Por Paula Escobar ChavarríaMatt Sanders: “Es inútil pensar que podemos resolver los problemas de violencia juvenil con enfoques más punitivos”
El fundador de Triple P (Programa de Parentalidad Positiva) apunta a que como no existe un manual sobre cómo criar a los hijos en un entorno de incertidumbre, "esto ha generado mucha ansiedad de los padres". Además, dice que "es importante para el desarrollo de los niños que crezcan en entornos donde respeten la autoridad".

Matt Sanders practica lo que predica: amable, sereno, generoso con su conocimiento, aborda con La Tercera lo que ha sido la pasión y la vocación de su vida: ayudar a familias y niños a vivir una buena vida, con buenos vinculos, sin violencia. Es profesor de psicología clínica y fundador de Triple P (Programa de Parentalidad Positiva). Su base de operaciones está en Brisbane, Australia, donde es director del Centro de Apoyo Familiar y Parental de la Universidad de Queensland.
Por más de cuatro décadas, Sanders se ha destacado por llevar a cabo investigaciones clave en la materia, y traducirlas en programas prácticos para los problemas de conducta infantil y la promoción de las familias. El sistema de apoyo a la parentalidad que él creó, llamado Triple P, ha ayudado a unos seis millones de niños y sus familias. Se utiliza en 25 países (incluido Chile) y ha sido traducido a 21 idiomas. Más de 75 mil facilitadores han sido capacitados para su implementación.
Además es autor de más de 360 publicaciones, y ha escrito y co-escrito 62 libros, incluyendo el popular libro Every Parent: A Positive Approach to Children’s Behaviour.
Ha asesorado a diversos gobiernos, en Australia, Canadá, Reino Unido, Irlanda, Suiza, Nueva Zelanda, Singapur, Japón, Irán, Alemania, Francia, Suecia, Bélgica y Países Bajos. También ha sido consultor de la Organización Mundial de la Salud y consultor experto en parentalidad positiva del Consejo de Europa.
Matt Sanders visitó Chile para participar del II Seminario Internacional Crianza y Salud Familiar, organizado por la Facultad de Medicina UC y Triple P Latinoamérica. Asimismo, compartió una jornada con más de 200 profesionales certificados en Triple P.

¿Por qué cree que, en esta etapa del siglo XXI, los padres y madres están tan estresados?
Creo que mucho tiene que ver con vivir en un mundo incierto. Hay tantas cosas impredecibles sucediendo. Basta con mirar a nuestro alrededor: la política, los conflictos globales, el cambio climático, la evolución de la tecnología y cómo influye en la vida de las familias y en nuestra forma de vida. No existe un manual establecido sobre cómo criar a los hijos en un entorno de incertidumbre. Esto ha generado mucha ansiedad entre los padres, pero siempre me recuerdo a mí mismo que los aspectos fundamentales que influyen en el desarrollo de los niños siguen siendo los mismos.
¿Cuáles son?
Todavía se necesitan niños que vivan en entornos familiares seguros, amorosos y con pocos conflictos, donde los padres tengan el conocimiento, las habilidades y la confianza para criar bien a sus hijos y crean en su capacidad para resolver problemas; que si los enfrentan en su familia, tengan los recursos personales para poder hacerlo y luego crear un mundo donde sea sano, normal y deseable pedir ayuda. Así que si podemos crear ese mundo donde sea sano, normal y deseable buscar apoyo en una tarea compleja como la crianza de los hijos, entonces será un triunfo, porque significará que los padres no meterán bajo la alfombra estos problemas. No esperarán hasta que sean extremadamente graves antes de hacer algo al respecto.
¿Esto tiene alguna relación con la crisis de las figuras de autoridad que ocurre en la actualidad?
Es importante para el desarrollo de los niños que crezcan en entornos donde respeten la autoridad. Cuando un adulto, una voz adulta, les pide que hagan algo que sea justo, claro, apropiado para su edad y necesario, los niños aprenden a cooperar respetuosamente con la mayoría de esas peticiones razonables y apropiadas para su edad, ya sea de un padre, madre, un abuelo, entrenadora deportiva, un profesor de música o un maestro en la escuela. Y es nuestra responsabilidad como adultos asegurarnos de que lo que les pedimos a los niños sea justo y que sean capaces de hacerlo. Es (cierto) que la autoridad adulta siempre puede ser objeto de abuso. Pero si se elimina la necesidad de que los niños aprendan a cooperar con figuras de autoridad razonables, la sociedad tiende al caos, la falta de liderazgo, el incumplimiento de las normas, la delincuencia y otros problemas derivados de la falta de respeto a la autoridad. Pero tenemos esta doble responsabilidad como adultos.
¿Cómo hacerlo bien?
Debemos asegurarnos de que nuestro ejercicio de autoridad sea justo, apropiado y razonable, entre otras cosas. Por otro lado, los niños se desarrollan mejor en un entorno donde aprenden que existen reglas en los juegos, que hay que respetar los turnos y que se habla con respeto hacia los demás. Cuando se dan estas circunstancias, se crea una armonía. Pero cuando hay un conflicto y los niños reciben mensajes de que está bien decir palabrotas, portarse mal, desobedecer lo que se les pide y tratar mal a los profesores o lo que sea, y si crecen en ese ambiente entre compañeros, fomentando la desobediencia a la autoridad, y al mismo tiempo hay adultos que no saben cómo comportarse adecuadamente para ejercer la autoridad, entonces eso lleva al caos.
¿Cree que padres y madres quieren ser amigos de los niños en vez de cumplir su rol parental?
