En el poder hasta 2027: comunidad internacional acorrala a Ortega tras cuestionada reelección en Nicaragua

Ciudadanos nicaragüenses exiliados en Costa Rica realizan una manifestación contra las elecciones en Nicaragua y el Presidente Daniel Ortega, en San José. Foto: AFP

Tras la reelección del mandatario con un 74,9% de votos, distintos gobiernos no titubearon en desconocer los resultados del domingo, deslegitimando la victoria del Frente Sandinista de Liberación Nacional.




En 2016, el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, fue reelegido con un 72,44% de los votos, en medio de acusaciones de la oposición de un “triunfo” de la abstención y con los ojos del mundo siguiendo los signos de autoritarismo en el Ejecutivo. Ahora, un día después de las elecciones del domingo en las que el exguerrillero sandinista se proclamó electo otra vez, la comunidad internacional no titubeó en desconocer en bloque los resultados electorales, deslegitimando la victoria del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Y no podía ser de otra forma. Su polémico triunfo, en unos comicios con sus principales adversarios tras las rejas, permitirá a Ortega mantenerse en el cargo hasta 2027.

La página del Consejo Supremo Electoral de Nicaragua (CSE) funciona con intermitencias desde anoche. El último escrutinio oficial, con casi 50% de las urnas contabilizadas, otorga al orteguismo un 74,9% de respaldo electoral, con una participación de 65,34%. Sin embargo, el observatorio independiente Urnas Abiertas cifró en un 81,5 % la abstención. La escasa presencia de prensa independiente en territorio nicaragüense -ante la prohibición de ingreso de periodistas extranjeros- se hizo evidente con colegios electorales semivacíos.

El Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, levantando el pulgar después de emitir su voto durante las elecciones generales, en Managua. Foto: AFP

Según el diario local Confidencial, las mesas de votación no tenían filas y los pocos que acudieron no tardaban más de 10 minutos en el proceso. La oposición excluida de participar en las elecciones, los exiliados y la Asociación Madres de Abril lanzaron una campaña días antes para desaconsejar emitir el sufragio en señal de rechazo.

Los criticados comicios tuvieron lugar tres años después de un estallido social que dejó más de 300 fallecidos y luego que el gobierno sandinista acelerara desde junio la represión a la oposición, la que se materializó con la detención de más de 30 líderes, entre ellos los siete precandidatos que eran catalogados como la opción para remover al orteguismo de la presidencia. Frente a este escenario, instancias internacionales, como la Organización de Estados Americanos (OEA), la ONU y la Unión Europea (UE) rechazaron por adelantado la votación al señalar que no contaban con las garantías democráticas mínimas, como la observación de veedores para evitar cualquier irregularidad en el proceso.

El primer país en realizar un pronunciamiento sobre la situación en Nicaragua fue su vecino, Costa Rica. A medida que transcurría la jornada electoral, cientos de nicaragüenses exiliados -a la fecha alrededor de 40 mil ciudadanos salieron de Managua a San José- se reunieron en distintos puntos para protestar contra el gobierno de Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. El Presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, denunció la noche del domingo que ante la “carencia de condiciones y garantías democráticas, no reconocemos las elecciones en Nicaragua. Hacemos un llamado al gobierno para que libere y restituya los derechos de los presos políticos”.

Simpatizantes del Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ondean banderas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en la Plaza Victoria de Managua. Foto: AFP

“Pantomima”. Así, el mandatario de Estados Unidos, Joe Biden, catalogó los comicios nicaragüenses al tildar de “autócratas” a la familia Ortega y Murillo, y no cerrar la puerta a nuevas rondas de sanciones que podrían asfixiar a la ya golpeada economía local. Desde 2018, la Casa Blanca impuso una serie de castigos económicos, como la Nica Act para frenar flujos de financiamiento a oficinas del gobierno de Ortega. La semana pasada, el Congreso norteamericano aprobó la Ley Renacer que podría eventualmente bloquear los beneficios obtenidos por Nicaragua con el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica.

“Estados Unidos, en estrecha coordinación con otros miembros de la comunidad internacional, utilizará todas las herramientas diplomáticas y económicas a nuestra disposición para apoyar al pueblo de Nicaragua y responsabilizar al Gobierno de Ortega-Murillo”, señaló Biden en un comunicado.

