Circo Timoteo: la carpa preferida de los adultos resiste en pandemia

52 años de humor y visibilización del arte del transformismo quedaron paralizados a mediados de marzo, cuando este emblemático circo no pudo seguir con sus funciones en un pequeño pueblo cordillerano de la región de O’Higgins, por culpa del coronavirus. En Coltauco, precisamente, debieron quedarse para prevenir un contagio. Desde allí, sus integrantes repasan su historia, en la que por primera vez no podrán celebrar el día que reconoce su oficio.




“El escenario es lo máximo. Para un artista funciona como la comida: la guata te indica cuando lo necesitas”, dice la Negra Lay, una de las integrantes históricas del circo Timoteo, y quien ha dado vida por décadas a la popular “Loca de la cartera”.

Ella tiene 60 años, pero dice que se siente como de 40. Lleva más de tres décadas esperando con impaciencia, cada fin de semana, la hora de la función para ir en busca de sus plumas, la peluca de turno y elegir el maquillaje con el que aparecerá en escena. En todos estos años, su voz suave contrasta con su tosco cuerpo. Pero su figura nunca ha sido un problema a la hora de ir en busca de las carcajadas. Para ella, “hacer reír en el escenario es la costumbre de una, lo necesito”.

La Negra sabe que al pertenecer a las filas del Timoteo, tiene una responsabilidad. A diferencia de otras carpas, acá no priman los animales, las acrobacias peligrosas o los payasos tradicionales. En las noches, es el arte del transformismo el que toma la batuta. Con vedettes preparadas con sus plumas de colores, mallas ajustadas, vestidos cortos de lentejuelas, pestañas postizas, mucho lápiz labial y tacones, salen a buscar carcajadas, siempre jugando con chistes de doble sentido e improvisaciones que buscan provocar a la audiencia.

Hoy, los sketches con los que las artistas sacaban risas para el deleite del público, se han visto impedidos por la contingencia desde hace casi seis meses. El elenco espera impaciente la vuelta a los escenarios en un pueblo cordillerano perdido en la región de O’Higgins. Es en Coltauco, donde parte del circo decidió quedarse para prevenir contagios por Covid 19.

Pero el tiempo sirve. A los integrantes del Timoteo, por ejemplo, para recordar su historia, relatando los momentos que han convertido su carpa en una de las más recordadas por el público. Han pasado 52 años desde su fundación y el Circo Timoteo, dentro de la historia circense de Chile, destaca no sólo por su antigüedad, sino también por lo rupturista que fue al diferenciarse de sus pares. Juvenal “Rubio” Sánchez (60), animador oficial y director artístico del circo, sabe que el estandarte del Timoteo es llevar siempre “la picardía por delante, sin llegar a ser chabacano”.

Los primeros años

Antes de la consagración, el Timoteo se llamaba Blue Star, “porque en inglés todo suena mejor”, explica Sánchez. Comenzaron a presentarse con un trapecista, músicos y un par de humoristas. Se movían con una carpa rota, parchada, roñosa y antigua, que levantaban entre terrenos fangosos o quebradas peligrosas en los cerros de cada pueblo que iban. Apelaban al público que llegaba a buscar un poco de diversión tras agotadoras jornadas de trabajo.

Fue en 1968, cuando el cómico René Valdéz, alias “Timoteo”, artista radial de Rancagua, formó una alianza con el empresario Darío Zúñiga. Curiosos por los circos que llegaban a la ciudad, ambos decidieron embarcarse en su propia carpa.

El circo Timoteo garantiza chistes de doble sentido y picardía.

Pasaron varios años antes de que el circo decidiera dedicarse por completo al transformismo. El espectáculo con el que el Timoteo es recordado, nace de salvar un imprevisto de último minuto. Fue en una función, ante la necesidad de reemplazar a una bailarina, que Valdéz le pidió a uno de los payasos que se vistiera de mujer, usando plumas y un vestido, para salir al espectáculo.

“Como el payaso no era tan feito, pasó inadvertido. Luego, otro payaso más feo, también se vistió de mujer, y ahí quedó la tendalada. Fueron los primeros shows de transformistas” recuerda Juvenal.

