LT Board

Aumento de la obesidad en Chile: cómo torcerle la mano a un sistema que nos hace engordar

El 31% de los adultos chilenos ya es obeso y la proyección llega al 48% en 2040. Los especialistas advierten que el problema excede la voluntad individual, y que debe mirarse como una patología crónica que no se cura únicamente con dietas express, Ozempic o consejos de influencers. Lo que sí hacen falta, coinciden los entrevistados, son urgentes cambios culturales y estructurales, tanto a nivel personal como social, para su control.

Los efectos negativos de la obesidad son ampliamente conocidos. Ya existe conciencia en la población de que va más allá de ser un problema estético. En los últimos años, los medios de comunicación han consultado de manera exhaustiva a especialistas que señalan, una y otra vez, la gravedad de esta enfermedad y los posibles tratamientos.

Sin embargo, pareciera que todas estas consideraciones se quedan sólo en el discurso. Año tras año, las cifras de la obesidad siguen subiendo en Chile como la espuma de un gran vaso de bebida cola con azúcar.

En el país su prevalencia es alta. Según el informe “Health at a Glance 2025” de la OCDE, aproximadamente el 31% de los adultos chilenos padece obesidad, una cifra muy superior al promedio de esta organización internacional, que equivale al 19%.

“El 48% de la población del país podría ser obesa en 2040 según proyecciones de la OCDE”, dice Matías Monsalves, doctor en Nutrición e investigador del Instituto Ciencias del Ejercicio de la Rehabilitación de la Universidad Andrés Bello (UNAB).

“Una estimación realizada por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos calcula que la obesidad se asocia con más de 200 enfermedades, como la diabetes, la hipertensión, la enfermedad hepática metabólica y varios tipos de cáncer”, agrega la doctora Camila Hernández, especialista en nutrición clínica y diabetología, miembro de la Sociedad Chilena de Diabetología (Sochidiab) y jefa de la Unidad de Nutrición y Diabetes del Hospital Clínico Doctora Eloísa Díaz de La Florida.

“A nivel mundial, se proyecta que para el 2050, una de cada nueve personas tendrá diabetes", visibiliza la nutrióloga y diabetóloga Camila Hernández, miembro de la Sociedad Chilena de Diabetología.

Esto es debido a que el exceso de grasa a nivel central, abdominal y dentro de diversos tejidos, como el hígado y el músculo, altera la capacidad del cuerpo de manejar la glicemia, el nivel de azúcar en la sangre.

La pandemia, por cierto, tuvo un impacto considerable en las tasas de obesidad nacionales, contribuyendo a aumentar la proporción de personas que presentaron diabetes.

“A nivel mundial, se proyecta que para el 2050, una de cada nueve personas tendrá diabetes. Actualmente, la cifra es cercana al 11% de la población y también hay personas que no saben que la tienen”, apunta la doctora Hernández.

Un ambiente ”obesogénico”

Pero ¿qué explica que las tasas de obesidad se empinen cada vez más? La respuesta no es sencilla. “Las causas de la obesidad son multifactoriales e incluyen factores genéticos, ambientales y psicológicos”, afirma el académico UNAB Matías Monsalves.

En primer lugar, las costumbres se heredan. “Muchos de los hábitos provienen del hogar: la mala relación temprana con la alimentación, los premios con comida y la poca educación alimentaria”, explica.

La nutrióloga y diabetóloga Camila Hernández, quien también es miembro de la Unidad de Nutrición y Diabetes de la Clínica Universidad de Los Andes, describe el entorno que propicia este aumento, conocido como “ambiente obesogénico”: “Se da por la presencia de alimentos de alta densidad calórica y de fácil disposición, cuando tenemos poco acceso a la actividad física por limitaciones de sueño, de tiempo y de recursos, y además presentamos un sedentarismo mucho más marcado”.

“Tenemos mucho más acceso a pantallas, mucha más televisión, más teléfonos celulares, y eso también dificulta la realización de ejercicio”, explica la especialista. A eso se suma la privación de sueño, que regula hormonas del hambre y la saciedad, y la predisposición genética, que en el entorno recién descrito se activa con mayor fuerza.

Además, el problema también tiene una dimensión estructural. “En Chile se trabaja muchas horas, con jornadas extensas y altos niveles de cansancio, lo que deja poco tiempo y energía para destinar al ejercicio físico. No se trata sólo de voluntad individual”, comenta Cristóbal Toledo, psicólogo deportivo de Sportlife.