La UE a través del encargado de Asuntos Exteriores del bloque de 27 miembros, Josep Borrell, rechazó los resultados y anunció que estudian “medidas especiales”. “La UE ha evitado cuidadosamente cualquier medida que pudiera agravar las dificultades del pueblo nicaragüense y se ha dirigido sistemáticamente solo a los responsables de los sucesos antidemocráticos en Nicaragua. Estudiaremos todos los instrumentos a nuestro alcance para adoptar medidas adicionales, incluidas aquellas que puedan ir más allá de las restricciones individuales”, señaló.

Un ciudadano nicaragüense durante una protesta contra el Presidente Daniel Ortega en la Plaza de la Constitución, en Guatemala. Foto: AP

En paralelo, Alemania y España emitieron sus propios comunicados. La portavoz del ministerio de Exteriores alemán, Andrea Sasse, hizo un llamado al gobierno de Nicaragua a “regresar al proceso democrático y a poner en libertad de inmediato a los presos políticos”, ya que los comicios no cumplieron “las condiciones mínimas de una elección libre y justa”. En tanto, el canciller español José Manuel Albares fue más allá al señalar: “España no reconoce las elecciones en Nicaragua, porque son una burla a la democracia, al pueblo nicaragüense y a la comunidad internacional”.

Durante la jornada de ayer, la Cancillería de Chile emitió una misiva en la que indicó que el domingo “tuvo lugar un acto electoral en Nicaragua, el que careció de todas las condiciones para ser estimado válido y transparente. El gobierno de Chile rechaza y no reconoce la legitimidad de las elecciones realizadas en Nicaragua, las que apuntan a eternizar a Daniel Ortega y Rosario Murillo en el poder consolidando un régimen dictatorial”.

Civiles y personal militar hacen fila para ingresar a una escuela utilizada como mesa de votación para sufragar durante las elecciones presidenciales del país en Managua. Foto: Reuters

Además, cuatro expresidentes de América Latina, el brasileño Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), la costarricense Laura Chinchilla (2010-2014), el chileno Ricardo Lagos (2000-2006) y el colombiano, Juan Manuel Santos (2010-2018), junto a Kevin Casas Zamora, secretario general de IDEA Internacional y exvicepresidente costarricense (2006-2007), firmaron en conjunto una declaración titulada “Impidamos a Ortega consolidar su dictadura”, con una serie de recomendaciones para frenar el autoritarismo en Managua.

El director de Human Rights Watch América, José Miguel Vivanco, utilizó su cuenta oficial de Twitter para explicar por qué “las elecciones en Nicaragua son una farsa”. Entre los puntos destacó las detenciones a opositores, la ausencia de observadores internacionales y el control de Ortega en todos los poderes, por lo que solicitó “redoblar la presión internacional para exigir la liberación de los presos políticos, y que se restablezca la democracia en Nicaragua”.

Uno de los escasos aliados de Nicaragua que salió en su defensa fue Rusia. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, aseguró que enviaron observadores para seguir las elecciones del domingo y que “de acuerdo con su testimonio, los comicios se celebraron de forma organizada y con el cumplimiento de la legislación nicaragüense, la reglas epidémicas impuestas por el Covid-19 y una significativa participación ciudadana”.

“Felicito al hermano Presidente, el comandante Daniel Ortega y a su compañera Rosario Murillo, por la histórica victoria en las elecciones de este domingo”, celebró Nicolás Maduro en su cuenta de Twitter, respaldando al FSLN. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) felicitó a los Ortega Murillo, ya que “pese a las presiones directas e indirectas y amenazas injerencistas, fue el pueblo nicaragüense quien ha dado una nueva lección de democracia y civismo”.

En tres días, Daniel Ortega cumplirá 76 años y para 2027, fecha en que finalizaría su nuevo mandato, tendrá 82 años. Según el diario argentino Clarín, el exguerrillero acumulará 31 años en el poder -26 años como jefe de Estado y cinco como coordinador de la Junta- superando el récord establecido por el dictador nicaragüense Anastasio Somoza, que formalmente estuvo 16 años en el cargo, primero entre 1937 y 1947, y luego entre 1950 y 1956.

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