Sánchez nació cuando el circo aún se llamaba Blue Star. Desde pequeño, él ha visto en primera fila cómo el humor, la cortesía con el público y la simpatía siguieron atrayendo a más interesados en un acto vanguardista, que presenta cuerpos robustos, pelucas naturales, o vestidos cortos que provocan carcajadas al unísono por la dualidad de atuendos femeninos y exagerados. Para él, Timoteo es como su padre, las artistas son sus compañeras de ruta, con quienes ha compartido cuanto viaje ha salido. Usando todo medio de transporte: desde aviones hasta yuntas de bueyes, para recorrer y llevar el espectáculo a cada pueblo desde Arica a Puerto Natales.

Por la carpa del Timoteo han pasado ilustres personajes. Desde cantantes de la Nueva Ola como la candidata al Premio Nacional de Artes Musicales Cecilia o Marisa, humoristas como el boliviano Sandy, hasta personajes de televisión como la vedette Maggie Lay o el ex comentarista y maquillador Gonzalo Cáceres. Pero, quienes han ido a ver algún espectáculo, tienen claro que son otras quienes se roban la atención en el llamado “gran circo regalón de los adultos”.

Gonzalo Cáceres en una de las giras del circo Timoteo por diversas ciudades de Chile.

Los platos fuertes del Timoteo

Arturo Pérez, antes de portar el apodo de la Negra Lay y realizar el show de la Loca de la Cartera, dice que tuvo la suerte de salir a trabajar como malabarista y traga fuego por Europa a mediados de los ’70s. Pero, tras su regreso a Chile, cuando se enteró por otras amigas que el circo Timoteo estaba incursionando en el arte del transformismo, no lo pensó dos veces.

La Negra, cuando tenía 31 años, inventó el personaje que se convirtió en uno de los espectáculos fuertes del circo. Recuerda que tenía el impulso de vestirse como mujer, y en una función, decidió hacerse pasar como un empleado que recorría las galerías.

La Loca de la Cartera es uno de los espectáculos ícono del Timoteo. Créditos: Nicolás Morales.

“Salgo al show y la gente me tira un agarrón. Yo, para defenderme, le pegué con la cartera”, recuerda quien personifica a la Loca de la Cartera. El boca a boca provocó que su caracterización se hiciera conocida. No hay función en que la Loca no pegue un carterazo, o se caiga encima de un espectador.

“Cuando gente nueva ve que el espectáculo es así, quedan fascinados”, dice la Negra Lay. Y agrega: “teníamos la carpa toda rota y llena de hoyos, pero la gente nos iba a ver porque el espectáculo era elegante, bonito, todos bien vestidos, limpiecitos. Hasta el día de hoy, donde estamos parados, piden a la Loca. Así te dan más ganas de trabajar”.

Alejandro Pavéz (63) también ostenta el título de sketch icónico del Timoteo. En escena es conocido como Alexandra Yanmary, la encargada de realizar el show del destape, donde luego de un par de chistes, al ritmo de una canción comienza a desvestirse, hasta mostrar a la persona detrás del maquillaje. En su caso, la primera vez que vio al circo Timoteo fue cuando lo invitaron a un “espectáculo de colitas”, instalado en el paradero 1 de Gran Avenida. Todos le dijeron que era “para cagarse de la risa”, pese a que se veía pobre.

A Pavéz le llamó la atención, pero nunca pensó que él mismo se iba a transformar en uno de los shows más icónicos de la carpa.

En ese momento, Alejandro trabajaba en una caja de compensación como empleado administrativo y, cuando cerraron su sucursal, se le vino el mundo abajo. Ser homosexual y buscar trabajo en los años 80 no era sencillo. Con el estigma del sida rondando, durante dos años buscó alguna oportunidad laboral sin éxito, siendo discriminado constantemente.

No fue hasta que Paloma, amiga e integrante del Timoteo, lo invitó a presentarse. “Nunca me había vestido de mujer. Lo pensé y decidí aceptar porque no tenía otra cosa que hacer, no tenía absolutamente nada”. En su primer show, le prestaron todo: los vestidos, los tacones número 40, la peluca. Le borraron las cejas, pintaron sus labios con un labial rojo y salió a escena improvisando algún chiste.