Sería ingenuo pensar que, dados los factores que inciden en esta realidad, el aumento de la obesidad ocurriera sólo en Chile. Es una tendencia global y preocupante.

Según el Atlas Mundial de la Obesidad 2025, la proyección de adultos obesos aumentará en más del 115% entre 2010 y 2030, de 524 millones a 1.130 millones. Los datos son alarmantes si consideramos que es la puerta de entrada a múltiples enfermedades.

A pesar de que históricamente había sido considerada un problema estético, no hay que olvidar lo más importante: la obesidad es una patología en sí misma.

"La obesidad va a regresar constantemente si es que no se mantiene un cierto estilo de vida", advierte la doctora Camila Hernández.

“Es una enfermedad crónica que no depende de una sola intervención, ni de un solo cambio, ni de una sola dieta, ni de un solo medicamento”, comenta la doctora Camila Hernández. “Y, al ser crónica, va a regresar constantemente si es que no se mantiene un cierto estilo de vida, con cierto estilo de alimentación, con actividad física, y con o sin el apoyo de medicamentos que pueden ser totalmente válidos”, añade.

¿El Ozempic es recomendado?

La especialista señala que el uso de medicamentos para la obesidad puede ser necesario y funciona del mismo modo que los que combaten otras enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión.

“Son otras dos condiciones muy conocidas, también crónicas y que sabemos que, si suspendemos sus tratamientos, van a volver a aparecer”, dice la doctora Hernández.

Sin embargo, el medicamento considerado hoy más efectivo para tratar la obesidad no ha estado exento de controversia. La semaglutida, que irrumpió en el mercado con el nombre de Ozempic, es un medicamento que imita la hormona natural GLP-1 para controlar el azúcar en sangre y reducir el apetito.

"Sin duda, los análogos de GLP-1 han aparecido como una herramienta importante desde el punto de vista farmacológico para el control de la obesidad y sus comorbilidades”, dice el académico UNAB Matías Monsalves.

Originalmente desarrollada para la diabetes, en sus ensayos clínicos se descubrió que era muy eficaz para la pérdida de peso, lo que condujo a su mediatización y posterior popularidad.

Matías Monsalves, de la Universidad Andrés Bello lo confirma: “Sin duda, los análogos de GLP-1 han aparecido como una herramienta importante desde el punto de vista farmacológico para el control de la obesidad y sus comorbilidades”.

“El uso de este tipo de medicamentos por parte de figuras públicas hizo que se volviera más popular y de mayor acceso para las personas. Esto generó, efectivamente, mucha automedicación”, relata la doctora Hernández, señalando las consecuencias negativas de esta práctica, que se producen no tanto por la acción propia del medicamento sino por el “lado b” de bajar de peso tan rápido: pancreatitis, trastornos gastrointestinales, consultas a urgencias y reportes de complicaciones visuales entre algunas personas que tomaban semaglutida sin supervisión médica.

“Presentan efectos secundarios como malestares gastrointestinales, náuseas y pérdida de tejido muscular, por lo que el acompañamiento de estos medicamentos, junto a un adecuado soporte nutricional y ejercicio físico de fuerza, puede ayudar a minimizar estas pérdidas”, complementa Matías Monsalves, académico UNAB.

El psicólogo deportivo Cristóbal Toledo pone el asunto en perspectiva: “Es importante señalar que ningún medicamento va a reemplazar al ejercicio físico. La actividad física sigue siendo, en términos preventivos y terapéuticos, la mejor ‘píldora’ que una persona puede tomar”.

“No sólo tiene beneficios sobre la salud física, como el control del peso, la regulación metabólica o la prevención de enfermedades crónicas, sino también sobre la salud mental, el desarrollo psicosocial y el rendimiento cognitivo”, continúa.

La fórmula perfecta no existe

La doctora Camila Hernández señala que el problema no es el medicamento en sí, sino que se promueva como una solución rápida y definitiva:

“Hay mucha sensación de estar buscando el método perfecto para lograr curar la obesidad y lamentablemente eso, a la fecha, todavía no existe. Ni siquiera la cirugía bariátrica, donde vemos que la gente vuelve a recuperar el peso perdido porque no hay terapias que sean curativas para la enfermedad”, comenta.

Además, en paralelo al auge de los fármacos y las redes sociales, han producido una avalancha de soluciones milagrosas promovidas por influencers, celebridades y coaches sin formación certificada: ayunos extremos, activación de las mitocondrias o bebidas que prometen resetear la relación del cerebro con la comida.

