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Catalina y las Bordonas de Oro: “Queremos entregar a la gente algo de calidad, con narrativa, no lanzar por lanzar”

La banda que ganó el Pulsar por su debut Presagio amplía su universo con La Alegría de los que lloran, un disco que cruza bolero, salsa, merengue y cumbia ranchera. El proyecto prepara además su primer Teatro Caupolicán en solitario y su desembarco en México y Argentina.

Una tarde soleada en el Barrio Yungay proporcionó el marco para una animada escena. Ataviada con un vestido celeste con vuelos que se agita a cada movimiento, Catalina Plaza corre cargando un ramo de flores, con una expresión dramática en el rostro. Mientras, los músicos de Las Bordonas de Oro parecen ensimismados en lo suyo; Adrián “Yayo” Muñoz le lustra un zapato al contrabajista Esteban Perez; Martín Silva toca la guitarra con mirada adusta y el percusionista Pablo Castro parece incorporarse cargando unos bongós. Una banda en movimiento.

La imagen, captada por el lente de Leyla Solloza tiene un aire muy particular. “La idea siempre fue el drama latino, medio de novela mexicana, quisimos darle una vuelta a eso”, explica Plaza a Culto. “Hubo varias pruebas, fue un poco difícil porque está hecha en movimiento. Y me gusta darle un concepto, ir un poquito más allá de hacer una foto bonita. Llevar las cosas a la calle, a sectores comunes de la gente, creo que acerca muy bien a las personas a la a la obra”.

La pieza con aire a callecita latinoamericana detenida en el tiempo, ilustra la portada de La Alegría de los que lloran. Se trata del tercer disco de Catalina y las Bordonas de Oro, a publicarse el próximo jueves 20 de agosto. Una nueva producción discográfica del proyecto de música latinoamericana que se ha hecho un nombre en la escena local.

Conocidos inicialmente como aplicados cultores del bolero, poco a poco ganaron reconocimiento; en 2025 ganaron con justicia el premio Pulsar a Mejor Álbum Balada o Música Romántica por su álbum debut, Presagio y este año acumularon otras cuatro nominaciones. Inquietos, mostraron la elasticidad de su propuesta con su segundo disco, el notable De Encuentros y Ausencias, en que exploraron un repertorio de inspiración folklórica.

Por ello, este nuevo disco grabado fundamentalmente en La Salitrera en varias tandas de trabajo, expande todavía más su material; además de algunos boleros figuran piezas que llevan a la banda hacia otros rincones. Ya sorprendieron con los adelantos Fue una mentira -la primera que grabaron- y No he dejado de pensar en ti, en que incursionan de manera orgánica en el merengue y la salsa, respectivamente. Una clave que de alguna manera resume el disco. “Nos dimos cuenta que el proyecto igual daba para experimentar en otros géneros latinoamericanos porque disfrutamos mucho de las músicas de todo el continente.”, explica Catalina Plaza. “Además, es difícil sostener un proyecto todo el rato solo con boleros, pues es un género que igual en algún momento llega a ser un poco monótono en su rítmica, entonces necesitábamos encontrar algo que saque un poquito al proyecto de eso. Así decidimos entrar a otros géneros un poco más bailables y se dio muy natural en los ensayos con la banda. Estas canciones las empezamos a probar en vivo y nos dimos cuenta de que el público reaccionaba bien a estos otros estilos”.

Aquella decisión también dialoga con la propuesta en vivo del grupo; además de los dolientes boleros, incluyen temas para bailar, tal como se escucha en el registro en vivo Salón de Baile. Eso les permite ampliarse con la participación del ensamble Brass al límite (que ya colaboraron en la canción Presagio) lo que le entrega una textura diferente a su material. “Nos dimos cuenta de que grabar con Brass al límite también le daba un sabor de orquesta antigua, como de la Huambaly, los Guaguancó, aquellas orquestas donde habían hartos integrantes”, explica la cantante.

Misma cosa con Si me quisieras, otro de los singles de adelanto que marca una incursión del proyecto en la cumbia ranchera, género popular en el sur de Chile. “Esteban [Pérez] y yo somos de Punta Arenas, entonces es una música que la escuchamos desde muy pequeños en en las fiestas familiares”, apunta Plaza. Encontrábamos que era algo que se podía salir mucho del público que nos escucha, pero aún así es algo muy nacional. Es una cumbia ranchera muy chilena porque es a guitarra, con acordeón, con contrabajo, no hay instrumentos electrónicos”.

Más aún con la invitación a María José Quintanilla, una de las voces más identificadas con aquel género en el país. “Nosotros habíamos tenido la oportunidad de cantar con ella en el Teatro Nescafé antes de grabar y nos dimos cuenta que era una canción para ella”, comenta la intérprete . “Y lo interesante es que llegaron muchas infancias a esta canción. La María José tiene un público muy distinto, entonces aparecieron muchas niñas pequeñas cantando y bailando la canción y eso es difícil que el bolero lo logre. Fue algo muy enriquecedor”. No es la única colaboración del álbum ya que suma a otros destacados nombres nacionales, los que se revelarán en los próximos días.

A grandes rasgos, ese equilibrio entre los boleros y la música bailable explica el nombre del álbum. “En Latinoamérica vivimos la pena, el amor, el desamor, la nostalgia, de una forma muy intensa”, explica Catalina Plaza. “Todos estos problemas o penas que tenemos las pasamos gracias a la música bailable. Quisimos representar esa dualidad que viven la mayoría de los latinoamericanos que pese a lo que estemos pasando mal, seguimos adelante”. Un poco como decía Cecilia Cruz, no hay que llorar, que la vida es un carnaval.

Esta temporada resulta provechosa para el proyecto. Además de lanzar el nuevo disco están incluidos en el cartel del naciente festival Mamba (24 y 25 de octubre) y alistan el salto más desafiante de su carrera; su primer Teatro Caupolicán, totalmente en solitario, agendado para el próximo 11 de diciembre. Un hito trabajado junto a la productora Lotus. “Creo que es un salto un poco arriesgado, pero lo vemos muy posible gracias al Teatro Nescafé que hicimos el año pasado, eso nos dio a conocer de que hay público”, explica la cantante. “Apareció la oportunidad, la tomamos y estamos muy sorprendidos de la cantidad de entradas que se han vendido en tan poco tiempo. Vamos a llevar un show único. La idea es hacer algo que la gente no ha visto antes en nuestro proyecto”.

Además, la banda ya tiene en agenda una serie de fechas en México y Argentina, país donde se presentarán por primera vez. “Es un privilegio para nosotros tener esas fechas cerradas”, comenta la artista. “El año pasado fuimos a tantear un poco a México y ahora vamos súper claros. Llevamos un repertorio muy pensado para México y después, para Argentina, un repertorio muy pensado para allá. Tenemos un repertorio tan extenso que afortunadamente tenemos la posibilidad de escoger repertorios distintos dependiendo del lugar donde vayamos”.

Como sea, el creciente interés sobre el proyecto despierta una natural inquietud sobre la presión, pero Catalina prefiere la cautela. “Intento que esas cosas no me afecten y no afecten al equipo porque nuestro principal objetivo es disfrutar de la música que estamos haciendo y entregarle a la gente algo de calidad, que tenga narrativa, que no sea solo lanzar música por lanzar. Somos una banda de un género muy difícil de llevar a la industria, pero esto es un proceso y lo tenemos super claro. Lo que más me importa es escuchar el disco, que me guste y saber que es un aporte cultural al país”.

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