Culto

Gustavo Cerati: críticos de música eligen las canciones fundamentales de Soda Stereo y su etapa solista

En el día en que el referente del rock latinoamericano habría cumplido 67 años, destacados periodistas musicales y programadores radiales de Chile y Argentina analizan los clásicos, las joyas ocultas y los riffs inolvidables que inmortalizaron el acervo ceratiano.

67 años habría cumplido Gustavo Adrián Cerati este 11 de agosto. Nacido en 1959, el líder de Soda Stereo tuvo también una influyente carrera solista. Entonces, combinando ambas carreras, tuvo un importante catálogo de cual se extrajeron éxitos que quedaron grabados a fuego en la audiencia.

Por ello, en el día de su natalicio, consultamos a un grupo de especialistas por aquellas canciones que remueven la fibra, esos temas imperdibles del acervo ceratiano.

El periodista argentino Roque Casciero, subeditor de Cultura y Espectáculos de Página/12, elige los suyos. “En la ciudad de la furia: Como el tango en su época, es Buenos Aires (de los 80) hecho canción, vista desde el cielo por el ‘hombre alado’ que había despertado cuerpos y mentes con Virus. Final Caja Negra: La guitarra y la voz de Gustavo deberían ser suficientes para no tener que explicar nada más, pero encima la canción en sí es buenísima. En remolinos: Perfecta sintonía con los tiempos, una mirada al shoegaze desde una banda inquieta”.

“Y de su carrera solista, Raíz: Me gusta la metáfora de la naturaleza para hablar de libertad, pero sobre todo la elegancia y la sutileza de la canción. Av. Alcorta: No puedo transitar esa avenida sin tener la canción en mi mente. Y el histórico show que hizo ahí con Spinetta como invitado también está muy presente. Me encanta como la canción se mueve con cierta morosidad, como con el cansancio acumulado del día más la sensación de encontrar refugio en casa”.

Por su lado, el director de Radio Futuro, Rainiero Guerrero, nos comenta: “En general, la elección que hice es por canciones que me encuentro muy pop, radiales, si se quieren. Casi todas fueron éxitos. Esas canciones me gustan mucho. Prófugos: Es de las canciones que más me gustan de su primera época ochentera, de la época de la Sodamanía, de la época de Chile, el Festival de Viña del Mar y eso. Tiene un bonito riff de guitarra. En general, todas estas canciones tienen algo en la voz de Gustavo Cerati, una tensión permanente que la encuentro muy buena. Pasos: En la versión del Unplugged, la conocí ahí. Yo no soy un gran fanático de Soda ni de Cerati, entonces hay canciones que las fui conociendo con el tiempo y esa fue una de las canciones que más me llamó la atención del Comfort y música para volar. La encontré muy buena, muy bueno ese arreglo de cuerdas. Y después supe que era de un disco de los primeros y que no tenía nada que ver, la versión es muy distinta. Prefiero mil veces esta. Otra vez, creo que hay una tensión, hay un dramatismo en esa versión que es muy es de mucha calidad. Ella usó mi cabeza como un revólver: Es una tremenda canción del Sueño Stereo, un disco que para mí es el mejor de Soda, de Cerati, ese disco lo encuentro muy bueno. Banda madura, con un sonido más propio también, más definido en lo que ellos querían. Esa canción parte con el coro, siempre son bacanes las canciones que parten con el coro, como Déjate caer de Los Tres, por ejemplo. Y también tiene sus momentos de tensión antes de explotar en el coro que me encantan. Esa tensión que tiene esa canción la encuentro muy buena”.

