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“Tengo miedo de morir”: silencio y temor entre los iraníes bajo los bombardeos de EE.UU. e Israel

Lejos del levantamiento popular que Washington e Israel dicen querer provocar con sus incesantes ataques, los ciudadanos iraníes describen una cruda realidad de edificios destruidos, calles prácticamente vacías y dificultades para hallar un lugar seguro frente a las bombas estadounidenses e israelíes.

Un hombre revisa los escombros en Teherán, Irán, el 3 de marzo de 2026. La operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán entró en su cuarto día. Foto: Xinhua Sha Dati

Calles prácticamente vacías, edificios y vehículos destruidos, cortes de internet y otros servicios, precios disparados, temor al desabastecimiento, controles policiales generalizados. A los incesantes bombardeos de Israel y Estados Unidos, los iraníes añaden una larga lista de preocupaciones y consecuencias de una guerra con destino incierto, que en el país persa ya ha matado a más de mil personas.

“Me da miedo caminar por las calles desiertas, pues las bombas siguen cayendo del cielo”, aseguró a la agencia AFP Samireh, una enfermera de 33 años. A diferencia de muchos ciudadanos de Teherán, esta mujer, que prefirió no decir su apellido, forma parte del personal esencial y permanece en la capital iraní, que hoy parece una ciudad fantasma. Apenas los supermercados y panaderías siguen abiertos, mientras la mayoría de comercios han cerrado sus puertas.

En la urbe de unos 10 millones de habitantes, “hay tan poca gente que parece que aquí no haya vivido nadie nunca”, indica. Las autoridades iraníes no han brindado información oficial sobre los desplazamientos forzados, pero testigos y algunas imágenes de video han mostrado el éxodo de muchos residentes de Teherán, la ciudad más castigada por los ataques conjuntos israelíes-estadounidenses, que de todas maneras han alcanzado a todas las provincias del país.

Un trabajador retira escombros de edificios en Teherán, Irán, el 4 de marzo de 2026. Foto: Xinhua Shaati

Aquellos que no pudieron huir conviven con una ansiedad inmensa. “Los niños gritaban y lloraban”, explicó a Reuters un hombre iraní que se negó a ser identificado. Él destacó que los impactos en estructuras civiles infundieron miedo en los residentes de la capital iraní.

Y es que, aunque Estados Unidos e Israel aseguran que sus ataques apuntan a destruir las capacidades defensivas y ofensivas iraníes y debilitar al régimen, los bombardeos se han cobrado la vida de civiles y han golpeado lugares como una escuela de niñas, donde autoridades locales reportan más de 100 muertos, edificios residenciales y hospitales.

“Mundo, ¿lo ven? Nos están matando. Escuchen nuestra voz”, reclamó a Reuters Firuzeh Seraj, entre lágrimas desde Teherán. “Mi hija de 10 años está en diálisis y ahora estamos atrapados. Tengo miedo de llevarla al hospital. ¿Y si lo bombardean? ¿Por qué nos bombardean?”, se preguntó.

En la plaza Ferdowsi, una de las principales intersecciones de la ciudad, el paisaje se ha llenado de edificios dañados por las explosiones.

Edificios dañados en Teherán, Irán, el 4 de marzo de 2026. Foto: Xinhua Shaati

En tanto, los barrios que reúnen a los centros de poder, como ministerios, tribunales o cuarteles de la Guardia Revolucionaria iraní, son los más afectados por las bombas. Bajo fuego, Elnaz, de 39 años, señala a la AFP que es “difícil” protegerse porque los ataques también incluyen entre sus objetivos a las viviendas de los miembros de los cuerpos del Estado.

Y en ese contexto, encontrar refugio es cada vez más difícil. En diálogo con el medio británico ‘The Telegraph’, Kamran, un habitante de la capital iraní, afirmó que la gente va de un lugar a otro porque múltiples barrios se han visto alcanzados por los bombardeos.

Si en Irán resulta difícil sortear el control de los aparatos del régimen para obtener información independiente, las intermitencias en el servicio de internet están complicando aún más el contacto entre los iraníes y el mundo exterior, lo que agudiza la sensación de desamparo.

Fatemeh, una mujer de 80 años que vive en Bushehr –ciudad costera del Golfo Pérsico que alberga la única central nuclear de Irán–, afirmó a Reuters que teme no volver a sus hijos, que viven fuera del país.

“Mis hijos me llaman, pero ni siquiera internet funciona bien. Tengo miedo, mucho miedo, de no volver a verlos y de morir en estos bombardeos”, aseveró.

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