Científicos USS constatan presencia de microplásticos en peces y mariscos en costas chilenas

Ilustración: Valentina Marmie, Laboratorio de Contenidos de La Tercera.

Karla Pozo, investigadora de la Facultad de Ingeniería y Tecnología de la Universidad San Sebastián, ha analizado por 10 años las bahías cercanas a la costa en la región del Biobío para evaluar la presencia de micropartículas, tanto en animales como en el océano. Los resultados indican un escenario preocupante frente a la contaminación que existe en ambientes marinos, sumándose a una serie de investigaciones mundiales que buscan conocer el real estado del problema presente en las costas del planeta.




Ha sido una postal a la que lamentablemente nos hemos acostumbrado. La basura flotando en playas, lagos y ríos, o grandes residuos cercanos a las costas, se han vuelto un problema real, acrecentando aún más la contaminación plástica en ambientes marinos. Pero hay desperdicios que son invisibles al ojo humano y que su tamaño lo hace accesible a distintos tipos de organismos que forman parte de la cadena trófica.

Chile, al tener un aproximado 4.500 kilómetros de costa, hace que la contaminación en ambientes marinos sea un problema que se debe enfrentar. Con esa misión, la investigadora de la Facultad de Ingeniería y Tecnología (FIT) de la Universidad San Sebastián (USS), Karla Pozo, se ha dedicado la última década a entender y conocer el impacto de la situación.

La bióloga marina, especialista en contaminación oceánica y atmosférica, en 2013 comenzó a especializarse en el tema, tras ser parte de un proyecto FONDECYT adjudicado por la FIT para medir sustancias químicas en las matrices ambientales en las bahías de la región del Biobío.

Pozo y el equipo de investigadores del FIT fueron parte de un hallazgo particular: la presencia de “retardantes de llama” en las muestras de sedimentos en la bahía; es decir, sustancias químicas que se aplican a madera, plásticos y otros tipos de repelentes dentro de los autos; elementos que tras el tsunami del 2010 se convirtieron en la principal fuente de concentración de contaminante en la zona. Tras el primer estudio, decidieron profundizar el análisis del agua, encontrando partículas de microplásticos, cambiando el giro de la investigación.

La investigación de la USS advierte sobre la presencia de plástico en los mares del país.

Plástico en el mar

El polímero sintético tiene una durabilidad y tiempo de vida muy largo, como se ha acostumbrado a notar cuando se encuentran botellas o recipientes de décadas pasadas, intactos al paso del tiempo. Para que desaparezcan, se necesitan cientos de años para la degradación de distintos tipos de polímeros de plástico. Por lo tanto, cuando se encuentran en el mar, algunos de ellos se precipitan y terminan en los fondos marinos, en lugares no visibles, pero presentes. Otros, producto de su densidad, terminan flotando en el mar, viajando largas distancias.

En otros casos, los fragmentos terminan en pequeños trozos que, por las dimensiones que tienen, son considerados microplásticos, al ser inferiores a un milímetro de dimensión. Así, el segundo proyecto FONDECYT del que fue parte Pozo continuó la investigación asociada a la presencia de microplásticos como vector de sustancias químicas hacia la cadena trófica.

La investigadora USS dice que “queríamos saber si efectivamente había microplástico en la columna de agua, siendo alimento para el fitoplancton que se generaba en la bahía y, por ende, alimentar a estos pequeños seres, que luego son comidos por peces más grandes”.

Karla Pozo, investigadora de la Facultad de Ingeniería y Tecnología (FIT) de la Universidad San Sebastián (USS),

Jureles y pejerreyes

Con ese objetivo, Pozo y su equipo hicieron análisis de distintos tipos de organismos, entre ellos bivalvos, crustáceos y peces, siendo estos últimos de importancia comercial. Realizaron su estudio en el contenido estomacal de animales marinos (como pejerreyes o jureles), encontrando un número de partículas importante en algunas especies, muchas de ellas presentes en el océano abierto y otras cercanas a la costa.

Cardumen de jureles en la corriente chilena de Humboldt.

