Por Juan Paulo IglesiasEduardo Hodge, historiador: “Ese gran éxito de la modernidad, llamado Estado-nación hoy está en crisis”
Para el académico de la Universidad Gabriela Mistral y coordinador del libro Occidente imperecedero, vivimos una época donde los grandes cánones sobre los cuales se sostenía la cultura occidental están siendo desafiados. “Creo que estamos en un momento sumamente delicado”, asegura.
“Los intelectuales del siglo XVIII hablaban del espíritu de la época, hoy el espíritu de nuestra época es el relativismo, el nihilismo, la fragmentación”, dice Eduardo Hodge. Para el historiador y director de la escuela de humanidades de la Universidad Gabriela Mistral eso explica la realidad que hoy enfrenta el mundo Occidental, atravesado por un creciente clima de incertidumbre sobre el futuro. Un punto que motiva la reciente publicación de “Occidente imperecedero” (Ed. Universidad Gabriela Mistral), un libro que reúne una serie de ensayos de académicos nacionales y extranjeros sobre el momento actual que atraviesa la sociedad occidental, desafiada por el ascenso de China y también por las amenazas internas que están poniendo en cuestión los consensos que estuvieron en su origen.
El título del libro remite a Occidente, pero ¿qué entendemos por Occidente?
Si nos remitimos a la gran tesis de Samuel Huntington, Occidente es una de las ocho civilizaciones que han existido a través de la historia. Y entendemos por civilización un bloque cultural en el que convergen la historia, la lengua, la cultura, las tradiciones, la religión, las instituciones, etcétera. Huntington ve esta civilización como un conjunto de actitudes, aptitudes, culturas, idiosincrasias que se van diferenciando de las otras siete. Probablemente la más rivalizante de estas culturas hoy es la civilización china. Está la idea de que la civilización china está poniendo en riesgo la hegemonía de la cultura occidental y de alguna forma nosotros pusimos este oxímoron de “imperecedero” al título de libro, porque Occidente viene de occidere, o sea, ocaso. Oriente es donde se origina el sol y Occidente donde se pone. Hasta el día de hoy muchas culturas orientales creen tener esta hegemonía o esta primacía, porque con ellas surge el sol. De ahí viene el concepto imperecedero. Es un oxímoron, porque Occidente es lo que es, donde se produce el ocaso, pero es algo que no ha muerto, que no ha terminado.
Y ¿cuál es la idea central que motivó el libro?
De alguna forma, la tesis que plantea la diversidad de textos que conforman el libro es que Occidente tiene muchas particularidades y probablemente una de las más importantes tiene que ver con la mirada, la reflexión que tiene respecto a la dignidad humana que otras culturas y otras civilizaciones, en estricto rigor, no la tienen.
¿Por qué esa idea de la persona es distinta en Occidente?
Los tres grandes pilares de la cultura occidental que la hacen única, que son los tres grandes legados del mundo occidental, son, en primer lugar, la tradición helénica. La filosofía, la democracia, el concepto de ciudadanía que eran propios del mundo helénico. Si yo tuviera que sintetizar en un solo concepto, es el valor de la democracia. El segundo gran pilar es el cristianismo. Y dentro de esa mirada o de esa observación que hace el cristianismo, hay una singularidad que es única, que tiene que ver con esta idea de que el ser humano es único, irrepetible. Y el tercer gran pilar es lo que nosotros conocemos como las tradiciones jurídicas tanto del mundo romano como del mundo germano. Sintetizando, están el concepto de la libertad, de la dignidad y finalmente la justicia. Algo que nos cuesta mucho entender, es que los chinos no creen en los derechos humanos, como cultura, como idiosincrasia, porque el colectivo está por sobre el individuo. Nosotros en el mundo occidental hemos defendido la tesis distinta, que el individuo está por sobre cualquier otra construcción. Para ellos, el colectivo está por sobre el individuo. Para nosotros el individuo está sobre el colectivo.
Y ¿qué efectos ha tenido eso en la cultura occidental?
Nosotros hemos sobreidealizado al individuo y nos hemos olvidado del colectivo. Eso favorece sociedades más egoístas y ese es uno de los puntos que planteo en el capítulo que escribí sobre la posmodernidad. Eso es muy interesante. El liberalismo sostiene que el individuo es rico por su propia naturaleza. Pero el liberalismo en ningún caso sostiene que el individuo excluya el colectivo. El individuo es parte de un colectivo. Adam Smith, en La riqueza de las naciones lo deja súper claro y eso es muy bonito entender, porque como que nos costó entender mucho tiempo a Adam Smith. Adam Smith estaba preocupado de la moral, de los sentimientos. Él creía que uno de los grandes problemas de su época era el egoísmo. Sin embargo, la posmodernidad nos ha instalado la idea del hiperindividualismo, que no es propio ni del liberalismo ni del neoliberalismo. El neoliberalismo se distancia del liberalismo un poco en ese sentido, pero el hiperindividualismo tiene que ver con esta idea de que el ser humano está para sí mismo, que solo se entiende por sí mismo y a través de sí mismo y que no depende de nadie.

¿Por qué cree que se llega a ese extremo?
