Por Juan Pablo AndrewsCompra de datos en la dark web e ingeniería social: cómo han evolucionado las estafas telefónicas
En lo que va de año, la PDI ha recibido 123 denuncias por estafas telefónicas. Expertos analizan la capacidad de adaptación que tienen estos delincuentes, que han pasado de usar correos electrónicos y llamadas a mensajes de textos altamente efectivos.

El miércoles 22 de julio, a eso de las 19.30, Teresa Herrera (67) recibió un llamado telefónico que la alertó. Al otro lado de la línea, una supuesta ejecutiva de un banco, quien le recitó todos sus datos para hacer creíble la llamada, afirmaba que su cuenta estaba bloqueada y que debían hacer una nueva. Para ello le dijo que le mandarían al correo un email. La solicitud, y donde estaba la trampa, era que Herrera tenía que dictar su nueva clave a la ejecutiva.
En ese momento se despertaron las sospechas de Herrera. “Estaba como rara la cosa. Le dije que esperara y me puse a llamar al banco, pero no me contestaban. Después le dije a la mujer que esperara de nuevo y le corté”, relata. Al final, ante todas las suspicacias, al otro día prefirió ir presencialmente a una sucursal para restablecer su clave y contar lo que había pasado. Allí le dijeron que este tipo de estafas estaban ocurriendo.
Si bien Herrera logró zafar de la estafa, las autoridades se encuentran atentas a la repetición con la que se está dando este fenómeno. De hecho, dicen desde la PDI, el ilícito ha tenido una evolución propia de los nuevos tiempos, donde las personas pasan buena parte del día mirando sus teléfonos.
De acuerdo con cifras de la PDI, en lo que va del año han recepcionado 123 denuncias por estafas telefónicas. Eso sí, las cifras de la PDI no dan cuenta de un alza. En 2024 llegaron a 348, y en 2025, a 264. La policía civil detalla que dicha cifra no representa la totalidad del fenómeno debido a que muchas de estas amenazas no se denuncian, otras se hacen en otros organismos o bien pueden haber ingresado bajo otra figura. Pese a eso, la PDI ha detectado que la reiteración de este delito se volvió algo cotidiano y hoy es más común que antes.
Para los investigadores no hay un perfil único de las víctimas. Si bien se podría creer que estos hechos afectan a personas mayores de edad con poca cercanía a los aparatos electrónicos, la evidencia muestra que no es así. Ese fue el caso de Tania Salazar (38).
A fines de febrero, mientras Salazar estaba en el centro de odontología, donde trabaja, recibió una llamada de un sujeto que se presentó como Jan Carlos Ignacio Liberman Yacovi. Dijo ser ejecutivo de su banco y la alertó de que la estaban estafando con transferencias y compras. Le pidió que ingresara a su cuenta mediante el teléfono y revisara, lo que Salazar hizo.
Pero no vio nada extraño. De hecho, se transfirió mil pesos desde otra cuenta para ver que todo estaba en orden. Mientras seguía hablando por teléfono, se terminó concretando la estafa: la asistente de odontología perdió $ 1.200.000 de su cuenta corriente, en lo que dice que no sabe cómo se materializó.
Se hicieron dos transferencias y una compra en una tienda de artículos de automóviles. “Confié en el llamado porque me dio todos los datos de las personas a las cuales se estaban transfiriendo los dineros. No me cuestioné si era una estafa”, dice.
Lo que sí llamó su atención fue que se escuchaba con mala señal, por lo que ahora cree que el llamado se hizo desde un centro penitenciario. Eso sí, tras dos meses de reclamos con su banco, y de presentar la denuncia en Carabineros, logró que le devolvieran esa plata.

Posible compra de datos
Una de las similitudes que están teniendo las estafas virtuales en la actualidad es que los delincuentes manejan toda la información de las víctimas. No solo nombre y RUT, sino que también los números de sus cuentas corrientes. Allí es donde se hacen más creíbles. Para los investigadores, una de las posibilidades es que se estén realizando compras de datos en la dark web.
A fines de 2025, en la operación Contracara, la PDI desbarató una banda que realizaba fraudes informáticos usando bases de datos bancarios: 14 personas fueron detenidas entre las regiones Metropolitana, O’Higgins y La Araucanía.
Esa misma sofisticación del delito es la que ha llevado a una evolución que pasa por estafas mediante correos electrónicos, llamadas telefónicas y ahora mensajes de texto.
El comisario Juan Valdenegro, de la Brigada del Cibercrimen de la PDI, explica esta evolución. “El correo electrónico fue en su tiempo el principal medio en el cual se buscaba hacer caer a las víctimas. Pero la gente de alguna forma aprendió a convivir con este tipo de correos, por lo tanto, le restó credibilidad. Si te llegaba un correo señalando algo la gente simplemente lo elimina o no lo tomaba en cuenta. Las llamadas telefónicas y los mensajes de texto no llevan tanto tiempo realizándose. Es por eso que todavía se logra concretar esta estafa”, afirma.
“En la llamada telefónica, generalmente se hacen pasar por ejecutivos de un banco y posteriormente lo que hacen es llevar a la víctima para que ingrese a la aplicación del banco y apruebe las compras que ellos ya tienen ahí antes direccionadas. En los mensajes de texto buscan que la persona, mediante un argumento de urgencia o de interés de la víctima, logre ingresar a una página falsa, que después continúa en una siguiente etapa”, detalla el comisario.
Es justamente este último tipo de estafas el que ha proliferado en los últimos meses, con mensajes que avisan falsamente de cobros judiciales, partes sin pagar o multas del TAG. Este formato, dice el comisario Valdenegro, resulta menos desgastante para el delincuente, quien ya no tiene que llamar a la víctima y actuar. “Requiere menos tiempo y dedicación. Por lo tanto, es menor la inversión en recursos”, dice el policía.

Ingeniería social
La psicóloga del Instituto de Criminología de la PDI, Vania Saavedra, explica cuál es el perfil de las víctimas en este tipo de delitos: “En toda situación donde existe una victimización no existe un perfil único, pero sí existen algunas características que nosotros denominamos como factores de vulnerabilidad”.
Entre esos factores, dice Saavedra, están las personas mayores, “porque tienen un menor uso de recursos digitales, entonces tienen menor capacidad para alertarse de que esa situación puede ser un engaño”.
Luego, dice que están aquellos que utilizan mucho los servicios bancarios mediante los teléfonos: “Tienen más normalizado hacer transacciones en estas plataformas digitales y eventualmente pudieran no lograr anticiparse a algún engaño telefónico donde se les solicite alguna clave”.
Por último, están las personas que, independientemente de su rango etario, están pasando por una situación emocional compleja. Lo que se conoce coloquialmente como “andar volando bajo”.
Para abordar estos tres tipos de víctimas, dice Saavedra, los delincuentes utilizan lo que la psicología cataloga como ingeniería social. Vale decir, técnicas de manipulación con las que buscan persuadir a sus víctimas: “Estudian previamente patrones conductuales, a quienes pueden ser captados para que sean víctimas”. Ese estudio se produce, de hecho, al momento del contacto.
“Se van adaptando a cómo la víctima va recepcionando la llamada y en base a eso van utilizando distintas estrategias que pueden ser más atractivas con esa víctima. Son personas que tienen algunas estrategias sofisticadas para poder llevar a cabo este tipo de actos”, explica la psicóloga.
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