Anticuario niega haberle vendido a Schüler la estatua robada del Cerro Santa Lucía

Autor: Javiera Matus

En noviembre pasado la PDI llegó al fundo de Raúl Schüler, en San Francisco de Mostazal, e incautó una serie de esculturas y piezas con alto valor histórico.

Alberto Codecido declaró ante la fiscalía que “no supe a quién se la compró ni cuándo la puso ahí”. La pieza se llama La Polimnia. Fue interrogado en calidad de imputado el 5 de febrero. “Los cofres y candelabros nunca los vi ni se los vendí”, indicó.


El empresario Raúl Schüler, en su declaración en calidad de imputado por receptación, infracción a la Ley de Monumentos Nacionales e infracción a la Ley de Armas, el 19 de diciembre pasado, entregó a la fiscalía los nombres de 15 personas que le habrían vendido antigüedades. Esto, luego de que en noviembre fueran incautadas desde su propiedad, el exfundo La Punta, en San Francisco de Mostazal, 21 estatuas y otras especies de interés histórico, tras lo cual fue formalizado. Varias de estas piezas pertenecían al Cementerio General, al Cementerio Católico y al Museo de Arte Colonial San Francisco.

El caso ha sido controversial y sigue en investigación. Uno de los anticuarios a los que nombró Schüler es Alberto “Tito” Codecido, quien fue citado a declarar el reciente 5 de febrero, también en calidad de imputado, luego de que Schüler dijera al Ministerio Público que él le vendió, entre otras especies, la estatua que fue robada del Cerro Santa Lucía: La Polimnia.

“Me vendió la estatua de un niño que le faltaban los dedos, y me vendió la estatua que dicen que se robaron del Cerro Santa Lucía, que ahora supe que se llamaba Polimnia. Diría que él me la ofreció. La compré hace cuatro o cinco años”, sostuvo el empresario.
Señaló, además, que por la confianza que le tiene a Tito, “nunca le pregunté por su procedencia y no supuse que fuera ilícita”.

Sin embargo, según la declaración a la que accedió La Tercera, Codecido desmintió lo señalado por Schüler: “Niego absolutamente haberle vendido a Schüler la estatua La Polimnia. Nunca supe que era robada, solo me enteré por la prensa. No supe a quién se la compró ni cuándo la puso ahí”. Dijo que “Schüler tendrá que responder por qué me acusa. Schüler nunca me hizo encargos de especies; cuando le gustaba algo lo compraba”.

También indicó que “respecto de los cofres, nunca los vi, nunca se los vendí y los candelabros tampoco, no imaginé ni supe que los tenía”.
Amistad y negocio

“Conocí a Raúl Schüler hace mucho tiempo, el año 2001 o 2002. Me llamó mi padre para decirme que había una persona interesada en comprarme unas columnas de madera y se trata de Raúl Schüler. Hablamos por teléfono e hicimos negocios, ese es el primer recuerdo que tengo de él”.

Así, dijo, de a poco se hicieron amigos. Incluso visitó unas 15 veces su casa, “por lo general para sus cumpleaños”.
“Conocí a Francisco Valenzuela, quien es su amigo. Él era el dueño del restaurant Chanchito Satricón. Cuando lo perdió, se asoció con mi señora y armaron El Baco”, un restaurant ubicado en el Parque Los Reyes, donde Schüler iba regularmente a ver antigüedades.

Declaró que el 22 de diciembre, tres días después de que Schüler declarara en la fiscalía, comieron juntos y que el 31 de diciembre hablaron para saludarse por el Año Nuevo. “Desconozco por qué me señala como responsable”.

“El señor Schüler es un coleccionista de recuerdos. Por ejemplo, si se encontraba un pañito que le recordaba a su tía, quería esa especie. Él era metódico, elegía sus piezas cuidadosamente (…) Tiene buen gusto y ha comprado cosas especiales”.

Las ventas

Codecido aseguró que “fácilmente” le vendió a Schüler más de 100 piezas. “Le vendí una figura de mármol que yo le había comprado a la señora María Amelia, esa de tamaño natural de mármol de carrara, un hombre con una antorcha y unos libros en un costado amarrados con un cordel. Parece que me pagó $ 12 millones. Los perros también se los vendí yo, esos que le había comprado a la señora María Amelia”. Indicó que “cuando le preguntaba por alguna especie, decía que no recordaba”.
También señaló que Schüler, por lo general, pagaba con cheque a fecha o transferencia. Nunca con efectivo.

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