María Micaela Sviatschi, economista: “Cuando un joven ingresa a una red criminal lo más difícil es romper el vínculo con esta”
La académica de la Universidad de Princeton, que está próxima a presentarse en la Conferencia Internacional de la Fundación Paz Ciudadana, aborda las principales características del fenómeno de la delincuencia juvenil en el continente.

Si bien es economista de profesión, los intereses de investigación de la profesora adjunta de la Universidad de Princeton María Micaela Sviatschi (39) abarcan mucho más que solo el campo económico.
Sviatschi -argentina y candidata a doctora en Economía por la Universidad de Columbia- ha dedicado su carrera a estudiar los datos detrás de la criminalidad juvenil en diversos países del continente Americano, entre ellos El Salvador y Perú.
Su motivación se relaciona estrechamente con el contexto que vive la región: “El crimen organizado solo ha ido aumentando, de ahí la necesidad de cuantificar este fenómeno y las consecuencias del mismo”.
El desafío no es fácil: los datos en torno a la criminalidad en el continente son lo más complejo de conseguir. Incluso cuando aquello se logra estas cifras siempre son imperfectas. “Obviamente, nada es exacto, ese es el principal tema con el estudio del crimen organizado”, dice Sviatschi.
A propósito de su próxima presentación en la Conferencia Internacional de la Fundación Paz Ciudadana este 14 de enero, la economista argentina habla sobre la delincuencia juvenil en América. En especial del reclutamiento que hacen las bandas criminales de menores de edad en contextos vulnerables, lo cual, afirma, “ya es un patrón común entre estos grupos”.
¿Qué tan frecuente e importante es este reclutamiento en las organizaciones criminales?
Es algo sumamente importante. Si hay algo en común alrededor de todos los grupos de crimen organizado es que reclutan jóvenes de manera deliberada, ya sea porque son más fáciles de manipular, de introducir en dinámicas violentas o de darles una identidad de grupo que refuerza su lealtad. También porque no necesariamente tienen que ir a la cárcel de forma directa como los adultos. El reclutamiento de menores de edad se ha convertido en un patrón común en estas bandas.
¿Qué funciones cumplen estos menores?
Es difícil saber en qué empiezan, por la falta de datos sobre aquello, pero en los casos que yo investigué comenzaban con las tareas de menor rango; en general, hacer mandados de los jefes, y una vez que se ganan la confianza de sus superiores les asignan tareas más arriesgadas, como ir a recolectar los pagos de una extorsión. Lo que sí es seguro es que cuando un joven ingresa a una red criminal lo más difícil es romper el vínculo con esta.
¿Por qué?
Cuando empiezan a formar parte de la estructura adquieren capital criminal: habilidades, reputación y reconocimiento dentro de estos grupos. Eso aumenta la probabilidad de que abandonen la escuela y que sigan cometiendo delitos violentos. En suma, que continúen con la carrera criminal.
¿Cuáles son los principales factores que influyen en que menores de edad se integren a estas organizaciones?
Varía según el contexto. En Latinoamérica, por ejemplo, las oportunidades económicas influyen un montón. La rentabilidad de la carrera criminal puede determinar si un joven participa o no. También está el entorno familiar y social. En El Salvador, por ejemplo, en 1996 los líderes pandilleros se beneficiaron de un contexto en que el entorno familiar y social en el país estaba bastante roto después de la guerra civil, por lo que era el sentido de pertenencia a estos grupos criminales lo que más influía en los jóvenes.
En Chile existe un proyecto de ley en el Senado que aumenta las penas a adolescentes de entre 14 y 16 años. ¿Estas políticas sirven para afrontar el problema?
Se necesitaría evidencia empírica para poder afirmar si puede funcionar o no. No dejaría de lado políticas punitivas, pero hay que tener en cuenta también una prevención que ataque las causas por las que un chico entra al mundo criminal o no. Además las cárceles, sobre todo en Latinoamérica, a veces son escuelas del crimen, lo que puede afectar el capital criminal del menor de edad que entra allí. Creo que hay otros problemas estructurales que, si no se abordan, pueden provocar que estas medidas punitivas no sean efectivas.
Según un informe del Ministerio Público de 2025, el número de menores que participaron en delitos relacionados con el crimen organizado en Chile ha aumentado un 86% desde 2021. ¿Por qué cree que se produce este aumento?
Son múltiples razones. Puede ser por la entrada de organizaciones criminales al país. Influyen también factores del entorno social, familiar, educativo y económico del menor. Lo más importante para esclarecer aquello es el acceso a los datos sobre estos chicos, su educación, composición familiar, si alguno de sus cercanos tiene relación con algún grupo criminal. Sin todo eso es difícil hacer una evaluación del caso chileno y, sobre todo, de cuál es la política pública que puede ser más efectiva para afrontar esta situación en el contexto chileno.
Mencionó el contexto educativo como un factor influyente al momento de ingresar al mundo criminal. ¿Qué rol cree que juega la educación para prevenir este tipo de situaciones?
Es muy importante. Las escuelas pueden disuadir la criminalidad en menores, ya sea facilitando el acceso a empleos formales y mejores pagos, o evitando que sean cooptados por organizaciones criminales. Por eso, algo fundamental es que el ambiente escolar sea seguro y que no se vivan dinámicas de violencia o cooptación de bandas criminales en los alrededores del establecimiento. Eso es algo que en Latinoamérica, lamentable, no está garantizado.
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