Por Cristina CifuentesCrisis en Irán: la preocupación de sus rivales del Golfo y las divisiones de la oposición que le impiden tener un líder
Aunque en público se han mantenido en silencio, según el diario The Wall Street Journal, entre bastidores, Arabia Saudita, Omán y Qatar le han dicho a la Casa Blanca que un intento de derrocar al régimen iraní sacudiría los mercados petroleros y, en última instancia, perjudicaría la economía estadounidense.

La posibilidad de que el Presidente Donald Trump realice una operación militar en Irán ha generado preocupación entre sus países rivales del Golfo, como Arabia Saudita, los que han estado presionando a Estados Unidos para que no ataque a Teherán.
Las protestas contra el régimen del ayatola Alí Jamenei, que comenzaron el 28 de diciembre inicialmente debido al colapso de la moneda iraní, ya han dejado al menos 2.400 muertos, según el grupo Activistas de Derechos Humanos en Irán. Sin embargo, fuentes informaron a CBS News que se teme que los fallecidos sean al menos 12.000 personas.
La organización de activistas indicó que más de 140 miembros de las fuerzas de seguridad gubernamentales fueron asesinados y que más de 18.000 personas fueron detenidas.
Si bien Trump no ha especificado qué acciones llevará adelante en la República Islámica, ha realizado distintas declaraciones en las que lanza advertencias. En una publicación en redes sociales el martes, el mandatario advirtió que los funcionarios iraníes “pagarán un alto precio” por cualquier acto de violencia y prometió a los ciudadanos iraníes que “LA AYUDA ESTÁ EN CAMINO”. Aseguró que cancelaría todas las reuniones con funcionarios iraníes hasta que cesaran los asesinatos.
Más tarde, en una entrevista en el canal CBS, amenazó con “tomar medidas muy enérgicas” si las autoridades iraníes comienzan a ahorcar a los manifestantes antigubernamentales esta semana.
Al respecto, Trump anunció este miércoles en la Oficina Oval que las ejecuciones en Irán se detendrían. Afirmó que no había más planes de ejecuciones en el país después de que se temiera que el comerciante local Erfan Soltani, de 26 años, fuera ejecutado por ahorcamiento durante la jornada. La familia del manifestante declaró a Sky News que no fue ejecutado. Soltani iba a ser la primera persona ejecutada en la brutal represión de las protestas que azotan a la República Islámica.
“Nos han dicho que las matanzas en Irán están cesando y que no hay planes de ejecuciones”, afirmó Trump. “Me han dicho que, de buena fuente, lo averiguaremos. Si sucede, nos enojaremos mucho”. Añadió: “Las matanzas han cesado, las ejecuciones han cesado”.

Dos funcionarios europeos afirmaron a Reuters que la intervención militar estadounidense parecía probable, y uno de ellos afirmó que podría producirse en las próximas 24 horas. Un funcionario israelí también afirmó que Trump parecía haber tomado la decisión de intervenir, aunque aún no se habían aclarado el alcance ni el momento.
Aunque en público se han mantenido en silencio, según el diario The Wall Street Journal, entre bastidores, Arabia Saudita, Omán y Qatar le han dicho a la Casa Blanca que un intento de derrocar al régimen iraní sacudiría los mercados petroleros y, en última instancia, perjudicaría la economía estadounidense, según funcionarios del Golfo Pérsico que hablaron con el periódico. Sobre todo, temen las consecuencias en casa.
Los Estados árabes temen que los ataques contra Irán puedan interrumpir el movimiento de los petroleros a través del Estrecho de Ormuz, la angosta vía fluvial en la desembocadura del Golfo Pérsico que divide a Irán de sus vecinos árabes y por donde pasa alrededor de una quinta parte de los cargamentos de petróleo del mundo.
Mientras que los funcionarios sauditas han asegurado a Teherán que no se involucrarán en un posible conflicto ni permitirán que Estados Unidos utilice su espacio aéreo para ataques, en un esfuerzo por distanciarse y evitar la acción estadounidense, según funcionarios de ese país que conversaron con The Wall Street Journal.
Los países del Golfo, muchos de los cuales han sufrido daños en los ataques de Irán y sus aliados en los últimos años, sienten poca simpatía por Teherán. Sin embargo, temen el impacto en la economía y la política de sus propios países en caso de una escalada en Irán, o de la caída del líder supremo iraní, Alí Jamenei.
Según los analistas, Arabia Saudita es especialmente sensible a la creciente precariedad de la situación. El reino ordenó a los medios locales que limitaran tanto su cobertura como su apoyo a las manifestaciones para evitar represalias iraníes.