Esa ocasión, al verse al espejo convertida en Alexandra, tuvo sentimientos encontrados. Su cuerpo lleno de brillos, perfumada con olores frutales, y usando tacones por primera vez, con la incomodidad que conlleva, era algo con lo que había soñado de pequeña, pero que al alero de una familia clase media y con un padre carabinero, resultaba imposible. Con su show debutó en Pudahuel y se quedó trabajando hasta ahora en la carpa del Timoteo.

El show del destape, explican, no busca generar rechazo, sino conocer al hombre detrás del maquillaje. Con la canción “Soy lo que soy” de Sandra Mihanovich, Alexandra de a poco comienza a desvestirse y a tirar sus prendas por el escenario.

Para mí y para ellos

Tenemos una sola vida

Sin retorno

Por qué no vivir

Como de verdad somos

¡Paren de censurar!

Hoy quiero gritar:

Yo soy lo que soy

“Todos se acuerdan de mí, el transformista de un circo que se dio a conocer con su destape. Ese es el legado que voy a dejar acá”, explica.

El show del destape fue creado por la transformista Alexandra Yanmary. Créditos: Nicolás Morales.

Alexandra y la Negra Lay reconocen que la tolerancia a lo que hacen ha crecido, y que el respeto por el transformismo ya es un hecho, logrando soportar descalificaciones o burlas en tiempos más complejos. Juvenal Sanchez cree que nunca pasó algo grave “porque siempre fuimos del agrado del público”. “Cuando venía la fuerza pública a parar la función, eran los mismos espectadores quienes protegían a las artistas para que no fueran detenidas”, recuerda.

Los años han pasado y quienes siguen en el Timoteo ven como nuevas generaciones buscan emular el trabajo que realizan. El elenco tiene claro que son los pioneros en el tema. “Nosotros somos la catedral, el resto son todas capillas”.

El circo ante la pandemia

La última temporada del Circo Timoteo partió en septiembre del año pasado, en Cerrillos. Con un elenco estable de 18 artistas, el estallido social les impidió continuar con sus presentaciones en Santiago. Entre todos, decidieron tomar los carros rodantes para probar suerte en caravana hacia el sur. Doñihue, Las Cabras, Peralillo, Pichilemu y Nancagua recibieron a los artistas los primeros meses del 2020.

Para la segunda semana de marzo, antes de que se decretara la emergencia sanitaria, la caravana del Timoteo llegó a Coltauco, un pequeño pueblo a 38 kilómetros al sur de Rancagua. Allí, alcanzaron a trabajar 3 días, hasta que el 16 de marzo, funcionarios de la PDI les advirtieron que no podían recibir gente.

La noticia del virus paralizó el espectáculo por primera vez en su historia un tiempo mayor a un mes, ya que acostumbraban a descansar solo en las vacaciones de invierno. Hoy, el circo lleva 180 días sin funcionar.

Mientras que parte del elenco alcanzó a escapar a sus casas, cuatro integrantes, entre ellos Timoteo, Juvenal, la Negra y Alexandra, decidieron quedarse en el pueblo, para cuidar las pertenencias hasta nuevo aviso.

Juvenal Sánchez, quien también oficia como presidente del sindicato circense de Chile, asegura que la pandemia es lo más grave por lo que ha pasado el circo en Chile en más de 200 años. “Hemos sobrepasado terremotos, nevazones, golpes de estado, pero nunca habíamos estado tanto tiempo sin trabajar”.

Si bien la crisis ha sido compleja, los artistas se han reinventado saliendo a vender cabritas, manzanas confitadas o algodones en las camionetas con las que antes acostumbraban a anunciar el horario de los shows a través de megáfonos y altoparlantes. Incluso, el dueño del terreno donde quedaron los camiones del circo les ofreció trabajo, logrando paliar con otros oficios la compleja situación que vive el mundo artístico.

