Especial Mes de la Mujer: Las marcas apuestan por ellas
Las firmas automotrices locales incorporan a mujeres deportistas como embajadoras para visibilizar el talento femenino, transmitir valores y generar impacto social: más oportunidades, referentes y políticas que permitan reducir la brecha de apoyo en el deporte de alto rendimiento.

En un país donde el deporte femenino de alto rendimiento ha recibido históricamente poco apoyo y visibilidad, varias marcas automotrices están cambiando el tablero: no solo patrocinan talento, sino que lo elevan como eje de su comunicación y propósito. ¿Por qué lo hacen? Porque ven en estas deportistas valores afines —disciplina, resiliencia, superación y liderazgo— y una oportunidad para impulsar visibilidad, equidad y conexión con públicos más diversos.
Riddara pone su sello en las hermanas Antonia y Melita Abraham (remo, ya que “representan la conexión con la naturaleza, la motivación de enfrentar desafíos y romper límites”, dice Maripaz Teran. “Su espíritu aventurero encaja con la propuesta de una pickup que explora sin renunciar a la aventura”, añade, y la marca las concibe como amplificadoras del deporte femenino.

Mazda eligió a Bárbara Hernández (natación en aguas gélidas) porque encarna el “espíritu Mukainada” de levantarse y desafiar límites. Marcela Kuhn, marketing manager de la marca subraya su resiliencia y disciplina. “Esa combinación de valentía, pasión y perseverancia refleja nuestra filosofía de conexión humana”. Kuhn agrega que apoyar a Bárbara es también “apostar por historias que inspiran y enseñan resiliencia. Creemos que visibilizar estas trayectorias ayuda a construir referentes que van más allá del deporte: educan en perseverancia y esperanza”, afirma la ejecutiva.

La mejor futbolista de la historia de Chile es Tiane Endler, quien es apoyada por Kia por su excelencia y liderazgo global. “No se trata solo de deporte, sino de apoyar referentes que inspiran a nuevas generaciones”, resume Sebastián Miranda, y señala que Endler ayuda a visibilizar oportunidades para niñas que sueñan con el fútbol profesional.
Por su parte, Mitsubishi apuesta por Valentina Toro (karate) como espejo de su ADN japonés de mejora continua. “El karate es un camino de autodisciplina y superación constante”, afirma Natalia Isla. Su apoyo busca ser “un aliado estratégico” para que la atleta se concentre en romper sus propias marcas. “Invertimos en procesos, no en apariencias; buscamos que nuestras deportistas cuenten con respaldo real para entrenar y competir”, dice Isla.

JAC dio un paso institucional al convertirse en auto oficial del Team Chile rumbo a Los Ángeles 2028; entre sus 10 embajadores, cinco son mujeres —Catalina Vidaurre (MTB), Tania Zen (tenis de mesa), Isidora Jiménez (atletismo), Estela López (surf) y Macarena Pérez (BMX). Alejandra Figueroa destaca la urgencia de revertir la alta deserción femenina en la adolescencia: “Queremos ser un motor para que más niñas permanezcan en el deporte y vean un futuro posible”.

Para JAC, el balance de género entre embajadores también ayuda a conectar con quienes toman decisiones familiares de compra. “Quisimos poner en valor a las mujeres deportistas, sobre todo porque enfrentan condiciones más exigentes para dedicarse a su disciplina. Una mujer deportista equilibra su deporte con su vida familiar y sus estudios y/o trabajo. Y cuando me refiero a su vida familiar no sólo hablo de las atletas que ya son mamás, sino también de las que aún no lo son y quieren serlo en el futuro. Perseguir tus sueños deportivos implica, en la gran mayoría de los casos, tomar decisiones sobre la maternidad que no son triviales, y como marca esperamos poder contribuir a sus historias de vida”, señala Figueroa.

Subaru, que acompaña a Dominga Jácome (triatlón), subraya una relación de largo aliento con el deporte: “no se trata solo de llegar a una meta, sino de todo lo que hay en el camino”, comenta Alejandra Marfán, destacando perseverancia y conexión con la naturaleza.
Las marcas también reconocen las barreras: financiamiento limitado, falta de infraestructura y escasa visibilidad mediática. Por eso su participación busca ser más que logos en una camiseta. “Buscamos amplificar trayectorias y generar condiciones reales para entrenar y crecer”, explica Maripaz Teran. En paralelo, varias empresas impulsan acciones concretas —programas de apoyo, difusión y acompañamiento profesional— para que el respaldo sea sostenible en el tiempo.

Más allá del patrocinio, estas alianzas producen un efecto multiplicador: generan referentes, animan a niñas a permanecer en el deporte y presionan por políticas públicas e inversión privada. Como resume Sebastián Miranda, “las mujeres que desafían límites abren camino para otras”: el patrocinio corporativo, cuando es consistente, no solo potencia resultados deportivos sino que contribuye a una cultura más igualitaria y a una sociedad que reconoce el esfuerzo femenino como capital social y simbólico.
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