Después de la Segunda Guerra Mundial todos los grandes cánones se cayeron. Pasó con Nietzche. Con la Primera Guerra Mundial todos los preceptos de Nietzche se cumplen y después viene la Segunda Guerra Mundial que botó todo. A partir de entonces empieza a configurarse la idea de la posmodernidad, que nace, en primer lugar, de pensadores marxistas. Todos sus grandes teóricos, Bauman, Braudillard, Foucault, son marxistas, postmarxistas o neomarxistas, que estaban muy en sintonía con la Escuela de Frankfurt. Ellos dicen mira, no vamos a profundizar en la revolución económica, vamos a profundizar en la revolución cultural y, por ahí, Foucault y otros grandes intelectuales fueron capaces de erosionar las bases de la cultura occidental desde adentro. Eso es un poco lo que tenemos hoy, estos micro nacionalismos, estas fragmentaciones que hemos visto en el mundo occidental.
Y ¿cuál es la diferencia central entre la modernidad y la posmodernidad?
La modernidad, como la conocemos siempre ha defendido las tesis de las grandes verdades, la ciencia, la figura de Dios, la nación, el Estado. ¿Qué es lo que hace la posmodernidad? De alguna forma erosiona cada uno a esas grandes verdades, relativizándolas. Si hubiera que sintetizar los tres grandes ideales de la posmodernidad, en primer lugar está la relativización de todo, todo es posible. En segundo lugar, la fragmentación. Divide et impera, decían los romanos. Esta idea de que si nosotros dividimos la sociedad desde dentro vamos a generar esta permanente fricción. Un tercer elemento, que está muy en sintonía con lo anterior, es esta idea del nihilismo. Como Dios ya no existe, como las instituciones ya no existen, como las relativizamos todas, de alguna forma sembramos en la sociedad occidental el sin sentido.
¿Cómo juega todo eso con los avances tecnológicos, con las redes sociales?
No soy experto en tecnología, pero tiendo a pensar que las redes sociales, los medios tecnológicos, nos ha permitido acceder a una información que hace diez, 15 años no teníamos. Lo que han hecho es hacerlo en simple, acercarlo y que a la gente le haga sentido. De alguna forma absorben las grandes tesis propias de la posmodernidad. Hoy Occidente está siendo golpeado desde dos grandes frentes. El frente interno que tiene que ver con todas estas ideas que desde adentro han erosionado las bases de la cultura occidental. Y por otra, tenemos una China que está muy preocupada por su hegemonía mundial, su objetivo de ser la potencia central y de alguna forma eso implica debilitar a Estados Unidos. Han utilizado a la prensa, a las redes sociales, han utilizado todos los mecanismos de comunicaciones y han masificado este discurso de que ellos son el pueblo ordenado, ellos son los grandes referentes. Mientras Estados Unidos tiene la escoba adentro, ellos son el símbolo del orden y la estabilidad.

Una de las grandes creaciones del mundo occidental es la democracia. ¿Cree que la democracia está en una crisis terminal?
El mundo occidental hoy está en crisis. Podemos ver, por ejemplo, las retóricas que usan los presidentes. Vemos lo que está pasando. Basta ver la figura del presidente Donald Trump. Con su estilo, con su forma, ha erosionado las bases del sistema. Y si nos vamos a América Latina, también. Cada vez que hay una elección en México, por ejemplo, mueren 100, 110 reporteros gráficos, periodistas. Vemos además cómo los poderes del Estado se están enfrentando, las retóricas que observamos en Argentina, lo que pasa en Colombia, lo que vemos en Chile. Si nos remitimos a votar en cada elección, podemos decir que seguimos siendo democráticos, pero la cultura democrática, donde prevalece la tolerancia, el respeto hacia las personas, hacia las instituciones, se ha debilitado. Creo que estamos en un momento sumamente delicado.
El concepto del Estado-Nación, otra creación de Occidente, también parece estar en crisis.
Así es. El gran éxito de la modernidad fue el haber hecho de las comunidades, estados soberanos, estables, prósperos. Pero ese gran éxito llamado Estado-nación, que nos permitió construir una comunidad, nos permitió tener sistemas económicos, financieros relativamente estable, hoy está en crisis, porque las instituciones están debilitadas. Un ejemplo muy interesante tiene que ver con las universidades. En el mundo occidental generalmente las instituciones que gozaban de mayor prestigio eran las universidades. La gran pregunta es por qué ahora está todo el mundo planteando las tesis de que no es necesaria la universidad, de que la universidad no genera retorno. ¿Qué es lo que se ve, entonces? En primer lugar, un gran debilitamiento de las instituciones, partiendo por la figura del Presidente hacia abajo. Luego la clase política, o sea, uno se va a las instituciones de representación popular, el Senado, la Cámara de Diputados, están en el último lugar con un 3% o 4% de aprobación. Hay una crisis institucional. Sin embargo, nos estamos dando cuenta ahora que las instituciones eran importantes y creo que pronto tiene que haber un despertar o si no esto nos va a llevar al abismo.
¿Y cómo podría venir ese despertar?
Creo que los sectores políticos tienen que darse cuenta que tienen una responsabilidad común. El Estado nos ordena, nos ordena jurídicamente. La nación de alguna forma nos hace parte. Convivir en ese entorno, nos invita a pensar y una cosa muy linda que tiene que ver con el orden democrático, es la idea de bien común. Es decir, tú y yo somos distintos, pero perseguimos un mismo bien común y para poder perseguir ese bien común tenemos que llegar a consensos, tenemos que llegar a acuerdo. Entonces, mientras no haya un despertar respecto a lo importante que es el bien común es difícil avanzar y de alguna forma, hoy, ese bien común ya no existe.
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