Los roles del Partido Comunista y el Partido Republicano después de las elecciones

Comunistas y republicanos comparten un destino en común. Si ganan sus respectivos candidatos están obligados a asumir una responsabilidad mayor en un futuro gabinete. El PC, por ser la tienda de Apruebo Dignidad con más tradición y con la bancada más grande del Congreso. El PLR, por ser la casa donde milita Kast. La diferencia es que los comunistas aún no deciden cómo se integrarán a una eventual administración de Boric, mientras que los republicanos no saben cuánto espacio están dispuestos a ceder a Chile Vamos.




“Un pie en la calle y otro en La Moneda”: el modelo al que aspira el PC

Nunca un militante comunista ha ejercido como titular de un ministerio político de La Moneda en los 109 años de historia de la colectividad.

Este registro histórico podría cambiar si es que Gabriel Boric gana en la elección de este domingo. En el comando del presidenciable creen que el PC debe ser parte del comité político del Mandatario con al menos un representante de sus filas.

Son el partido con más historia (fue fundado en 1912) y con mayor presencia parlamentaria (12 diputados y dos senadores), por lo tanto, en el círculo más cercano de Boric señalan que los comunistas son los únicos que tienen al menos un cupo asegurado en el “centro de gobierno” (concepto usado en la ciencia política para definir el principal grupo de decisiones de un Ejecutivo).

Personas cercanas al abanderado señalan que la carta más obvia para asumir esa responsabilidad sería Camila Vallejo (PC), dada su afinidad humana, política y generacional con Boric y en vista del rol de vocera que ha tenido en el comando.

El problema es que Vallejo no estaría completamente convencida. A ello se suma otro inconveniente: dentro del PC aún no está resuelto cómo se incorporarán a un eventual gobierno. Otras fuentes señalan que hay disposición de ser parte del principal núcleo de decisiones del Ejecutivo (rompiendo la tendencia de permanecer en roles secundarios), pero no en cualquier ministerio.

En esa línea, Desarrollo Social es la alternativa que más interesa al PC, pues tiene una faceta política (de hecho, tiene sede en el Palacio Gubernamental y ahora es parte del comité político), pero sigue siendo una cartera eminentemente social. Ello le permitiría a la colectividad mantener la dualidad de tener “un pie en la calle y otro en La Moneda”, tesis que levantaron los comunistas en el segundo gobierno de Michelle Bachelet.

Una parlamentaria comunista agrega que -a diferencia de lo que sostienen en otras fuerzas políticas, que confían en que el Congreso será el espacio de estabilidad y entendimiento-, en su partido creen que la gobernabilidad se jugará en la calle en el próximo período. En ese ámbito, explica, el PC podría hacer su principal contribución a Boric.

Otra cartera que resulta de interés para el PC es el Ministerio del Trabajo y una de las cartas que suena en el comando de Boric es la expresidenta de la CUT, Bárbara Figueroa.

En la estructura comunista, donde la toma de decisiones suele ser más lenta que en otras colectividades, integrarse al Ejecutivo con representantes tampoco es una decisión automática, a pesar de que algunos dirigentes del partido coinciden en que el actual contexto los obligaría a no quedarse en roles de segundo orden político como ha sido su participación en los tres gobiernos donde han tenido ministros (en Bachelet II, en la UP con Salvador Allende y con Gabriel González Videla).

Por ejemplo, en 2013, pese a que el PC apoyó la candidatura presidencial de Bachelet desde un principio y fue fundador de la Nueva Mayoría, recién acordó ponerse a disposición de la entonces Presidenta electa una semana después de la segunda vuelta, en un comité central realizado entre 20 y 21 de diciembre de ese año.

Entonces el PC no puso exigencias, pero priorizó su interés en carteras sociales, como los ministerios del Trabajo y de la Mujer. Al final, Bachelet nombró a Claudia Pascual en la secretaría de la Mujer. En Trabajo, en tanto, el PC accedió a la subsecretaría de Previsión Social con Marcos Barraza, quien al año siguiente se convertiría en titular de Desarrollo Social. Ellos fueron los únicos ministros comunistas que tuvo Bachelet en su mandato.

Si bien Barraza tenía su oficina en La Moneda, no era parte del comité político (el titular de esa cartera solo fue incorporado a las deliberaciones del principal núcleo del Ejecutivo en el segundo mandato de Sebastián Piñera).

Fue en esos años, en que el PC levantó la tesis de estar con “un pie en la calle y otro en La Moneda”. Y al estar en ministerios de segunda línea política les permitía tener flexibilidad para tomar distancia de decisiones que no compartían especialmente en materia económica y de seguridad y orden público.

“No fue tan fácil asumir el rol de partido de gobierno (…) No estábamos en el centro donde se tomaban las decisiones. Éramos informados en el comité político de los días lunes (en la cita entre ministros y partidos)”, admitió el presidente del PC, Guillermo Teillier, en una entrevista en marzo de 2018.

Durante el gobierno de Salvador Allende (1970-1973), tampoco encabezaron un ministerio político. En esos años, las carteras políticas eran tres: Interior, Secretaría General de Gobierno y Relaciones Exteriores, que funcionaba en La Moneda. No existía la Secretaría General de la Presidencia, que fue creada en 1990.

Si bien durante la UP, los comunistas encabezaron el Ministerio de Hacienda, entre 1970 y 1972, esa secretaría de Estado no tenía el peso político que adquirió después de 1980. Incluso, fue Ricardo Lagos, en 2000, quien incorporó a Hacienda dentro del comité político. En el gobierno de la Unidad Popular, además ejercieron las carteras de Economía, Obras Públicas, Trabajo y Justicia.