Mientras que el jurel, que comúnmente se pesca en alta mar, presentaba un número no elevado de fragmentos de microplásticos por contenido estomacal, en el caso de los pejerreyes causaba preocupación. La muestra, obtenida en la desembocadura del río Biobío, era la que tenía mayor concentración de microplásticos. Encontraron hasta ocho fragmentos de plástico, un valor calificado como “extraño”, lo que llevó al equipo de científicos a revisar investigaciones de otros sitios del planeta con presencia de un elevado número de partículas de plástico en zonas que están cerca a grandes ciudades.

La razón de que los peces ingieran estas micropartículas sería por los residuos líquidos que terminan en el mar, específicamente microfibras de plástico, que se están liberando constantemente en actos comunes como el uso de las lavadoras, que provoca que se liberen estas partículas al ambiente.

Ejemplar de pejerrey chileno.

Karla Pozo explica que hay que prestar atención a los distintos tipos de fibras de colores, ya que su color es importante al momento de hablar de comida para los animales marinos. Explica que algunos peces se alimentan de larvas de colores específicos y que, al existir fibras esparcidas en el océano, se mimetizan, siendo imposible para el animal distinguir si es distinto a su comida.

Coordinación internacional

Al presentar los resultados, los investigadores de diversas instituciones se acercaron a compartir sus trabajos de microfibras presentes en el ambiente. Universidades y centros de investigaciones de Portugal, Marruecos o España detectaron presencia de estas sustancias en bivalvos, heces humanas, e incluso en Alemania encontraron que la cerveza estaba conteniendo dosis de microfibras y microplásticos. Delante de la evidencia de la presencia de estos fragmentos, buscaron determinar si existe un riesgo para los humanos.

Ante ello, la bióloga marina explica: “El microplástico hace todo un viaje desde el ambiente, la alimentación humana y después se elimina a través de las heces. Aún no hay información que indique que -producto de su presencia- se desencadene alguna enfermedad directa en los humanos”.

Durante 2021, la Comunidad Europea hizo un llamado especial a los centros de investigaciones para revisar el efecto de micro y nano plásticos en seres humanos, adjudicando dos proyectos en centros de España y Holanda, siendo este último donde Karla Pozo participa como investigadora asociada a la Universidad de Masaryk (República Checa).

La presencia generalizada de plástico en la fauna marina constituye un gran problema mundial que precisa acciones urgentes. Instituciones internacionales como las Naciones Unidas han proporcionado herramientas para investigar e identificar los microplásticos presentes en países pertenecientes a APEC, al tener economías ligadas a sus bordes costeros. El tema ha sido también discutido en eventos de relevancia, como la última edición de la COP26.

Sin embargo, la investigadora considera que la principal razón de la contaminación radica en los seres humanos, siendo el cambio de hábitos de reciclaje la tuerca que cambie el panorama actual. “Creo que todos tenemos que poner de nuestra parte para poder evitar lo que está sucediendo”, insiste.

La estrategia chilena

A nivel país, pensando que la industria pesquera exporta bivalvos o moluscos que podrían contener microplásticos, Pozo argumenta que es una discusión que debe existir a nivel gubernamental, acompañada de un debate en torno a mejorar el tratamiento de aguas, las normas de calidad y realizar un tratamiento del elemento vital más específico, para así evitar que la economía y los productos que provienen de ahí no se vean afectados en el futuro. Todo ello, asociado a una educación ambiental y social de la gente.

La docente de la USS asegura que Chile ha tomado cartas en el asunto, al estudiar este flagelo a través de convenios nacionales e internacionales, y así aprender más de la temática. En agosto de 2021, el Ministerio de Medio Ambiente lanzó la “Estrategia Nacional Para La Gestión De Residuos Marinos Y Microplásticos”, para así regular la cantidad de residuos líquidos e identificar cuáles son las principales fuentes de basura que está llegando al mar. Un camino para que la presencia de microplásticos en peces y mariscos de las costas chilenas se reduzca y no genere consecuencias en la alimentación de toda la cadena trófica y a los humanos.

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