La carrera de la minería para descarbonizar sus procesos
El sector tuvo un rol fundamental en la masificación de las energías renovables y hoy impulsa el reemplazo de combustibles fósiles con la electrificación de sus procesos. Pero, para alcanzar la meta de carbono neutralidad, queda un camino largo: reemplazar las grandes cantidades de diésel que consumen los camiones de extracción de alto tonelaje, los icónicos equipos CAEX.

No existe hoy un desafío más grande para la industria minera que la transición energética. Y a pesar de los avances de los últimos años, con un aumento del consumo de electricidad en sus procesos que corresponde al 35% de la electricidad consumida por el país, dos premisas sustentan esta afirmación: en primer lugar, la producción de minerales como el cobre o el litio son críticos para el éxito de la descarbonización en el mundo. Y el segundo punto es que las empresas mineras deben avanzar en sus propios procesos de adopción de energías más limpias en medio de la presión ejercida por sus propios clientes que exigen altos requerimientos en materia de sostenibilidad.
Esto explica que se sucedan los anuncios de acciones dirigidas a reducir las emisiones de los procesos productivos de la minería, con foco en avanzar hacia la carbono neutralidad. Un ejemplo es Codelco, que recientemente lanzó su primer Reporte de Cambio Climático, donde detalla sus compromisos de descarbonización y estado de avance. Entre sus puntos centrales, se compromete a seguir avanzando en la reducción de sus emisiones, por ejemplo, a través de la electrificación de todos sus vehículos de transporte de personal a 2040. Esto, en línea con la mirada en que “el cambio climático deja de ser un desafío externo y se convierte en un eje robusto de nuestra estrategia de negocio”, según señaló durante el lanzamiento de esta hoja de ruta su presidente ejecutivo, Rubén Alvarado.
Eliminar el diésel
La minería hoy se encuentra a mitad de camino en esta carrera. Gran parte de la tarea está hecha gracias a la adopción masiva de energías renovables. De hecho, su masificación en Chile se explica, en gran medida, porque la minería fue pionera en la firma de contratos certificados de suministro de electricidad 100% renovable. Procesos como la molienda de mineral mediante chancadoras y concentradoras en la gran minería ya bordean el 97% en uso de electricidad. Y también hay avances, como muestra el caso de Codelco, en la electrificación de procesos donde ya existen soluciones probadas y rentables.
Pero lo más difícil es lo que viene: eliminar el diésel de los grandes equipos CAEX (Camiones de Extracción de Alto Tonelaje), que consumen grandes volúmenes -del orden de 3.600 litros al día por camión- y donde, hasta ahora, no hay una tecnología de reemplazo que logre consenso en la industria. Esto es fundamental para alcanzar las metas de reducción de emisiones, pues según distintos cálculos, entre el 50% y hasta el 70% de las emisiones de Alcance 1 (las emitidas por procesos propios) en la minería corresponden a equipos CAEX.

“Aún no existe una alternativa tecnológica madura baja en emisiones que reemplace a los camiones CAEX a escala comercial”, señala la directora de Estudios y Políticas Públicas de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), Patricia Gamboa.
Pero, pese a ello, las empresas han avanzado en el desarrollo de proyectos para dar ese gran paso que las acerque de manera decidida a la carbono neutralidad. Un proyecto que ha destacado en la minería mundial asociada a la eliminación del diésel en equipos CAEX se presentó recientemente en Chile, en la mina Collahuasi, llamada Trolley Assist. Se trata de un sistema que electrifica un tramo clave de un kilómetro entre la mina y el botadero, donde se concentra el mayor consumo energético del ascenso con carga, mediante un brazo retráctil que alimenta los motores durante el trayecto y que consigue una reducción de 98% el consumo de diésel y de 97,6 % las emisiones de CO₂ en ese tramo en particular.
Otras soluciones han considerado el hidrógeno (verde) como alternativa para el reemplazo del diésel, como es el caso del prototipo de camión a hidrógeno presentado en 2022 por Anglo American en su faena de Mogalakwena, en Sudáfrica.

Más recientemente, en septiembre, dos gigantes de la industria de proveedores de la minería, Cummins y Komatsu, firmaron un memorando de entendimiento (MOU) para avanzar de manera conjunta en el desarrollo de sistemas de propulsión híbridos para equipos de minería pesada, con el objetivo de presentar sus primeras soluciones antes de 2030 que, además, incorporen avances en materia de eficiencia energética y autonomía.
El desafío, coinciden en la industria, es dar con soluciones que no solo consigan los objetivos ambientales, sino que a la vez sean rentables. Pero hay confianza: los sistemas de almacenamiento, por ejemplo, están siendo cada vez más competitivos, como también los motores eléctricos de menor tamaño para buses o flotas de camionetas. Y lo mismo ocurrió con las energías solar y eólica, que hoy son tanto o más competitivas que las energías convencionales.
Un reciente reporte de BHP -que opera las minas Escondida y Spence en Chile- refrenda este punto. “Muchas de las tecnologías que necesitaremos para alcanzar nuestro objetivo de cero emisiones netas a largo plazo aún no están listas para su implementación”, señala, lo que, no obstante, no cambia sus expectativas de reducción de emisiones: reducir en 30% las emisiones de Alcance 1 y 2 a 2030 en comparación con las cifras de 2020, y lograr las cero emisiones netas para 2050.
Trabas a la electrificación
Según Javier Bustos, director ejecutivo de Acenor -gremio que reúne a los grandes clientes eléctricos libres, no regulados-, la minería es uno de los sectores más electrificados, ya que entre un 40% y un 50% del consumo energético es eléctrico, mientras que en el resto de la economía no supera el 20%. “En todo caso, lo que se ha estado observando en los clientes eléctricos mineros es un interés en desarrollar proyectos de electrificación de los camiones CAEX”, indica.
Para lograrlo, Bustos detecta distintas barreras: precios de la electricidad, calidad de servicio y configuración del sistema eléctrico, entre otras.
“Los clientes necesitan un suministro eléctrico confiable y a precios competitivos para aumentar sus consumos eléctricos. Lamentablemente, los costos de la electricidad han ido al alza en los últimos años, lo que desincentiva electrificar más consumos. También, cuando la calidad del servicio, particularmente en redes de distribución no es buena, con cortes frecuentes o incertidumbre, no se generan las condiciones para la electrificación. El cliente necesita certidumbre de que no va a tener problemas de suministro frecuentes”, señala al respecto.
“Finalmente, no existen incentivos ni regulación enfocada en las necesidades de los clientes en cuanto a sus consumos. Por ejemplo, el cliente hoy no tiene prioridad para conectarse a la red de transmisión y compite con proyectos de generación o almacenamiento por puntos de conexión. Tampoco tiene información pública sobre precios de suministro eléctrico en caso de que sea cliente no regulado. Todo esto termina dificultando que los clientes se electrifiquen”, concluye Bustos sobre este punto.
Más uso de gas
Para Patricia Gamboa, de Cochilco, también es importante mirar con atención un punto intermedio, es decir, soluciones que, si bien no prescinden de los combustibles fósiles, sí permiten reducir de manera sustancial sus emisiones. “Las empresas también han estado llevando a cabo una sustitución gradual de algunos procesos basados en combustibles altos en emisiones por alternativas con menor huella de carbono, como el gas licuado o el gas natural. Durante la última década ha aumentado el uso de gas natural licuado en la minería del cobre, principalmente debido a la adopción de este combustible por parte de compañías privadas. En paralelo, en el mismo periodo se observa una reducción significativa en el uso de combustibles altamente contaminantes, como el carbón, tanto en la minería privada como en la estatal”, destaca.
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