Por Ricardo OlavePresidente Boric: ¿cuál es el balance de su gestión y legado político a semanas del cambio de mando?
A menos de dos meses de dejar La Moneda, comienza la revisión del trabajo que el gobierno del Presidente Boric buscó llevar a cabo en su programa durante el período 2022-2026. Analistas evalúan los logros, giros y límites de una administración marcada por el ajuste a la realidad económica, el pragmatismo político y un legado que será leído a la sombra del gobierno entrante.

“Somos el gobierno que menos aumentó la deuda en los últimos cuatro períodos“, señaló el Presidente Gabriel Boric recientemente en una entrevista, esto, en defensa ante las críticas que ha recibido su gestión frente al “gobierno de emergencia” del electo José Antonio Kast y el relato que se ha instalado bajo la frase “Chile se cae a pedazos”, donde los indicadores macroeconómicos contrastan con la percepción ciudadana de estancamiento económico.
Ello, dado que noticias económicas positivas recientes, como la baja del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en un -0,2%, cerrando 2025 en una variación de 3,5% -el nivel más bajo en cinco años-, junto a una nueva disminución en la pobreza según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (Casen 2024), reflejan señales potentes de cara al término de su mandato.
El jefe de Estado tiene los días contados para que el 11 de marzo deje su cargo, y por eso ya han comenzado a aparecer los análisis de los principales hitos y deudas pendientes que dejará como legado político. Para el analista político Roberto Munita, director de Administración Pública de la Universidad Andrés Bello (UNAB), la reciente aprobación de la reforma al sistema político, que ingresó el Gobierno en julio del año pasado, junto con la aprobación al proyecto de ley que reconoce el derecho al cuidado y crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, serían los últimos hitos de un período tan corto como complejo.

Munita menciona el famoso “síndrome del pato cojo” como metáfora de que todo gobierno en su período final tiene más trabas para avanzar que antes.
“En todos los últimos mandatos, el último período tiende a la inercia y a salir del foco, porque naturalmente surgen otros actores y protagonistas”.
La analogía del pato, que, al faltarle una pata, no puede ni caminar, ni nadar ni volar, es para Munita una explicación “bastante certera” de lo que ocurre de cara a dejar el palacio presidencial. En el caso de Boric, este fenómeno se sintió con mayor fuerza. No solo porque la agenda fue absorbida por la contienda electoral entre Kast y Jara, lo que, a su juicio, era “esperable”, sino también porque dice que hubo “una participación más explícita de la Presidencia” en el proceso electoral.
Como ha ocurrido desde 2006 en adelante, era predecible un nuevo giro en el péndulo político en la alternancia en el poder. Sin embargo, el también abogado y magíster en Sociología es crítico al decir que ello genera una dinámica “que no es del todo sana”, porque refleja el “malestar acumulado”, ante expectativas incumplidas y una creciente impaciencia ciudadana. “Este movimiento permanente no sólo erosiona la confianza en el sistema político, sino que dificulta la implementación de políticas de largo plazo”, precisa.
La tarea económica
Ante las recientes cifras económicas, a las que se suman los datos del Banco Central, que confirmaron que las exportaciones del comercio exterior chileno superaron los US$ 107.004,22 millones -la cifra más alta desde 2013-, Hernán Campos, cientista político y académico de la Universidad Diego Portales, plantea que de no existir una difusión de los indicadores que reflejen y evidencien una mejora, como los que han aparecido, “difícilmente eso va a tener resonancia en la opinión pública”.
En este caso, Campos explica que, si bien hay cifras que resultan favorables para el gobierno en materia económica, “estos avances no necesariamente se han traducido de forma directa en una mejora perceptible en el bolsillo de las personas”. El analista puntualiza que, ante el permanente estado de campaña electoral, donde los chilenos han tenido que sufragar un total de 10 elecciones en un período de seis años entre 2019 a 2025, entre plebiscitos, candidaturas locales, congresuales y presidenciales, dicha situación provoca que “el gobierno sea constantemente puesto en el centro de la crítica”.
De cara al cierre del mandato, Campos dice que la tarea del mandatario “es comenzar a mostrar con mayor claridad” cuáles han sido los cambios que ha impulsado, desde cómo se ha incentivado la inversión hasta el aumento del salario mínimo, entre otros elementos. De no hacerlo, el académico cree que esos logros pueden ser capitalizados por la próxima administración.