“Y de su carrera solista elijo Crimen: Es de lo mejor. Como te digo, yo soy de canciones muy pop, radiales, que me peguen y que tengan buenos ganchos, y Crimen tiene todos los ganchos. En ese sentido, Cerati creo que era un capo para hacer canciones que, no sé si lo hacía de forma consciente, pero siempre tenía alguna cosa, sabía perfectamente qué fibras tocar en el público. Creo que ese es uno de los grandes valores de Cerati, aparte de ser un gran cantante, un gran guitarrista y un gran compositor. Crimen, de sus grandes canciones como solista. Y Vuelta por el universo: Me gusta, hay una versión en vivo en un festival que me encanta porque la encuentro mucho más rockera en cuanto a a voz, en cuanto a sonido. Pero considero que es una muy buena canción. De esa época más experimental, más metida en en onda electrónica y esas cosas, considero que es una muy buena canción. Me encanta la letra”.

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Por su lado, la periodista especializada Bárbara Alcántara agrega: “Corazón delator: La emoción que provoca esta canción es la de una desolación romántica. Cerati se muestra vulnerable, dejando ver los ‘vestigios de una hoguera’ de los que habla en la letra. Es la faceta de un hombre desgarrado por los pálpitos de su propio corazón. Misteriosa, sexy y con una atmósfera casi gótica, me gusta especialmente por su relación con la literatura y con el cuento de Edgar Allan Poe, una influencia que le da aún más oscuridad y misterio. Es brillante. Entre Caníbales: Por acá llega el deseo desenfrenado. Usar la analogía con el canibalismo fue una gran idea: dos seres salvajes desmenuzándose. Cerati no podría haber concebido una pieza más erótica, característica que se le daba muy bien. Los riffs de guitarra del final le suman todavía más sensualidad y dejan ver la calidad de guitarrista que era, además de su talento como compositor”.

“Y de su carrera solista, Cactus: La emoción que provoca esta canción es la melancolía. Tiene una evocación a la música de raíz y, quizás por eso, lo que rescato es que Cerati muestra aquí su veta folclórica, esa que comenzó a explorar con ‘Cuando pase el temblor’, incorporando la zampoña como protagonista. En Cactus vuelve a ese universo y lo hace especialmente significativo al tratarse de una canción de Fuerza Natural (2009), su último disco. La melodía tiene algo desértico y solitario: por momentos es profundamente triste y por otros, esperanzadora”.

El argentino Guillermo Pintos, editor de Cultura de Infobae, también se sumó. “El rito: Brilla en la paleta de sonidos del extraordinario Signos (1986). El sonido de la guitarra y el ritmo te hacen olvidar que puede tratarse lisa y llanamente de una ‘balada’. Es más que eso y pinta el espíritu de la época: romanticismo torturado. El sonido de un órgano Hammond no tiene nada que ver con ese momento (no estaba de ‘moda’ ni mucho menos) y anticipa el gusto clásico, expresado luego en Canción animal. Luego, Té para tres: Resalta por peso específico propio en el grandilocuente Canción animal (1991). Dulcemente triste, es una postal perfecta de una escena hogareña en un momento de quiebre. También es una declaración de amor familiar, que a todos nos toca: todos pasamos por ese trance de la pérdida. La versión del MTV Unplugged Comfort y música para volar (1996), destaca por la cita de Cementerio Club, de Luis Alberto Spinetta. Disco eterno: Incluida en Sueño Stereo (1995), el disco del regreso -tras el ‘exilio’ en Chile y el coqueteo solista- y último álbum de estudio de la banda para mí gusto, injustamente infravalorado. . La canción construye un viaje hipnótico sobre una base sonora envolvente: las capas de guitarra son todo. La letra trabaja sobre la imagen del meridiano como metáfora de la distancia entre dos personas y del deseo que la acorta. Fue: Resalta en la vorágine sónica de Dynamo (1992), seguramente el disco más radical de Soda Stereo. Es una balada triste, lenta y perezosa pero seductora. La trompeta de Flavio Etcheto le otorga un color distintivo entre la enorme cosecha de canciones de Cerati para Soda Stereo. Dos décadas después, la frase ‘He llegado hasta el fin / Con los brazos cansados’ me sigue sonando premonitoria de su propio y triste final”.

