Ignacio Sánchez, rector de la Pontificia Universidad Católica: "Se está planteando que estudiantes den la PSU de Historia, pero como admisión especial"

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Ignacio Sánchez (58) es médico y ha sido rector de la UC desde el 24 de marzo de 2010. foto: mario tellez.

El académico, quien en marzo iniciará su tercer período a cargo del plantel, anuncia algunos de los focos de su gestión, como la ampliación del Consejo Superior y una eventual reestructuración de las 18 facultades.


El 5 de marzo, el médico Ignacio Sánchez comenzará su tercer período como rector de la Universidad Católica, luego de que la Iglesia ratificara su nombre. Completaría así 15 años a cargo del plantel, que hoy también se ve remecido por la crisis social. "Ninguna universidad ha hecho lo suficiente, la nuestra tampoco", dice. En esta entrevista, analiza los focos de su gestión y explica la alternativa que el Consejo de Rectores (Cruch) está evaluando para quienes se sientan perjudicados con la suspensión de la PSU de Historia.

¿Ha habido una falta de autocrítica de los rectores por el diseño que tuvo la PSU en estos 17 años?

Quizá la autocrítica pudo ser más explícita, pero siento que la hemos hecho. El Informe Pearson de 2012 mostró debilidades de la prueba en muchos ámbitos. Se hicieron cambios, que fueron arreglos más que cambios sustantivos, es cierto. Pero ahora llegó este boicot, donde nos llama la atención la agresividad e intolerancia que se produjo.

Respecto de la PSU de Historia, ¿se están evaluando otras opciones para quienes quieran rendirla?

El reemplazo de la prueba de Historia por el mejor puntaje en los otros instrumentos beneficia a algunos y perjudica a otros. Por lo tanto, el Consejo de Rectores, junto al Demre, está planteando que los estudiantes que se sientan perjudicados den la PSU de Historia, pero como admisión especial. Esto es que se les pueda tomar la prueba de Historia en las universidades, una vez que estén en los procesos de selección. Es decir, no influiría en el proceso global, sino que sería una prueba de admisión especial. Sería algo voluntario.

¿Sería un ingreso especial?

Sí, y tendría que darse en las universidades, no lo haría el Demre. Vamos a tratar de que sea homologable para todas las instituciones, pero los sistemas de admisión especial son distintos en cada universidad, pero agrupan cerca del 15% de la matrícula. No lo tenemos claro todavía, pero la discusión pública muestra una situación que no podemos desoír, que es que un porcentaje minoritario de estudiantes se siente perjudicado con el reemplazo de Historia.

¿Hay un plazo para decidir si ofrecerán esa opción?

Debiera ser antes del 27 de enero, cuando se rindan las pruebas faltantes de la PSU.

¿Eso evita la judicialización?

Más que para evitar la judicialización, queremos disminuir alguna injusticia que se haya cometido.

Aplicar la prueba de Historia en marzo ¿complicaba mucho a las universidades?

Complica a los estudiantes, porque si se parte el año académico en mayo, estaríamos terminando en enero, sin contar posibles retrasos, en un año donde habrá un plebiscito. Eso es partir sin ninguna reserva de tiempo.

Focos del tercer período

¿Qué iniciativas impulsará en estos cinco años?

En el Comité de Búsqueda presenté una propuesta sobre la presencia de la UC en la sociedad actual, con foco en una identidad católica e inclusiva, y centrada en la calidad y la equidad, en cómo botar las barreras para aumentar la inclusión. Otro foco fue el estallido social, que interpela a la UC sobre cómo hacemos una universidad más justa para quienes trabajan acá, y cómo ponemos la convivencia universitaria en el centro.

¿Eso quiere decir que la UC no ha escuchado a la sociedad?

Ninguna universidad ha hecho lo suficiente, la nuestra tampoco, pero el problema de fondo es la desconexión entre la sociedad y sus instituciones. Esto ha servido para ver que hay mucha gente que tiene cosas importantes que decir y que no ha sido escuchada. Esta universidad hace su autocrítica y otras deberían hacer lo mismo.

