festivo, de luces y celebraciones durante seis jornadas, el evento genera para la ciudad dos mil empleos indirectos y atrae un millón de personas extraordinarias que copaban bares, restaurantes, discotecas, hoteles y el casino. Era la única semana del año en que la reserva se encumbraba al 100. ¿Ahora? La ocupación de los hoteles bordea el 25%.

“La única fecha en que teníamos un crecimiento de ingresos que superaba el 30% era esa. El festival dejaba ingresos a la ciudad por US$ 45 millones, y si bien el estallido social torció de cierta manera la última temporada, los resultados estuvieron dentro de lo proyectado. La Pandemia nos marcará como el peor año”, expresa Rodrigo Rozas, presidente de la Cámara de Comercio de Viña.

La luminosa Avenida San Martín no se vistió de gala, ni los bares recibieron a curiosos que buscaban cazar a algún famoso. El glamour criollo que se reunía en el Casino Enjoy, en el bar “Hollywood” o en “Locos X Viña”, también se quedó sin miradas. Claudio Ferrada, dueño de los dos últimos locales asegura que a esta temporada “no le llamaría verano, porque es un desastre. Esta era la semana de agitación, habían fiestas todos los días, los canales entraban a los bares de noche buscando personalidades, es un bonito recuerdo”, relata.

Para el consejero regional Juan Arriagada, el Festival de Viña es parte de la carta de presentación en el extranjero. “A mí me han preguntado por el vino, Rapa Nui y el festival. No sólo para las visitas, para los nacidos y criados en esta ciudad se trata de un recuerdo imborrable, es cuando la ciudad monopoliza -en positivo- las portadas de periódicos, la radio y la televisión al servicio del evento, entonces Viña se transforma”.

El festival atesora momentos mágicos, pero también polémicos, desde un gran incendio que estuvo cerca de alcanzar al público de la Quinta Vergara, el terremoto del 27/F, su propio estallido social el 2020 -con la destrucción del frontis y la evacuación de todos los huéspedes del Hotel O’Higgins- y la funa al piscinazo de la reina de parte de habitantes de campamentos en la zona, que intentaron visibilizar la otra cara de Viña del Mar. “La que no aparece en el festival”, clamaban.

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