“Y de su etapa solista, Vuelta por el universo: Pertenece a Colores Santos (1992), su colaboración con Daniel Melero, en pleno pico de euforia pos primera pausa de Soda Stereo. Suavemente electrónica, convierte el amor en un viaje sin gravedad. Los sintetizadores y la atmósfera sonora la ubican dentro de la etapa más experimental de Cerati, libre de los formatos del rock convencional. La premisa es simple y poderosa: estar con alguien es suficiente para sentir que todo gira mejor”.

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Y también opina Ignacio Olivares, programador de radio Duna. “Secuencia inicial: Cerati abrió la válvula de escape en Dynamo, su modelo para armar un artefacto noise a lo Kevin Shields y sacarse el hastío de Canción Animal. Secuencia inicial era una apertura para volarse la cabeza: esta colaboración con Zeta Bosio tiene algo de sicodelia y a Cerati le faltan pies para apretar más pedales y levantar muros de sonido. Una joya de un disco incomprendido, que no tuvo promoción por temas burocráticos mientras la banda se mudaba de un sello a otro. En remolinos: Otro ejercicio de arquitectura en capas, con exceso de armónicos flotantes en el espacio. Pensada como balada shoegaze, En remolinos envejeció mejor que varias canciones del catálogo más clásico de Soda y sobrevivió a todas las giras posteriores, despedidas y regresos. Otra perla del disco que reseteó -para bien- a Gustavo Cerati”.

“De su etapa solista, me quedo con Vuelta por el universo: La colaboración con Melero fue el laboratorio que incubó el nuevo ‘ceratismo’ y marcó lo que le quedaba de Soda Stereo y su posterior carrera solista. Con Vuelta por el Universo Cerati logró tender el puente definitivo entre el pop y la electrónica. La textura empató con el riff, las guitarras convivieron con los samples y la letra siguió siendo la misma. Bocanada: Lo acusaron de plagiario pero, si Cerati robaba, al menos lo hacía con clase. Su aventura solista comenzó con retazos de una canción progresiva de Focus que mutó en algo que se podría llamar trip prog. Cerati soltó un rato la guitarra y se convirtió en un virtuoso del Akai MPC; también se las dio de crooner en Bocanada, un soul estiloso y electrónico que prometía trayectorias sin final. Lago en el cielo: La última canción que Cerati tocó en vivo -y en vida- hablaba de ir despacio y de no inflar expectativas. Lago en el cielo es un tema sobre desacelerar, cantado por un tipo que llevaba un cuarto de siglo con el pie en acelerador. El solo de guitarra extendido en el concierto de Caracas terminó siendo arena en las manos de Cerati y funcionó como una viñeta más de un final triste e inesperado”.

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Por su lado, el periodista Sergio Cancino remata: “En remolinos: Dynamo (1992), el disco de la reinvención sónica de Soda Stereo, dejó esta perla de letra económica y espirales hipnóticas. En vivo era un huracán. Perfección. Ecos: La canción que cerró Nada personal (1985) de Soda Stereo anticipó las maravillas y el sonido venidero de Signos (1986), que fue el inicio de una nueva fase. Tiene el vértigo y la desesperación de un artista en búsqueda. Del mismo modo como Final caja negra (firmada junto a Zeta y Charly) de Signos profetizó un nuevo salto en el disco siguiente”.

“En la etapa solista, escojo: Tabú/Engaña/Bocanada: Cerati decía que las tres canciones que abren Bocanada (1999) eran un disco dentro del disco, una unidad indivisible. Aquí el solista emergió y nos encandiló con su búsqueda desprejuiciada: guitarras, samplers, una emocional interpretación de crooner moderno. También Vivo: Un disco irregular como fue Siempre es hoy (2002) incluyó una de las mejores canciones de Cerati. Una declaración vital, de una épica mucho más personal que sus grandes éxitos con Soda Stereo e incluso en solitario. En una veta similar está Cactus de Fuerza natural (2009), otra cumbre de sus años finales”.

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