Junto con la tristeza de no recibir el aplauso del público, el 2020 será también la primera vez que no puedan conmemorar presencialmente “el Día Nacional del Circo Chileno”, fechado para el primer día sábado de septiembre de cada año. El Timoteo no se podrá reunir junto a sus pares en una colorida caravana que acostumbraba a avanzar a lo largo de la Alameda, mientras iban sorprendiendo a niños y adultos que se asomaban por las calles de Santiago.

El circo Timoteo no tiene presentaciones desde el 15 de marzo, producto de la crisis sanitaria.

En estos meses, entre los que se mantienen en Coltauco han podido cuidarse, aferrándose a sus creencias y antiguas historias bajo los focos. Pese a que han recibido ofertas de amigos y familiares para traerlos de regreso desde Coltauco, los integrantes aseguran que en las carpas no les falta nada, y que estarán esperando al lado de la carpa sin armar hasta que las condiciones permitan subirse al escenario.

Por su parte, Alexandra, quien también ejerce como productora dentro del Timoteo, ya tiene entendido que, de llegar a trabajar, los circos y otros espectáculos culturales abrirán en la cuarta etapa del plan paso a paso, con un máximo de 50 espectadores.

Pese a los problemas, el ánimo no decae. Juvenal, con los ahorros que han podido juntar vendiendo confites, ya ha comprado útiles necesarios como alcohol gel. También están adaptando los baños para recibir de vuelta al público. La Negra Lay menciona que ya tienen visto el vestuario y el maquillaje con el que saldrán en la primera función cuando las autoridades sanitarias les permitan trabajar. Al mismo tiempo, están en contacto con compañeros del gremio para celebrar vía web un nuevo aniversario del espectáculo artístico itinerante.

Mientras tanto, el Circo Timoteo se niega a morir. Antes que la débil señal corte la llamada, Juvenal Sanchez afirma: “Hay que sobrevivir como sea. Somos parte de las raíces de Chile. Para esta cuestión hay que tener paciencia y esperar.

Hoy el sitio Ondamedia, del Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio tiene a disposición el documental del circo Timoteo, bajo la dirección de Lorena Giachino.

Circo Alondra: el más antiguo de Chile descansa a la espera del virus

Otro de los circos que tendrá que celebrar por internet es el Circo Alondra, el espectáculo circense vigente más antiguo de Chile. Fundado en la primavera de 1935 en un pequeño pueblo ferroviario en el corazón de La Araucanía, desde esa fecha hasta la actualidad ha sido protegido por la familia Inostroza.

“Mi abuelo, Pedro Inostroza, al ver la necesidad de risas en los campos, empezó a contratar músicos, para llevarlos a los fundos o bodegas de ferrocarriles” cuenta Juan Carlos Inostroza, perteneciente a la cuarta generación de la familia Inostroza del Circo Alondra, y protector de la historia familiar. Juan Carlos da realce al nombre elegido para la empresa. “Fue un trabajador ferroviario quien le contó que las Alondras son pájaros asociados al buen tiempo y porvenir”, expresa, agregando que el “boche” que estas aves hacían anteceden alegría.

Ya son cuatro generaciones de la familia Inostroza que han dado vida a la función circense.

Así fue como el Alondra recorrió cada pueblo que encontraban, llevando risas y magia a la población rural, no acostumbrada a la visita de espectáculos culturales. En los últimos años, el circo sigue vivo en la tradición familiar de los Inostroza, traspasando el conocimiento circense de generación en generación. Para ellos, el circo es una verdadera escuela, que ahora va por su quinta generación de trapecistas, comediantes, bailarines o músicos dedicados a las culturas y las artes.

Al igual que sus pares, el coronavirus los llevó a bajar el telón. Sin embargo, son pacientes. Eduardo, el padre de Juan Carlos, más conocido como el payaso Cascarita, hace un par de días cumplió 81 años, y junto a su hermano Pedro (79), el payaso Cuchito, pasan los días en un campo cercano a Collipulli, cuidándose del virus a la espera de una cura que les permita buscar la nariz roja y los viejos chistes.

“Ya podremos abrir las carpas y poder llevar alegría a la gente, que es lo que sabemos hacer”, cierra Cascarita.

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