¿Está pensando en reestructurar las 18 facultades de la UC?

Sobre la estructura interna de la UC, propuse cuatro temas. El primero tiene que ver con la composición del Consejo Superior, donde hay que incorporar actores que no están, como los exalumnos y funcionarios. Sobre las facultades, se ha trabajado en propuestas de cómo hacer que estas sean más temáticas y no tan parceladas, para fomentar la interdisciplina, y eso significaría probablemente una reestructuración de las 18 facultades. No hay una propuesta concreta.

¿Pero está decidido a impulsar esa reestructuración?

Hace dos años empezamos un trabajo de análisis de esta eventual reestructuración. Una vez que esté el informe definitivo, quiero evaluarlo con el equipo de trabajo y ahí ver qué cosas se pueden obtener y qué propuestas hacer.

¿Qué otros focos tiene?

Un tercer foco es favorecer la interdisciplina. También planteé el tema de la transformación digital, que tiene que ver con el trabajo y la educación a distancia, en pregrado y posgrado. Por último, hay que avanzar en la internacionalización. Tenemos grandes desarrollos internacionales, pero eso tiene que potenciarse más, porque este es un mundo globalizado.

Matrimonio igualitario

Sus períodos anteriores estuvieron marcados por debates éticos, como el aborto. ¿Cómo ve la actual discusión del matrimonio igualitario?

Cuando tuvimos el tema del aborto, hubo dos situaciones específicas. La primera es que pensamos que ahí hay una vulneración del derecho a la vida, y fuimos interpelados a tener una postura clara. La segunda es que tenemos una Facultad de Medicina grande y una red de salud amplia. Por lo tanto, no estábamos solamente hablando solo de aspectos teóricos, sino que de cuál era nuestra propuesta. Pero en el caso del matrimonio igualitario, creo que lo que le corresponde a la UC es ser una plataforma de discusión, en donde esté representada nuestra postura como parte de la Iglesia, pero también la sociedad civil y los distintos actores. Más que tomar partido, nuestro rol es abrir el debate.

¿Pero la postura de la UC sería a favor y en contra?

Bueno, nosotros pensamos que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, y la mayoría de los miembros católicos de la UC lo va a pensar así. Pero insisto en que más que tener una postura específica, lo que le corresponde a la universidad es abrir el debate.

También en su gestión, la UC vendió Canal 13, y ahora compró Radio Beethoven a Copesa, propietaria de La Tercera. ¿Hacia dónde apunta la UC?

En 2010 incorporamos un socio a un canal de televisión que tenía serios trastornos económicos, porque una buena universidad no se puede ver afectada económicamente por las pérdidas de un canal. La realidad mostró que tampoco con el socio era posible mantener la viabilidad económica, por lo que en 2017 la UC decidió desprenderse del tercio que le quedaba. Luego, iniciamos un proyecto que se llama Media UC, que es la creación de contenido para plataformas, y estando en eso, supimos del cierre de Radio Beethoven, y vimos que la UC no tenía una radio de esa calidad, otras universidades sí la tienen. Y pensamos que podemos entregar un aporte gratuito a la sociedad para que este canal de cultura y de entrega se pueda preservar. Y así llegamos a un acuerdo con Copesa para reiniciar las emisiones de Beethoven, que pienso que será en abril. Entre 15 mil y 30 mil personas escuchaban la radio a diario, pensamos que podemos aumentarlo. Y el desafío será la sustentabilidad económica.

¿Qué otros temas cree marcarán la educación superior?

Las universidades están convulsionadas por el tema de la convivencia, el bullying, el ataque por redes sociales entre estudiantes y la salud mental. Las universidades tienen que preocuparse especialmente por la convivencia universitaria. Pero también haría un llamado a la colaboración entre universidades. Este es un momento complejo, por la crisis social, las restricciones económicas del país y la transformación digital, por lo que en estos momentos cobra importancia el cómo nos preparamos para colaborar entre las instituciones. Es decir, cómo las universidades dejamos la lógica de la competencia de quién le gana al otro, por la lógica de cómo colaboramos con el otro.

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