Por Martín Cifuentes¿Por qué y cuándo debemos ir al psicólogo?
La opción de ir a terapia no sólo aparece en medio de crisis profundas. Los especialistas explican que también puede ser un espacio para comprender malestares del día a día, prevenir que se profundicen y construir herramientas para enfrentar mejor la vida diaria. Sobre todo, porque los problemas no siempre se manifiestan y, en ocasiones, incluso van desarrollándose de forma silenciosa y progresiva.

Esta historia parte en la consulta con mi psicóloga. Cuatro años después de la primera sesión, los motivos originales ya no ocupan el centro de la conversación. Si el pasado aparece, es más como una referencia. Hoy hablamos más de lo cotidiano: la familia, el trabajo; también de ese mundo interior que a veces se desordena sin aviso y que puede sentirse como una aguja que atraviesa el pecho. Incluso los temas mínimos se merecen un espacio, antes de que crezcan como una bola de nieve.
Según ella, dar el paso de entrar a una consulta psicológica es una de las dudas más comunes. A diferencia de otros malestares que se manifiestan físicamente, como un dolor de muela, la psicología aborda algo intangible, difícil de precisar.
“Generalmente, la gente no sabe cuándo ir al psicólogo”, dice, y recuerda nuestro primer encuentro. Mientras rebusca en un cuaderno, pasa las páginas y repite, leyendo: “‘No sé por qué estoy acá’, decías... pero así, es solo cosa de tiempo para que las personas hablen y se vaya descubriendo así el motivo real, porque muchos dicen que no saben, pero en realidad callan por vergüenza o inseguridad”.
Motivos para asistir a un psicólogo hay muchos. Desde angustia por el futuro o crisis existenciales, hasta dificultades de adaptación frente a situaciones como un duelo, una ruptura de pareja o un cambio de trabajo o de país. También aparecen problemas familiares, la soledad, pensamientos rumiantes o incluso el peso de compromisos a largo plazo. Son solo algunos.

La terapia implica no sólo tratar problemas que embarguen la paz en el día a día, sino también poder construir herramientas de forma pertinente y preventiva.
Todo dependerá de la intensidad del malestar, de su constancia y del espacio que ocupe en el día a día; de si interfiere o no en nuestro desenvolvimiento. También de si contamos con las herramientas para hacerle frente o si advertimos que no podemos seguir evitando esos problemas o ideas.
“Es como un tejido, en que muchas veces vemos la totalidad, pero si seguimos el hilo podemos encontrar el origen del problema… O como un árbol enfermo: hay que revisar las raíces para entender qué lo está afectando e ir al fondo es la única forma de encontrar una salida”, explica mi terapeuta.
El problema es que algunas personas, ya sea por orgullo o por la imposibilidad de costear un tratamiento, tienden a minimizar lo que sienten y nunca se atienden. Estos malestares, según sea el caso, pueden inmovilizar o limitar nuestra vida cotidiana. Pero la angustia no siempre cae de golpe; sino que muchas veces avanza en silencio, desordenando todo por dentro hasta que el caos termina por desbordarse.
Más que simples palabras
La terapia psicológica es una técnica de tratamiento a través de la palabra que tiene principios establecidos y está basada en evidencia. La ejecutan profesionales universitarios con postítulos o postgrados y especializaciones en los distintos tipos de terapia", explica Cynthia Zavala, psiquiatra y directora de la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello.
No se trata, afirma, de una conversación informal ni de un espacio donde se entregan consejos.
“Tampoco es solamente hablar de los problemas y tampoco es un espacio en que se juzgue o en que se le diga al paciente qué hacer, sino que se le acompaña a pensar y a reflexionar en relación a su propia forma de comportarse, hacia sus actos, hacia lo que es mejor para sí mismo... Es un proceso activo y colaborativo en que hay objetivos claros y estructurados”, dice la especialista.