Desde otra mirada, Camilo Feres, director de estudios sociales y políticos de Azerta, cree que la gestión económica debe ser juzgada a partir de las expectativas iniciales.
“En el papel, el gobierno de Boric era el más a la izquierda elegido desde el retorno a la democracia, con un programa construido sobre una retórica más bien revolucionaria que reformista”.
Durante el período, la figura clave del exministro de Hacienda, Mario Marcel, hizo que “se frenaran muchas de las presiones de gasto que asomaban en el horizonte”, ejemplificando los casos de nuevos retiros previsionales, la condonación del CAE o el congelamiento de las tarifas eléctricas, entre otras.

“En perspectiva, el gobierno de Boric será recordado como uno que asumió los costos de enfriar una economía que estaba sobrecalentada”, apunta, lo cual también será juzgado por la falta de experiencia y de eficacia política, al no convertir “los esfuerzos macroeconómicos en un impulso microeconómico perceptible dentro de su propio mandato”. A ello, complementa que, las cifras positivas recientes permitirán recordar la administración como “un gobierno habilitador”, es decir, dejar las condiciones necesarias para que “la economía funcione mejor”, más que “resultados espectaculares” en cifras de crecimiento.
Giros políticos inevitables: seguridad y migración
Por más obvio que suene, el gobierno del Presidente Boric no termina donde empezó, marcando su identidad. Durante 2025, la creación del Ministerio de Seguridad Pública, que comenzó a operar el pasado 1 de abril, fue uno de los hitos, sin que ello dejase de generar críticas, que oscilaron entre una renuncia ideológica a una adaptación necesaria al ejercicio del poder.
Para el académico de la UNAB, Roberto Munita, no fue “sorpresa para nadie” que dicha agenda resultaba “incómoda para ciertos sectores de la izquierda, aunque no para todos”, dado los “prejuicios asociados a experiencias históricas con las fuerzas de orden y con el aparato del Estado”. No obstante, el estar a cargo del país facilitó “una comprensión más realista del ejercicio del poder y de las expectativas ciudadanas”.

“A pesar de los esfuerzos del gobierno, nunca lograron posicionarse con credibilidad en la agenda de seguridad”
Reflejo de dicha situación son los resultados electorales y el posicionamiento de figuras de extrema derecha como el mismo presidente electo, José Antonio Kast, de Johannes Kaiser o incluso Franco Parisi en el norte, donde salvo el candidato Eduardo Artés, todas las campañas presidenciales pusieron la seguridad ciudadana y el orden público como prioridad central. “Reflejan una crítica a la continuidad y a la izquierda en general”, analiza. Por su parte, Feres, ante lo acontecido, parafrasea al expresidente argentino Juan Domingo Perón, quien dijo que “la única verdad es la realidad”.
“Eso no implica que los mandatarios siempre sean capaces de abandonar el voluntarismo y adoptar el pragmatismo. Boric sí dio ese giro, y para algunos dentro de su coalición eso constituye una debilidad, mientras que para otros es una virtud”, agrega.
Misma debilidad se presentó a la hora de tomar decisiones ante los problemas migratorios que enfrenta el país. Hernán Campos propone que, si se miran los resultados concretos, como los que presentó el mandatario durante su última Cuenta Pública, apuntando a que hubo una disminución del 48% en la migración irregular, el diagnóstico muestra “una normalización de la política migratoria y un fortalecimiento de los controles”.

“Al inicio, sectores del Frente Amplio y del Partido Comunista sostenían una postura mucho más abierta, con escasa disposición a establecer requisitos o controles estrictos”, dice. Esa retórica cambió de manera “significativa” con el paso del tiempo. “Hoy existe un mayor énfasis en la regulación, en la exigencia de requisitos y en el control del ingreso y la permanencia en el país”, aporta. Fares es más enfático y dice que “la visión romántica de la migración como un derecho irrestricto fue desplazada por los hechos”.
Imagen internacional del país
En el plano internacional, la lectura general sobre el rol del Jefe de Estado también presenta claroscuros. Para Camilo Feres, “la política chilena se había especializado en navegar en un mundo multilateral, con vigencia del derecho internacional y un libre comercio relativamente estable. Mucho de eso hoy está desafiado, cuando no derechamente desestabilizado”, sostiene.
A su juicio, Chile llega al cambio de mando con una economía más ordenada y sin presiones desbordadas de gasto, aunque la tarea que se abre es eminentemente política. “El nuevo escenario internacional va a exigir más capacidad de adaptación diplomática que certezas económicas”, advierte, en un contexto marcado por el retorno de liderazgos proteccionistas, el debilitamiento de los consensos multilaterales y una creciente fragmentación geopolítica. Los hechos recientes de enero, con la invasión de Estados Unidos a Venezuela, dejan tareas visibles a la nueva administración.

