Por Fernando FuentesFernando Brancoli: “La derecha movilizada no ha abandonado a Jair Bolsonaro”
A juicio del académico brasileño y autor del libro Bolsonarismo, el reciente arresto del expresidente “no representa el cierre definitivo de su trayectoria política”. Respecto a las elecciones de 2026, Brancoli dice a La Tercera que el tema de la seguridad pública “beneficia más” al actual gobernador de Sao Paulo, Tarcísio de Freitas, que a Lula, ya que “la izquierda brasileña todavía no desarrolló una propuesta consistente” en esa área. Tampoco descarta una nueva intervención de Trump en el país, “aunque el impacto sería probablemente más retórico que práctico”.

El Partido Liberal de Brasil anunció este jueves la suspensión del sueldo y funciones al expresidente del país (2019-2023) y actual presidente honorario de la colectividad, Jair Bolsonaro, debido a su condena ya ratificada de 27 años y tres meses de prisión -aunque ya se encontraba en prisión preventiva- que conlleva también la suspensión de sus derechos políticos por liderar un intento de golpe de Estado para revertir los resultados de las elecciones de 2022, que perdió ante Luiz Inácio Lula da Silva.
La sentencia de Bolsonaro incluye además una inhabilitación de hasta ocho años después del vencimiento de su condena, plazo que, de no beneficiarse de reducciones sobre la misma, se prevé que expire en 2060, cuando el líder de extrema derecha tendría, hipotéticamente, 105 años.
Pese al adverso escenario que enfrenta Bolsonaro, Fernando Brancoli, académico del Instituto de Relaciones Internacionales y Defensa de la Universidad Federal de Río de Janeiro y autor del libro Bolsonarismo: The Global Origins and Future of Brazil’s Far Right (Bolsonarismo: Los orígenes globales y el futuro de la extrema derecha brasileña), de 2023, no cree que el reciente arresto de Bolsonaro represente “el cierre definitivo de su trayectoria política”, según señala en la siguiente entrevista con La Tercera.

A su juicio, ¿el arresto de Jair Bolsonaro para cumplir su pena de 27 años por el complot contra Lula pone fin a su carrera política? ¿Cuánto afecta al peso político del bolsonarismo?
No creo que el arresto de Bolsonaro, incluso con una condena severa, represente el cierre definitivo de su trayectoria política. Lo que cambia es la función que él puede desempeñar dentro del propio bolsonarismo. Desde hace años se observa un movimiento de autonomización: el bolsonarismo se comporta cada vez menos como un proyecto personal y cada vez más como un estilo político capaz de sobrevivir a su figura. La detención acelera ese proceso, pues lo fija en la posición de referente simbólico más que de estratega. En términos de impacto, la condena debilita su capacidad de coordinación, pero no desactiva la red de actores que operan con la gramática bolsonarista. El resultado es un bolsonarismo más disperso, pero todavía muy presente como fuerza cultural y electoral.
El columnista brasileño Elio Gaspari sostiene que “la derecha rechaza a Bolsonaro” y que el expresidente “se ha convertido en una carga”. ¿Comparte ese análisis?
En parte sí coincido con Gaspari, pero el marco analítico necesita ciertos ajustes. La derecha institucional, especialmente la que interactúa con mercados, con burocracias estatales y con el Congreso, ve a Bolsonaro como un factor de desgaste. En ese sentido, se ha convertido en una carga. Pero la derecha movilizada -la que opera sobre identidades, sobre antagonismos morales y sobre la sensación de que el país vive una guerra cultural permanente- no lo ha abandonado. Allí Bolsonaro mantiene una posición de mártir y de víctima del “sistema”, lo que refuerza más la fidelidad identitaria que cualquier éxito administrativo podría lograr. Por eso la afirmación de que “la derecha rechaza a Bolsonaro” es verdadera y falsa a la vez: depende de qué derecha se tenga en mente y de cuál sea la función que Bolsonaro desempeña en cada segmento.