Hay distintos enfoques terapéuticos, como el psicodinámico, cognitivo-conductual, sistémico o humanista, entre otros, que pueden beneficiar tanto a personas con sintomatología en salud mental como a aquellas que buscan crecimiento personal.
“Las personas que tienen cuadros ansiosos, depresivos, adicciones o trastornos de alimentación, así como cualquier persona que quiera un crecimiento personal, entender por qué le pasan ciertas cosas o mejorar sus relaciones interpersonales, podría beneficiarse de la terapia”, sostiene Zavala.
Zavala aclara que la terapia no siempre parte en plena crisis. “Muchas veces uno se acostumbra a la presencia de ciertos síntomas, como estar constantemente cansado, estar angustiado o dormir mal, pero algo pasa que en algún minuto nos damos cuenta de que existe esta sintomatología y entonces consultamos”, sugiere.
También agrega que parte fundamental del proceso es el vínculo. “Para desarrollar un buen proceso terapéutico es importante que se genere este vínculo de confianza, que la persona se sienta comprendida y que exista conexión, porque sabemos que es el principal motor de cambio”, asegura.
No existe una duración estándar para un proceso terapéutico. Puede tratarse de semanas o extenderse por años, dependiendo de los objetivos y también de las causas, la profundidad del trabajo del psicólogo y el contexto de cada persona. “No tienen soluciones que sean inmediatas, sino que demoran un tiempo en ver los resultados”, advierte.
Construir un mejor camino
Uno de los conflictos más importantes al momento de buscar a un especialista son las facilidades de acceso. Pagar $45 o $50 mil semanales no es un privilegio que todos puedan darse. Mucho menos cuando son precios que no necesariamente refieren a una atención presencial, sino a una cita por videollamada.
El valor de una consulta psicológica dependerá del especialista, de su formación o incluso puede variar por región del país o comuna. Como señala la académica de la UNAB Cynthia Zavala, todo depende de la química que se genere entre el paciente y el terapeuta; algo que no siempre se da y que depende mucho de cómo sea la consulta.
Para quienes no puedan asistir a un especialista particular, existen también iniciativas que buscan acercarse a la ciudadanía con atención gratuita. Una de ellas es Psicólogos x Chile, originada tras el terremoto de 2010 y que entrega la posibilidad de acceder a una consulta a sectores más vulnerables, que generalmente no tienen la oportunidad de asistir a terapia.
Desde la experiencia de su programa clínico, la psicóloga Karent Hermosilla, directora ejecutiva de Psicólogos x Chile, explica que muchas personas llegan a terapia cuando atraviesan situaciones que generan malestar emocional o dificultades para adaptarse a distintos ámbitos de la vida.

“Las personas suelen consultar cuando atraviesan situaciones que generan malestar subjetivo, sufrimiento o dificultades para adaptarse a distintos ámbitos de la vida... En psicoterapia vemos con frecuencia motivos de consulta relacionados con momentos de crisis personal o emocional, situaciones de estrés o sobrecarga, conflictos en las relaciones interpersonales, procesos de duelo o cambios importantes en la vida”, señala.
La ONG tiene un programa clínico y otro orientado a emergencias y desastres, tal como nacieron, en el contexto del terremoto. Recientemente, trabajaron con comunidades afectadas por los incendios forestales de la zona sur, y realizan proyectos sociales y educacionales, buscando prevenir malestares en los más necesitados y entregarles herramientas adecuadas.
Según Karent Hermosilla, la psicoterapia también puede ser útil incluso cuando no existe un diagnóstico clínico. “Puede servir para abordar preocupaciones o conflictos cotidianos que afectan el bienestar, incluso cuando no existe un diagnóstico de salud mental, porque el objetivo es acompañar a la persona a comprender mejor lo que está viviendo y desarrollar estrategias más saludables para enfrentar esos desafíos”, explica.
Además, agrega que impulsar este tipo de acompañamiento de forma temprana puede ser clave para evitar que los problemas se profundicen. “Promover el acceso y la consulta temprana en salud mental es fundamental, porque no solo permite abordar problemas cuando ya están instalados, sino también prevenir que situaciones de malestar se profundicen o afecten distintas áreas de la vida”, afirma.
En ese contexto, Hermosilla también explica que parte importante de las personas que acceden a estos programas lo hacen porque tienen limitaciones económicas para acceder a tratamientos en el sistema privado. “Una parte importante de la demanda proviene de personas que enfrentan barreras de acceso al sistema privado de salud mental o que requieren alternativas más accesibles para iniciar un proceso terapéutico”, señala.
Sobre las modalidades de atención, añade que hoy muchas organizaciones trabajan en formato remoto. “La psicoterapia puede realizarse de manera presencial u online, manteniendo la misma base fundamental: la relación terapéutica entre la persona y el profesional de salud mental”, plantea.

“La modalidad online ha permitido ampliar el acceso a la atención psicológica, especialmente para personas que, por distancia geográfica, tiempos o condiciones laborales no siempre pueden asistir de forma presencial”.
Desde la experiencia del programa, Karent Hermosilla señala que quienes consultan con mayor frecuencia son mujeres y esto se explica por distintos factores sociales y culturales.
“Han desarrollado históricamente una mayor apertura para reconocer y expresar el malestar emocional y buscar apoyo, pero también influye la sobrecarga de responsabilidades que muchas enfrentan, como las dobles o incluso triples jornadas que combinan trabajo remunerado, labores domésticas, cuidados familiares y responsabilidades emocionales dentro de los vínculos”, explica.
En términos territoriales, la mayoría de los asistentes a este tipo de programas son de la Región Metropolitana, lo que también refleja brechas en el acceso a servicios de salud mental en otras partes de Chile.
“Aún existen brechas en la disponibilidad de servicios, en las estrategias de promoción y prevención y en el conocimiento de los dispositivos de apoyo psicológico, lo que muestra que todavía queda mucho por avanzar para que el acceso a la salud mental sea más equitativo en todo el territorio”, afirma, y luego añade: “Cada vez más personas reconocen la importancia de cuidar su salud mental y buscar apoyo cuando lo necesitan”, concluye.
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