Por Carolina MelcherAriana Grande, la extrema delgadez y el “no se habla de cuerpos ajenos”
A propósito de los comentarios sobre la apariencia de Ariana Grande, la discusión vuelve a poner sobre la mesa los límites entre respetar los cuerpos ajenos y cuestionar los ideales de belleza que los rodean.

Durante las últimas semanas, el cuerpo de Ariana Grande se ha convertido en uno de los temas principales de conversación. Su apariencia ha generado inquietud y también comentarios crueles que no tienen ninguna justificación. En medio de esto se ha repetido mucho una frase que llevamos años intentando instalar: “no se habla de cuerpos ajenos”.
Y por supuesto que estoy de acuerdo con ella. La utilizo prácticamente todos los días porque ha servido para poner un límite a los comentarios sobre el tamaño, la alimentación y la apariencia de los demás. Nadie debería tener que dar explicaciones sobre su cuerpo ni soportar burlas disfrazadas de preocupación por la salud, y tampoco podemos asumir el estado de salud física o mental de una persona solo por cómo se ve.
Entonces, si llevamos años diciendo que no se habla de cuerpos ajenos, ¿por qué ahora pareciera que sí podemos hablar del cuerpo de Ariana Grande?
Porque respetar el cuerpo de una persona no nos impide cuestionar los ideales de belleza que ese cuerpo puede terminar representando. Y eso también significa que no podemos afirmar que Ariana Grande tiene un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), porque simplemente no lo sabemos. Nadie puede diagnosticar a otra persona a partir de una fotografía o un video, y hacerlo, aunque parezca venir desde la preocupación, sigue siendo una forma de opinar sobre un cuerpo ajeno.
Para Fernanda Mena, psicóloga especializada en TCA y cofundadora de Clínica Libre Vivir, ahí está la clave: “podemos cuestionar que la extrema delgadez vuelva a convertirse en un ideal sin asumir que sabemos qué ocurre con la salud de Ariana. Podemos hablar del fenómeno sin convertir su cuerpo en un diagnóstico”.
En el último tiempo hemos visto cambios en la apariencia de famosas como Demi Moore, Alexa Demie, Jenna Ortega y, por supuesto, Ariana Grande, entre muchas otras. No sabemos por qué sus cuerpos cambiaron y no es algo que nos corresponda discutir. Lo que sí podemos —y creo que debemos— cuestionar con más fuerza es que la extrema delgadez esté reinstalándose como un ideal deseable, casi como si se tratara de una tendencia más, una moda que cada cierto tiempo vuelve a decirle a las mujeres cómo tenemos que vernos.
A decir verdad, los cuerpos delgados casi siempre han sido el estándar de belleza para nosotras las mujeres, aunque su intensidad varía según la época. Y mientras más delgado es el ideal, más difícil es alcanzarlo. Para muchas personas, intentarlo puede significar comer cada vez menos, entrenar de forma compulsiva, pasar hambre o usar medicamentos para bajar de peso. Conductas que muchas veces se confunden con disciplina, autocuidado o vida saludable y que, poco a poco y casi sin darnos cuenta, pueden terminar formando parte de un trastorno alimenticio.
En medio de esta discusión apareció el videoclip de “Petal”, la última canción de Ariana, que habla de sentir que siempre hay alguien opinando sobre cómo te ves, lo que haces o quién deberías ser. Algo que podría parecer propio de una celebridad, pero que las redes sociales han acercado bastante a nuestra vida cotidiana.
“Hay algo paradójico en ‘Petal’. Mientras la canción cuestiona vivir bajo la mirada de los demás, el videoclip utiliza planos, vestuario e iluminación que pueden dirigir la atención hacia el cuerpo de Ariana. No sabemos si esa fue la intención, pero sí podemos ver qué pasó después. Imágenes del video comenzaron a circular en TikTok acompañadas de mensajes de admiración y deseo por su apariencia”, concluyó Fernanda.
Las celebridades no solo nos venden música, películas, ropa o maquillaje. También influyen en cómo queremos vernos, y esa influencia se multiplica en redes sociales, donde una misma imagen se repite, se recorta y se comenta miles de veces. Ariana tiene más de 350 millones de seguidores en Instagram y entre ellos hay niñas y adolescentes de todas partes del mundo. Cuando una de las mujeres más famosas del mundo aparece cada vez más delgada, esa imagen empieza a circular mucho más allá de una fotografía o un videoclip, genera comentarios y termina convirtiéndose en un punto de comparación.
La psicología social lleva años mostrando que una mayor exposición a contenidos que idealizan un determinado tipo de cuerpo puede aumentar la insatisfacción corporal, especialmente en adolescentes. Nadie necesita decirnos directamente que deberíamos bajar de peso. Cuando la delgadez recibe elogios y se asocia con belleza, glamour o éxito, el mensaje se entiende igual y puede transformar esa apariencia en algo que muchas mujeres sienten que deberían alcanzar.
Probablemente alguien se pregunte por qué, si hemos criticado tanto los comentarios sobre el aumento de peso de una famosa, ahora sí estamos hablando de extrema delgadez.
Los cuerpos gordos todavía se relacionan con enfermedad, flojera, falta de fuerza de voluntad o descuido, algo que vemos en las tallas de ropa, en la atención de salud, en las redes sociales y en la televisión. Incluso la supuesta “preocupación por la salud” muchas veces ha servido para justificar comentarios gordofóbicos.
Con la delgadez, en cambio, seguimos teniendo una vara muy distinta. Incluso cuando llega a ser extrema, muchas veces continúa siendo admirada y relacionada con belleza, disciplina, éxito e incluso salud. Por supuesto que una persona muy delgada puede recibir burlas o comentarios sobre su apariencia y eso sigue estando mal, pero socialmente ambos cuerpos no reciben el mismo trato. Si no podemos mirar un cuerpo gordo y saber cómo está su salud, tampoco podemos hacerlo con uno delgado y, aun así, adelgazar todavía suele ser recibido como una buena noticia. Ese doble estándar ayuda a que la delgadez extrema vuelva a instalarse como moda, incluso cuando existen voces que la cuestionan, porque esos cuestionamientos todavía conviven con una enorme cantidad de mensajes que la celebran y la presentan como deseable.
Hoy, además, estamos rodeadas de publicidad de medicamentos para bajar de peso, dietas, tratamientos y procedimientos estéticos que ofrecen distintas formas de acercarnos al cuerpo que en ese momento se considera deseable. No sabemos qué hacen las celebridades para cambiar su apariencia y no corresponde asumirlo, pero sí sabemos que hay una industria que gana dinero haciéndonos sentir que nuestro cuerpo necesita cambiar.
Por eso no me interesa discutir si Ariana está demasiado delgada, si debería comer más o si se veía mejor antes. Esa conversación sigue poniendo el foco en ella y en su cuerpo. Me interesa que hablemos de por qué tantas mujeres vuelven a sentir que necesitan ser cada vez más delgadas para verse bien.
“No se habla de cuerpos ajenos” sigue siendo una frase necesaria. Nos recuerda que no tenemos derecho a burlarnos, juzgar ni sacar conclusiones sobre la salud de alguien por su apariencia. Pero nunca debió significar que dejáramos de hablar de los ideales de belleza que nos hacen sentir que nuestro propio cuerpo nunca es suficiente.
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