“No sienten ningún aprecio por el régimen iraní, pero también sienten una gran aversión por la inestabilidad”, afirmó a The Wall Street Journal, Michael Ratney, quien fue embajador de Estados Unidos en Arabia Saudita durante la administración de Joe Biden. “Una vez que se abre la caja de Pandora de un cambio de régimen, ya sea orgánico desde dentro o instigado desde fuera, se genera una enorme incertidumbre en un momento en que eso es lo último que desean”.
Posible ataque
Pese a la cautela de los países árabes, Estados Unidos está retirando parte de su personal de sus bases clave en Medio Oriente como medida de precaución, dijo a Reuters el miércoles un funcionario estadounidense, después de que un alto funcionario iraní asegurara que Teherán había advertido a sus vecinos que atacaría bases norteamericanas si Washington iniciaba una ofensiva.
Tres diplomáticos dijeron a la agencia que ya se había recomendado a algún personal que abandonara la principal base aérea estadounidense en la región en Qatar, aunque no había señales inmediatas de una evacuación de tropas a gran escala, como ocurrió en las horas previas a un ataque con misiles iraníes el año pasado.
Irán “nunca se había enfrentado a tal magnitud de destrucción”, declaró el miércoles el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Abdolrahim Mousavi, culpando a los enemigos extranjeros.

Los tres diplomáticos dijeron a Reuters que se había recomendado a algunos miembros del personal que abandonaran la base aérea Al-Udeid del Ejército estadounidense en Qatar el miércoles por la noche.
Uno de los diplomáticos describió la medida como un “cambio de postura” más que una “evacuación ordenada”. No había indicios de que las tropas estuvieran siendo trasladadas de la base a un estadio de fútbol y un centro comercial cercanos, como ocurrió en junio pasado, horas antes de que Irán atacara la base con misiles en represalia a los bombardeos estadounidenses.
Por otro lado, el diario The Times of Israel reportó que el avión oficial del Estado israelí, “Ala de Sión”, abandonó el espacio aéreo israelí y se dirigía hacia el Mediterráneo desde la base de la Fuerza Aérea Nevatim, cerca de Beersheba.
Funcionarios anónimos citados por varios medios niegan que la medida tenga que ver con Irán y afirman que el avión está participando en una misión de entrenamiento programada regularmente.
El 13 de junio, horas después de que Israel lanzara su ataque contra las instalaciones de misiles nucleares y balísticos iraníes, “Ala de Sión” despegó del aeropuerto Ben Gurion.
Antes del ataque con misiles y aviones no tripulados de Irán contra Israel el 13 de abril de 2024, el “Ala de Sión” había despegado de la base aérea de Nevatim, que luego fue el objetivo.
División en la oposición
Ante la ausencia de un líder opositor claro en Irán, Reza Pahlavi, hijo del sha depuesto en 1979, ha llenado el vacío, convocando desde Estados Unidos manifestaciones y huelgas. Tras llamar a los iraníes a salir a las calles la semana pasada, enormes multitudes se manifestaron para expresar su ira, que ha evolucionado rápidamente del descontento con las precarias condiciones económicas a exigencias directas de derrocar al gobierno.
Según explicó el diario The Washington Post, la oposición del país es diversa, ya que incluye minorías étnicas, republicanos, monárquicos, izquierdistas y antiguos partidarios de la República Islámica. Los grupos mantienen opiniones apasionadas y divergentes. “Por ejemplo, sobre la forma que debería adoptar un futuro gobierno y sobre el grado de autonomía regional que debería otorgarse a las minorías iraníes”, indicó.
Los expertos señalaron que una oposición dividida reduce la probabilidad de una caída pacífica del régimen y al no existir una oposición unificada y organizada, sería difícil atraer a la considerable proporción de iraníes que, aunque se oponen al sistema islámico, se muestran reacios a protestar sin una mayor confianza en una transición fluida.
Ninguna otra figura de la oposición tiene el reconocimiento del nombre de Pahlavi ni la nostalgia que este evoca. La mayoría de los iraníes vivos hoy en día nacieron mucho después de la revolución islámica de 1979, cuando su padre, Mohammad Reza Pahlavi, fue derrocado como sha de Irán tras casi cuatro décadas en el poder. “A medida que la miseria económica y el aislamiento internacional se han profundizado, los iraníes han recordado cada vez más la era prerrevolucionaria como una época en la que Irán era próspero y respetado”, indicó el diario.
“Pero en lugar de intentar forjar una coalición con iraníes de otras tradiciones políticas, como intentó la última vez que hubo grandes disturbios en Irán, Pahlavi se ha presentado esta vez como el líder indiscutible de la oposición, señalando que los manifestantes dentro del país han coreado a menudo consignas promonárquicas. Debido al bloqueo de internet por parte del gobierno, no está claro si la gente ha atendido el llamado de Pahlavi a la huelga en sectores clave de la economía”, añadió el periódico estadounidense.
The Washington Post recordó que la intensidad de estas divisiones se hizo evidente durante las protestas de 2023. Cuando las figuras más prominentes de la diáspora iraní anunciaron la formación de una coalición para trabajar por un Irán laico y democrático, sus miembros, entre ellos una activista por los derechos de las mujeres, una reconocida actriz y Pahlavi, acordaron dejar de lado sus profundas diferencias.
Pero menos de dos meses después, la coalición se había desmoronado, dividida por desacuerdos sobre la membresía, una falta de pensamiento estratégico y de organización, y la dura oposición de gran parte de la base de apoyo de Pahlavi, según relatos públicos y privados de varias personas involucradas que hablaron con el Post.
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