Hernán Campos coincide en que el Presidente Boric buscó proyectar una impronta propia en política exterior, particularmente en América Latina, tomando posiciones claras frente a temas como la crisis en Venezuela o el respeto a los derechos humanos. A diferencia de los liderazgos de izquierda en la región, Boric llamó a Nicolás Maduro como “dictador” ante las fraudulentas elecciones presidenciales, provocando el cierre de las embajadas en ambas naciones. Campos reconoce que ese posicionamiento también tensionó relaciones con algunos gobiernos de la región y expuso los límites de un liderazgo que debió equilibrar convicciones ideológicas con pragmatismo diplomático.
A diferencia de las otras voces políticas, Munita es más crítico y considera que la política exterior fue “uno de los puntos más débiles de la administración Boric”. El profesor apunta que, de no ser por la “gestión e impronta” del canciller Alberto van Klaveren, el balance habría sido aún más complejo. El sociólogo recuerda el incidente con el rey de España durante la ceremonia de cambio de mando, que generó “una ola de reacciones negativas no solo desde España, sino también desde la comunidad internacional”.
Otros ejemplos que afirman su postura son la tramitación del TPP-11, las tensiones diplomáticas con Israel, con la suspensión de la entrega de las credenciales diplomáticas del exembajador israelí, Gil Artzyeli, o no levantarse a saludar al Presidente de Argentina, Javier Milei, durante el cambio de mando en Bolivia. Gestos que, aunque puedan parecer menores, afectan la figura presidencial en su rol de jefe de Estado.
“Ese tipo de señales no ayudan en un escenario internacional ya de por sí complejo”, añade, a lo que complementa que el principal reto para la próxima administración será desenvolverse en un continente “altamente convulsionado y en un contexto global marcado por el proteccionismo, la polarización política y una creciente incertidumbre internacional”.

Legado y herencia
Cuando el cambio de mando se asoma en medio del período estival, los expertos consultados comienzan a intentar resumir la herencia de la actual administración, marcada según Feres de Azerta por haber asumido “los costos de enfriar una economía y una política que estaban profundamente recalentadas al momento de asumir”.
En ese sentido, Boric deja La Moneda con un balance ambivalente. El cientista político Hernán Campos apunta al gobierno del Presidente Boric como el de un mandatario “que logró reconciliar a la izquierda, particularmente al Frente Amplio con el socialismo democrático”. Una convergencia que, si bien se tradujo en alianzas electorales y en una experiencia de gobierno compartida, se proyecta al futuro como una tarea a consolidar “como un proyecto político duradero desde la oposición”.
Al mismo tiempo, dice Campos, la huella más problemática está ligada a la contribución, aunque no de manera intencional, a instalar a la ultraderecha de la mano del Partido Republicano, como una alternativa real de gobierno. “Algo muy distinto a lo que habría ocurrido con una centroderecha más tradicional, que probablemente habría fortalecido a los sectores moderados del sistema político”, asegura.

En tanto, Roberto Munita ve en el cierre administrativo del ciclo destacarán los proyectos alcanzados en materia laboral y previsional como la jornada laboral de 40 horas y la reforma previsional. “Creo que será recordado principalmente por lo que hizo. Los aprendizajes son importantes, pero no construyen una marca política y, además, suelen tener mal recuerdo en la gente”, dice.
Un aprendizaje que puede servir como lección para el futuro del Presidente Kast, quien al igual que Boric, contará sin una mayoría parlamentaria sólida. “No hay que dar nada por garantizado ni por obvio. Incluso una mayoría relativa en el caso de Kast, obliga siempre a sentarse a la mesa con los adversarios políticos“, dice Munita.
Una tarea que, en la experiencia reciente, ha demostrado ser difícil. “El precedente complejo fue cuando tuvieron mayoría en el Consejo Constitucional, donde no hicieron los esfuerzos necesarios para construir acuerdos más amplios que contribuyeran a una propuesta transversal”, manifiesta como un error que “no pueden volver a cometer ahora desde el gobierno”.
Hernán Campos es más cauto, y considera que el ejercicio de negociar con el Parlamento y aun así avanzar, le dio al gobernante “una comprensión distinta de la política”, quien había estado desde la otra palestra como exdiputado por la región de Magallanes. “Ese aprendizaje tuvo costos políticos, como la salida de Giorgio Jackson, pero también dejó lecciones importantes”, sentencia.

De aquí a lo que resta de mandato, es difícil que avancen grandes reformas. Los analistas creen que la tramitación de la ley de reajuste fiscal -aprobado recientemente en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados- y el reemplazo del CAE con el Financiamiento de la Educación Superior (FES) - que reactivó su discusión en la comisión de Educación del Senado- son difíciles de asegurar en el corto tiempo. Mientras tanto, la evaluación, en lo sustantivo, ya está hecha y quedará reflejada en la opinión ciudadana una vez terminado su mandato.
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