“En esto hay que ser claro, el seguir consejos nutricionales por redes sociales por personas no profesionales del área, como nutricionistas y nutriólogos es peligroso” subraya categórico Matías Monsalves, doctor en Nutrición UNAB.

“Dichas personas venden un producto; la mayoría tiene un elemento común: reducir la cantidad de calorías ingeridas durante el día lo que controla efectivamente la pérdida de grasa corporal”, explica Matías Monsalves.

“Sin embargo, una restricción calórica mal realizada podría llevar a problemas importantes de salud, al eliminar nutrientes críticos para la salud como vitaminas y minerales”, agrega.

Para hacerlo, el llamado es a consultar expertos como nutricionistas y nutriólogos. “La obesidad, al ser una enfermedad, requiere un apoyo y una asesoría por parte de profesionales de la salud que tengan conocimiento, estudios y experiencia en esto”, dice la doctora Hernández.

“Entonces, así como yo buscaría un tratamiento súper profesional para el cáncer, para la diabetes o la hipertensión, la obesidad no debería ser diferente”, sentencia.

¿Dieta restrictiva o alimentación saludable? El enfoque que sí funciona

Una de las quejas más frecuentes en redes sociales es que el enfoque tradicional de la nutrición para bajar de peso es excesivamente restrictivo y difícil de sostener. Sin embargo, La doctora Hernández afirma que el modelo de “dieta” como privación tiene los días contados.

“Hacer una dieta es un concepto bastante antiguo. Nosotros hablamos de una alimentación saludable alta en proteínas; ese es el modelo que más recomendamos en personas que quieren perder peso”.

Camila Hernández explica que comer poco sólo genera ansiedad y estrés por cumplir con ese objetivo. “La gente pasa hambre, y eso obviamente después va a promover una conducta de compensación y luego querer seguir buscando alimentos que logren controlar esa sensación”, aclara.

Las dietas estrictas para bajar de peso "tienen sus días contados", dice la doctora Camila Hernández. Alamy Stock Photo

“Por otro lado, el organismo también se acostumbra a que si como poco, ahorro más. Entonces, las dietas muy restrictivas podrían hacernos perder peso por un periodo breve, pero el cuerpo se adapta a ellas”.

La restricción alimentaria se reconoce como “estoy pasando hambre” y, por lo tanto, en vez de gastar energía, el cuerpo la “ahorra” porque no sabe si mañana va a poder volver a comer más.

Pero la fórmula no está completa sin actividad física. Sin embargo, sólo hacer deporte tampoco es del todo efectivo. “Desde el punto de vista energético, el ejercicio por sí solo es una mala estrategia para perder peso porque hay que hacer mucho para quemar más energía”, sentencia Matías Monsalves.

“Pero la práctica regular, incluso una sola sesión, puede regular procesos metabólicos y cardiovasculares importantes, como la mejora de la presión arterial y el manejo de la glucosa”.

El movimiento es esencial

Las opiniones expertas confluyen: no hay una fórmula “mágica” ni “express” para bajar de peso. La obesidad es una enfermedad crónica, multifactorial, que se manifiesta recurrentemente si no existen hábitos de alimentación y actividad física.

Los medicamentos, si bien son una herramienta importante, deben administrarse bajo supervisión médica y no reemplazan el cambio de hábitos. Las dietas virales y las recomendaciones de influencers o celebridades pueden ser directamente peligrosas.

Si bien en Chile ha habido esfuerzos por contrarrestar el avance de la obesidad, como la Ley de Etiquetado y la Ley N.º 21.778, que hace obligatorios un mínimo de 60 minutos de actividad física o juegos activos cada día escolar, el problema excede estas medidas. El combate de la obesidad requiere cambios estructurales y culturales importantes.

“El movimiento forma parte de nuestra naturaleza como especie. Durante la mayor parte de la evolución humana, fuimos físicamente activos. La sociedad actual tiende a restringir el movimiento y promover el sedentarismo”, explica Cristóbal Toledo, de Sportlife.

“En ese sentido, todo lo que nos lleve a movernos más y practicar actividad física y deporte no solo mejora indicadores biomédicos, sino que también nos reconecta con una dimensión esencial de nuestro desarrollo humano”, concluye.

Más sobre:LT BoardSalud Boardobesidadbranded-ltboard
Imagen boletín

Suscríbete a nuestro newsletter semanal, con los temas que marcan la pauta del país

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Imagen boletín

Suscríbete a nuestro newsletter semanal, con los temas que marcan la pauta del país

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE

LO MÁS LEÍDO