Trump endurece el tono con Delcy Rodríguez y fija las reglas para una transición bajo tutela de EE.UU. en Venezuela
Tras señales ambiguas de la presidenta interina luego de la captura de Nicolás Maduro, el mandatario estadounidense lanzó una dura advertencia pública y dejó en claro que el futuro del gobierno de transición dependerá de su alineamiento con Washington, mientras la Casa Blanca descarta a María Corina Machado y prioriza estabilidad, control militar y seguridad regional.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aumentó este fin de semana la presión sobre la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, al lanzar una advertencia directa en una entrevista con The Atlantic. “Si no hace lo correcto, tendrá un destino peor que el de Maduro”, afirmó, fijando públicamente los límites de acción de una figura que Washington había considerado como posible administradora de una transición tras la captura de Nicolás Maduro.
Las declaraciones de Trump llegan en un contexto marcado por señales ambiguas desde Caracas. Este sábado, Rodríguez —quien asumió como presidenta interina luego de la detención de Maduro— realizó su primera intervención pública sobre la operación militar estadounidense.
Mientras horas antes Trump aseguraba que Estados Unidos gobernaría Venezuela durante la transición y que el secretario de Estado Marco Rubio ya había conversado con ella, describiéndola como “dispuesta a hacer lo que creemos necesario”, Rodríguez encabezó una conferencia junto a dirigentes leales al chavismo en la que sostuvo que “el único presidente de Venezuela es Nicolás Maduro”. Ese contraste encendió las alertas en Washington.

Según publicó The New York Times, citando fuentes gubernamentales, el mensaje de Rodríguez habría buscado contener a sectores internos del chavismo, especialmente a mandos de las Fuerzas Armadas y grupos paramilitares, impactados por la magnitud y la humillación simbólica de la ofensiva estadounidense.
En ese marco, Rubio optó por un tono más cauto y dejó abierta la puerta a un entendimiento: “Tomaremos decisiones con base en sus acciones y hechos en los próximos días y semanas”. Trump, sin embargo, optó por endurecer el discurso y marcar las “reglas del juego”.
El trasfondo de esta tensión se remonta a los meses previos a la operación militar. De acuerdo con versiones recogidas por medios estadounidenses, Trump y Maduro sostuvieron una conversación telefónica el 21 de noviembre, en la que el líder chavista habría propuesto que Delcy Rodríguez encabezara un gobierno interino encargado de convocar nuevas elecciones.

El esquema permitía al chavismo conservar el control del aparato estatal, en particular de las Fuerzas Armadas, durante la transición. No obstante, el diálogo se quebró en diciembre, cuando Maduro rechazó un ultimátum de Trump para dejar el poder y exiliarse en Turquía, decisión que, sumada a su exposición pública en actos oficiales, terminó por convencer a la Casa Blanca de avanzar con la vía militar.
La exclusión de María Corina Machado del diseño estadounidense tampoco fue accidental. Trump ha dejado en claro que no simpatiza con la dirigente opositora y llegó a afirmar que “carece del respeto necesario” para gobernar.
En Washington se considera que Machado, con una personalidad fuerte y una base política amplia, es menos manejable en un escenario de transición controlada, más aún cuando Edmundo González —ganador de las elecciones de 2024— ni siquiera ha sido mencionado por el mandatario estadounidense. En contraste, Rodríguez habría generado mejor impresión en el entorno de Trump por su rol en la estabilización económica y la gestión del sector petrolero bajo sanciones.

Antes del ataque, la Casa Blanca ya había definido que cualquier relación con un eventual gobierno interino encabezado por Rodríguez estaría supeditada al cumplimiento estricto de las directrices de Washington. Las restricciones a las exportaciones de petróleo venezolano, por ejemplo, seguirían vigentes.
Para Trump, la apuesta se basa en una evaluación pragmática: Rodríguez se había presentado como una tecnócrata capaz de tender puentes con élites económicas e inversionistas extranjeros, diferenciándose del núcleo más ideológico del madurismo.
En la entrevista con The Atlantic, Trump fue más allá de Venezuela. Aseguró que el país “es totalmente fallido” y defendió la idea de una reconstrucción bajo supervisión externa, al tiempo que deslizó que la intervención estadounidense podría repetirse en otros escenarios.

“Venezuela podría no ser el último país”, dijo, mencionando incluso a Groenlandia como un territorio estratégico rodeado, según él, por intereses rusos y chinos. Consultado por las comparaciones con Irak, se desmarcó de aquella invasión y sostuvo que nunca debió haberse producido.
Desde el Departamento de Estado, Marco Rubio reforzó el mensaje de que Washington no contempla a Machado para la etapa inmediata. “No está presente dentro del país”, afirmó, subrayando que la prioridad de la operación fue “detener el narcotráfico hacia Estados Unidos”.
En ese sentido, descartó que la convocatoria a elecciones sea inminente: “Nos importa la democracia, pero lo primero es la seguridad, el bienestar y la prosperidad de Estados Unidos”. Así, entre advertencias públicas y cálculos estratégicos, la figura de Delcy Rodríguez quedó en el centro de una transición marcada por la presión directa de la Casa Blanca y una profunda incertidumbre política.
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