En el período e Gabriel González Videla, los comunistas solo ocuparon tres carteras: Obras Públicas, Agricultura y Tierras (hoy Bienes Nacionales), hasta que rompieron su alianza con el Mandatario.

El dilema republicano: cómo convivir en el poder con la otra derecha

Si José Antonio Kast triunfa este domingo, el Partido Republicano (PLR) lograría un récord en la historia política chilena.

Con solo dos años de existencia (fue fundado en junio de 2019), se transformaría en la colectividad más joven en llegar a La Moneda con uno de sus militantes (ese fenómeno también se produciría con Gabriel Boric, pues su partido, Convergencia Social, fue fundado en 2018).

El precedente más cercano es la DC, que nació como partido en 1957. Al año siguiente compitió por primera vez en la presidencial, con Eduardo Frei Montalva, pero finalmente lo logró en 1964, a siete años de su fundación.

Sin embargo, a diferencia de la DC de Frei Montalva -que optó por conformar un gobierno propio solo con militantes e independientes afines-, los republicanos estarán obligados a compartir el Poder Ejecutivo con otras fuerzas de derecha y centroderecha.

En el comando de Kast señalan que el candidato ya ha dado señales de que pretende conformar un gobierno de una “coalición de centroderecha”, y que un símbolo nítido de eso es que al comienzo de la campaña para el balotaje se sacó el pin de su partido que solía usar en la solapa de la chaqueta.

El 27% de votación en la primera vuelta puso a Kast en la necesidad de buscar apoyos de otros sectores que en el pasado incluso criticó. El exdiputado renunció a la UDI en 2016 esgrimiendo malas prácticas, falta de renovación y el abandono de principios e ideales del gremialismo. Luego de ello, apodos como la “derecha light” o “la derecha avergonzada” eran formas que los republicanos ocupaban para referirse a las fuerzas de Chile Vamos, hoy Chile Podemos Más (UDI, RN, Evópoli y el PRI). Era una forma de marcar diferencias y definir su propia identidad.

Verse forzados a generar alianzas, sin embargo, no es un tema cómodo para un sector influyente del partido, que siente que la candidatura de Kast fue principalmente mérito de quienes lo apoyaron desde un principio. Por lo tanto, sostienen que lo justo es que quienes se plegaron después de la primera vuelta tengan un trato distinto a la hora de conformar un gobierno, asumiendo que igualmente deberán ceder ciertas cuotas en un gabinete. Ese hecho está generando tensión, admiten en la UDI y los republicanos.

“Si gana José Antonio Kast, debe ser el gobierno de los republicanos con apoyo de Chile Podemos Más”, recalca un dirigente de la tienda del candidato, que aboga para que la opinión de su colectividad tenga cierta preferencia.

El problema es que los gestos del mismo presidenciable indican que buscará una composición más equilibrada en un eventual gabinete. Incluso, existe la posibilidad de que la UDI (donde Kast aún conserva amistades) adquiera una mayor relevancia, pues posee un elenco de militantes con más experiencia en cargos parlamentarios y de gobierno.

Un punto de tensión será la designación del eventual ministro o ministra del Interior de Kast. Será una señal sobre cuál será la fuerza hegemónica en la futura administración del exdiputado gremialista. Ello ha dado pie a un soterrado tironeo entre el Partido Republicano (que siente tener el derecho de poner a uno de los suyos en ese cargo) y la UDI (donde creen tener a figuras con mayor experiencia).

“Ella (Paula Daza) va a ser la ministra de Salud y yo voy a ser la ministra del Interior”, dijo entre bromas la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei (UDI), el pasado 6 de diciembre en un matinal de televisión.

Su incorporación al comando fue rápidamente interpretada en el oficialismo como una potencial ministra del Interior, cargo para el cual ha sonado en más de una oportunidad. Incluso en el segundo gobierno del Presidente Sebastián Piñera, ella rechazó asumir en reemplazo de Gonzalo Blumel (Evópoli).

Las señales públicas de Matthei, quien podría ser la primera mujer en asumir en Interior, al menos dan cuenta de que su disposición ha cambiado.

Otro nombre es el actual senador Claudio Alvarado (UDI) debido a su experiencia como ministro y subsecretario de la Presidencia. También fue subsecretario de Desarrollo Regional y diputado durante casi 20 años. Ello, sin embargo, no acomoda a la militancia republicana más dura.

Al ser consultado, el propio Kast ha sido cauteloso. El 7 de diciembre, ante la pregunta de si Matthei podría ser su jefa de gabinete, respondió: “Lo que tenemos que ver es quiénes son las mejores personas para cada cargo y eso lo vamos a ver después del 19″.

Desde las filas del Partido Republicano, la principal carta para Interior es el exdiputado Arturo Squella, quien tiene la experiencia de haber ejercido ocho años como diputado. También se le nombra como carta para la Segpres.

En la colectividad señalan que cuenta con conexiones tanto en Chile Podemos Más, con ascendencia en el Partido Republicano y tiene buena relación con otros sectores, lo que le daría un plus para su rol como jefe político del gabinete.

Sin embargo, a pesar de ser uno de los principales ministeriables del PLR para el comité político, Squella es uno de los que apoyan la idea de conformar una base más amplia. “Lo primero era sumar a todos los partidos de Chile Vamos. Ahora, hay que salir a construir una gran mayoría invitando a las bases de la DC”, dijo a La Tercera el 26 de noviembre.

Además, en una entrevista en Ex-Ante, Squella dijo que sería “un lujo” contar con Matthei en un gabinete.

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