Creo que algunos padres intentan ser demasiado amigos de sus hijos y no lo suficiente sus líderes. Los niños necesitan estar en entornos donde haya adultos fuertes con ideas claras sobre lo que es apropiado y lo que no, porque son los modelos a seguir con los que crecen. Y aprenden cómo funciona el mundo en parte a través de su experiencia con esa persona. Así que si pienso en los últimos 20, 30 o 40 años tratando con padres es la misma vieja incapacidad para, por ejemplo, hablar con los hijos sobre las reglas básicas, lo que es justo, razonable y apropiado. Los padres se enfrentan al reto de dar instrucciones claras y tranquilas, en lugar de gritos, amenazas o advertencias sobre consecuencias nefastas. Y este tipo de situaciones son las que, desde tiempos inmemoriales, han provocado que los hijos sean poco cooperativos y que no se desenvuelvan bien ante las figuras de autoridad. Por lo tanto, creo que lo principal que me gustaría destacar es que si consideramos la cooperación infantil como una habilidad, en lugar de simplemente hacer lo que se les dice, si la vemos desde su perspectiva evolutiva, es una habilidad para responder a instrucciones y directrices razonables y apropiadas para su edad. Los niños que aprenden esta habilidad tienen mucho más éxito en la vida.
¿Observa alguna diferencia entre madres y padres?
Creo que las madres sienten una culpa desproporcionada cuando las cosas no van bien con los hijos: cargan con gran parte de las responsabilidades de la crianza. Pero los padres también desempeñan un papel fundamental. Y lo que me gusta decir es que no se trata de aprender a ser padre. Y no hay razón para que la mayoría de las habilidades que atribuimos a las mujeres, los hombres y los niños no puedan aprenderlas. Pueden aprender a cocinar, coser, a ordenar la casa, a hacer las camas y a realizar las tareas necesarias para que el hogar funcione sin problemas. ¿Por qué la carga siempre debe recaer sobre las mujeres? No debería. Necesitamos niños y niñas con múltiples habilidades. ¿Por qué las niñas no pueden aprender a arrancar una cortadora de césped y cortar el césped, usar una sierra eléctrica y utilizar herramientas para construir cosas, del mismo modo que los niños pueden aprender a cocinar, coser y hacer cosas maravillosas, creativas y artísticas?
¿Qué considera importante de relevar en un tema global, que es parte del debate chileno actual, sobre cómo abordar la violencia dentro de las escuelas?
Diría esto: recuerden que la mayoría de la violencia comienza en casa y los niños aprenden a ser agresivos, a menudo con sus hermanos y en el entorno familiar, y perfeccionan estos comportamientos en el grupo de iguales y fuera del hogar. Creo que es inútil pensar que podemos resolver los problemas de violencia juvenil con enfoques más punitivos, como encarcelarlos o imponerles multas más elevadas. Necesitamos centrarnos en la prevención y en ayudar a los niños a desarrollar formas no violentas de resolver desacuerdos y conflictos. Cuando se produce una agresión, los padres deben abordarla con firmeza, coherencia y decisión. Cuando los niños no son violentos y se comportan de forma apropiada para su edad, los padres deben aprender a reconocer sus buenas acciones, animándolos a usar las habilidades que demuestran, a esperar, a dejar que la otra persona participe sin recurrir a amenazas. Para que los niños crezcan escuchando y viendo que la violencia no compensa.
¿Y qué hay del papel de los profesores en la sala de clases?
Realizamos un estudio en Australia con aproximadamente 700 docentes, que reveló que cerca de un tercio de ellos reflexionaba cada semana sobre alguna interacción negativa que habían tenido con un padre o madre. Este fue el principal factor que influyó en su deseo de abandonar la docencia. Hemos estado trabajando en un programa llamado Family Schools Connect, que enseña habilidades para comunicarse eficazmente con los padres sobre temas difíciles, como el comportamiento y el aprendizaje de los niños, y en un programa recíproco donde los padres aprenden a comunicarse eficazmente con los docentes cuando tienen inquietudes sobre el aprendizaje de sus hijos y su desempeño escolar. Al combinar estos dos elementos se prepara a los docentes para tener conversaciones más colaborativas con los padres y se trabaja con ellos para que aprendan a expresar sus inquietudes de manera más constructiva, sin culpar a la escuela por lo que le sucede al niño. A menudo, no se llega a ese punto porque los padres están molestos con la escuela, los docentes con los padres, la comunicación es deficiente y, como consecuencia, el niño es expulsado o suspendido de la escuela. Creo que los docentes desempeñan un papel fundamental, pero no pueden hacerlo solos.
¿Qué se debe hacer?
Es necesario reconocer las necesidades que les exigen dedicar más tiempo y esfuerzo a adquirir habilidades adicionales, más allá de las de enseñanza y las propias del aula. Esto debe contemplarse dentro del horario escolar, de modo que dispongan de tiempo suficiente para realizar la formación adicional, si fuera necesaria. Simplemente no creo que lo único que debamos hacer sea identificar a los niños problemáticos, y apartarlos del resto para que no ejerzan una influencia negativa. Como no se puede encarcelar a los niños, estos estarán en la calle, involucrados en conductas antisociales y otros tipos de actividades delictivas precoces, y esto podría haberse evitado. Supongo que mi mayor frustración radica en que lo más importante que podemos hacer para prevenir estos problemas es que los niños crezcan en un entorno familiar amoroso y con pocos conflictos, donde los padres tengan el conocimiento, las habilidades y la confianza para criarlos bien. Es la medida más eficaz. Si se proporciona a la familia el tipo de apoyo que necesita marca una gran diferencia en la capacidad de las escuelas para abordar también el problema.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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