Por Francisco Corvalán“Uno de los mejores regalos que tuve fue haber sido pobre”: la frase que le abrió un flanco comunicacional a Lincolao
Los dichos emitidos por la titular de Ciencia crearon una grieta que cuestiona su relato de experiencia personal como ejemplo de meritocracia. Expertos en sociología y psicología analizan el tema y remarcan la importancia de que estos comentarios se validen por una autoridad pública.

Un nuevo flanco comunicacional se abrió para la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, luego de que afirmara que “uno de los mejores regalos que yo tuve fue haber sido pobre”. La declaración, planteada en una entrevista con Radio Infinita, se instaló rápidamente en el debate público por las implicancias que proyecta sobre pobreza, mérito y movilidad social.
En su intervención, la secretaria de Estado enfatizó que crecer sin redes la obligó a desarrollar herramientas propias, destacando el esfuerzo individual como motor de su desarrollo. Sin embargo, el encuadre de la frase, al calificar la pobreza como un “regalo”, abrió cuestionamientos desde el mundo académico, donde advierten sobre los riesgos de extrapolar experiencias individuales a fenómenos estructurales.
Para el sociólogo, Luis Gajardo, el problema radica precisamente en esa extrapolación. “Cuando se trasladan las experiencias individuales de movilidad social, olvidamos a las miles de personas que con el mismo talento fracasaron debido a factores externos”, señala.
A su juicio, este tipo de relatos tiende a reforzar una lógica meritocrática que no se condice plenamente con la evidencia comparada. “El relato meritocrático indica que el éxito depende del talento y esfuerzo. No obstante, estudios muestran que el origen social y el colegio de procedencia son predictores más exactos que el mismo resultado de la PAES, y que el capital social juega un papel fundamental”, afirma, apuntando a variables como redes y acceso a oportunidades.

Desde esa perspectiva, el riesgo no es solo analítico, sino también político. Según advierte el académico, el relato de la ministra “sugiere que la pobreza es una falta de voluntad. Al enfatizar la resiliencia de una persona pobre, se traslada la responsabilidad del Estado hacia el individuo, y se invisibilizan las barreras estructurales”.
Una línea similar plantea Quentin Ramond, doctor en Sociología y director del Centro de Economía y Políticas Sociales (CEAS) de la Universidad Mayor. Según explica, este tipo de discursos encuentra terreno fértil en el énfasis contemporáneo en la igualdad de oportunidades.
“Estas historias sugieren que, si algunas personas logran ascender socialmente, entonces alcanzar posiciones más valoradas podría estar al alcance de todas y todos”, sostiene. Sin embargo, advierte que esa extrapolación es problemática porque “los resultados individuales dependen fuertemente de las redes, los recursos familiares y los contextos institucionales” que cada persona pueda tener.
Para Ramond, el punto de fondo es que la meritocracia, aunque relevante, también opera como un mecanismo de legitimación. “Si quienes ascienden lo hacen por mérito, entonces quienes no lo logran pueden ser percibidos como responsables de su situación”, explica, agregando que este fenómeno resulta particularmente sensible en un país con altos niveles de desigualdad como Chile.
El sesgo de supervivencia
El debate también tiene una dimensión psicológica. El académico de la Universidad Central, Daniel Sánchez, apunta a que este tipo de interpretaciones responde a patrones cognitivos ampliamente estudiados.
“Tendemos a darle mayor importancia a los relatos de personas que logran salir adelante y olvidamos mirar a quienes no lo han logrado”, señala. Ese fenómeno -conocido como sesgo del superviviente- implica observar solo los casos exitosos, ignorando el conjunto más amplio de trayectorias.
Sánchez agrega que este sesgo se combina con otros mecanismos, como el error de atribución, que lleva a explicar el éxito por cualidades internas como “la garra” o “la decisión”, y la llamada falacia narrativa, que convierte historias particulares en supuestas reglas generales.
“Decimos que a una persona le fue bien por sus características, cuando influyen múltiples factores externos. Terminamos acomodando la realidad a cómo queremos verla”, explica.

Para Gajardo, uno de los efectos más problemáticos de este tipo de declaraciones es su impacto en el debate público. “Romantizar la precariedad puede tener efectos contraproducentes. Si la pobreza es formativa, entonces, ¿para qué combatirla?”, plantea. En esa línea, advierte que este tipo de discursos puede reforzar el statu quo, legitimando “una estructura desigual, donde las élites pueden usar estas historias para justificar las diferencias existentes”.
Ramond coincide en que presentar la pobreza como una experiencia positiva puede tener efectos más amplios. Entre ellos, menciona la invisibilización de evidencia que muestra impactos negativos en salud y desarrollo, la pérdida de urgencia en políticas públicas y la omisión de costos sociales asociados.
La respuesta de Lincolao
Después de la presión de la prensa en un evento realizado en un hotel en Las Condes, la ministra Lincolao explicó sus dichos que abrieron cuestionamientos desde ayer.
“Cuando yo dije que para mí había sido un regalo haber nacido pobre, lo dije porque yo conozco hoy día muchísima gente que ha tenido los mismos orígenes“, aclaró ante las preguntas sobre sus dichos. Además agregó que ”cuando tú eres una persona humilde, de escasos recursos, tienes que desarrollar muchas veces habilidades de sobrevivencia. Nadie quiere ser pobre. Uno no elige la familia en la que nace. El color de piel, de pelo, no se elige, pero se desarrollan esas habilidades de sobrevivencia, que me imagino ustedes también en sus trabajos las tienen que tener. A eso me refería“, especificó.
Incluso, la vocera de Gobierno, Mara Sedini, salió esta mañana a hablar sobre los cuestionamientos contra Lincolao, y así salir al paso de esta polémica desde la perspectiva del Ejecutivo. “Siempre supimos que uno de los grandes problemas iba a ser enfrentarnos a diversas interpretaciones de mala fe de cada cosa que dijera un ministro o dijera alguna autoridad de este gobierno. La verdad es que no tenemos tiempo para eso. Tenemos proyectos importantes, estamos trabajando contra el crimen organizado, contra la seguridad, contra la migración irregular. Nuestro objetivo es preocuparnos de las urgencias de los chilenos, y no de peleas chicas”, comentó.
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