51 países subieron cotización, retrasaron retiro o ajustaron pensiones desde 2009

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Mayoría de los países ha realizado dos o tres cambios, apuntando a disminuir el costo fiscal.




Un análisis de la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones (FIAP) muestra que al menos 51 países han elevado sus tasas de cotización, retrasado la edad de retiro, modificado las fórmulas de cálculo de pensión o incluso restringido o congelado montos de retiro, en los últimos siete años, desde la crisis global de 2009.

Se trata de ajustes paramétricos que hoy se debaten en Chile para mejorar al esquema de pensiones vigente, uno que, según indicó la Presidenta, Michelle Bachelet, ayer en una entrevista a Bloomberg, "es bueno para el mercado pero no para la gente que se retira".

La razón detrás de los ajustes entre 2009 y 2016 fue principalmente disminuir los costos fiscales. Así, 19 países subieron la tasa de ahorro en sus programas de reparto, 36 retrasaron la edad de jubilación y 38 ajustaron la fórmula de los beneficios y recortaron o congelaron montos de pensiones de vejez.

Australia, por ejemplo, aprobó el alza gradual de la edad de retiro de 65 a 67 años desde 2017 hasta 2023 y en mayo de 2014 se inició otro aumento gradual a 70 años hacia 2026. Pero asimismo, redujo el umbral de activos para acceder a una pensión estatal no contributiva a casi la mitad de antes. España, en tanto, aprobó en 2011 el alza a la edad de retiro gradual de 65 a 67, hacia 2027, e hizo varios ajustes a la fórmula de cálculo de las pensiones, elevando por ejemplo los años de aporte exigidos para acceder a pensión. Mientras que Alemania comenzó en 2012 a elevar gradualmente la edad de retiro de 65 a 67 hacia 2029.

Ajustes en capitalización

Si bien el estudio evidencia que los cambios se han hecho principalmente en países que mantienen esquemas de reparto o mixto, los expertos coinciden en que ello no significa que sistemas como el chileno, de capitalización individual, no requieran este tipo de ajustes con igual urgencia.

"Ningún esquema de pensiones es inmune a los cambios a las expectativas de vida en el mundo", reconoce el gerente general de la Asociación de AFP, Fernando Larraín. "Chile es uno de los países que ha experimentado con mayor velocidad los cambios demográficos, pero nuestros parámetros no se cambian desde 1981. Pero mientras este sea un tema que se aborde políticamente, no será fácil tomar las decisiones", dice. Para Mónica Titze, consultora en pensiones y socia de BeReady, este factor explicaría la demora en la toma de decisiones, ya que mientras en los países con modelos de reparto la presión por ajustes viene dada por el elevado costo fiscal que tienen, en los esquemas de capitalización individual como el chileno, estos cambios tienen costos políticos difíciles de asumir.

Para el ex subsecretario de Previsión Social, Augusto Iglesias, los datos evidencian una vez más que frente al envejecimiento de la población la única forma de mantener o incrementar las pensiones es elevando el ahorro y la proporción de años trabajados y pensionados, aun cuando tenemos "un sistema más robusto que la mayoría de los países del mundo (...) con mayor sustentabilidad de largo plazo", sostiene. La ventaja, agrega, es que al tener mayores fortalezas estructurales, "los ajustes que hagan a sus parámetros deberían también ser menores en comparación a lo observado en países con regímenes de reparto".

Por su parte, el académico de la U. de Chile, José Luis Ruiz, afirma que el estudio permite comprobar que la solución al problema de las pensiones debe considerar una combinación entre ajustes paramétricos y políticas orientadas a mejorar el crecimiento económico, la distribución de ingresos, las lagunas previsionales y las diferencias salariales por género".

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