Algunos analistas consideran que Tarcísio Gomes de Freitas parece llevar la delantera para ser el candidato presidencial de la derecha en 2026. ¿Ve dispuesta a la familia de Bolsonaro a respaldar la candidatura del gobernador de Sao Paulo?
Con respecto a Tarcísio, el factor decisivo es el cálculo de viabilidad. La familia Bolsonaro está muy lejos de sentir entusiasmo por él, pero también percibe que bloquear su ascenso significaría dejar el campo abierto para fuerzas que podrían sobrevivir al bolsonarismo. La cuestión, entonces, no es si apoyarán a Tarcísio de forma plena, sino cómo administrarán ese apoyo. Es probable que intenten mantener la marca Bolsonaro como un recurso electoral imprescindible, generando un juego de tensiones, de fidelidades condicionadas, de declaraciones ambiguas y de pequeños gestos destinados a recordar que, sin ellos, el voto bolsonarista no se activa con la misma intensidad. Tarcísio entiende esa lógica y, por eso, busca equilibrar acercamientos tácticos con la construcción de su propia identidad de gestor competente y moderno.

Tras la masacre de octubre perpetrada por la policía en las favelas de Río de Janeiro, el tema de la seguridad pública ha dominado la agenda. ¿Cree que el uso del tema favorece electoralmente más a Tarcísio que a Lula de cara a 2026? ¿Por qué?
El tema de la seguridad pública beneficia más a Tarcísio que a Lula por una razón estructural: la derecha consiguió transformar la seguridad en un campo semántico donde confluyen orden, eficacia, neutralidad técnica y defensa del “ciudadano de bien”. Después de la masacre en Río, ese marco se vuelve aún más disponible para narrativas que despolitizan la violencia y la reubican como un problema de gestión. Lula tiene dificultades para intervenir en este terreno, porque la izquierda brasileña todavía no desarrolló una propuesta consistente que combine derechos, prevención, reforma policial y resultados tangibles. Tarcísio, por el contrario, puede explotar la imagen de administrador eficiente, articularse con sectores policiales y reforzar la idea de que el país necesita una respuesta contundente y no una discusión estructural. El terreno está inclinado a su favor.

The New York Times asegura que “Brasil desafió a Trump y ganó”, argumentando que la actitud del presidente estadounidense ante la detención de Bolsonaro “es un ejemplo de los límites de su capacidad para doblegar a gobiernos extranjeros”. ¿Se puede descartar una nueva intervención de Trump de cara a las elecciones de 2026?
Sobre la supuesta derrota de Trump ante el caso Bolsonaro, lo importante es distinguir entre límites institucionales y límites de voluntad. Lo que el episodio demuestra es que la política exterior del trumpismo se basa menos en herramientas materiales que en intervenciones performativas. Brasil no “desafió a Trump” en el sentido de un enfrentamiento directo. Lo que ocurrió es que el gobierno brasileño no tenía incentivos para plegarse a un gesto simbólico cuyo costo político interno sería mayor que cualquier posible beneficio. De aquí a 2026, Trump podría intervenir de nuevo, pero su capacidad para afectar el escenario brasileño depende de su posición en Estados Unidos y de cuánto interés tenga en convertir a Bolsonaro en un símbolo exportable para su propio proyecto doméstico. No lo descartaría, aunque el impacto sería probablemente más retórico que práctico.

Lula dice que hablará con Trump para evitar un conflicto con Venezuela. ¿Estima que el presidente brasileño puede ser considerado un mediador válido por Estados Unidos?
Lula puede ser un mediador aceptable para Estados Unidos, no porque haya plena convergencia estratégica, sino porque su intervención reduce la probabilidad de un conflicto regional y, por lo tanto, el costo para Washington de involucrarse directamente. Estados Unidos entiende que Lula tiene acceso a actores con los que Washington no puede dialogar directamente sin producir efectos contraproducentes. Pero su capacidad de actuar depende de su margen interno y de su habilidad para presentarse como mediador sin aparecer alineado con Caracas ni confrontar abiertamente a Washington. Es una diplomacia de equilibrio, no de afinidades. En ese sentido, puede funcionar precisamente porque ninguna de las partes lo percibe como un actor totalmente propio.
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