Hija de vocera de "Bus de la Libertad": "Ella es mi progenitora, no mi familia"

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Carla González, trans, de 19 años, dio una conferencia en el Movilh para explicar su decisión de cambiar de sexo. Respecto del vehículo liderado por su madre, Marcela Aranda, dijo: "Me sentí discriminada cuando salió a la calle".




"Con mis hijos no se metan". Ese era uno de los mensajes que se podía leer en uno de los costados del llamado "Bus de la Libertad", que hace casi cinco meses se paseó por las calles de Santiago y otras ciudades del país, provocando muestras de apoyo y otras manifestaciones de crítica y abierto rechazo.

En ese momento, Marcela Aranda figuraba como vocera del controvertido ve- hículo, cuyo objetivo, en teoría, era defender de manera explícita su postura contraria a la identidad de género y diversidad sexual. Ese discurso, de hecho, la convirtió en una figura que para muchos representaba el rechazo a los derechos de las comunidades LGBTI.

Durante el fin de semana su nombre volvió a aparecer en los medios de comunicación, pero esta vez la noticia no era ella, sino su hija, Carla González (19), quien decidió hacer pública su condición de transgénero y su decisión de cambiar su sexo y nombre de manera legal. Por lo mismo, hace aproximadamente cuatro meses comenzó a recibir la asesoría del Movilh para llevar a cabo el proceso.

Hoy, en su primer encuentro con la prensa, la joven partió aclarando la relación con su madre. "Con ella no tengo contacto desde hace unos tres años. No recuerdo cuándo fue la última vez que hablamos", contó.

El alejamiento entre ambas, según Carla, se dio después de que ella le contara a su madre sobre su condición. "Su reacción fue muy peculiar", dijo, sin profundizar en ese capítulo. Y añadió que no tiene contacto con nadie de su familia.

Sobre el rol protagónico de Marcela como vocera del bus, aseguró desconocer sus motivaciones. "No creo que mi condición haya tenido algo que ver". No obstante, sí reconoció que "me sentí discriminada cuando el bus salió a las calles".

Procesos

Además, Carla explicó que comenzó su proceso de hormonización hace dos años, de manera particular y sin la supervisión de su madre. Por ello, durante la mañana de hoy ingresó un requerimiento en un tribunal civil para solicitar su cambio de nombre y sexo de manera legal.

En cuanto a su vida familiar, la joven dijo que tuvo las dificultades que "cualquier persona tendría con ella (su madre)". Y también añadió que el apoyo para afrontar la situación lo ha tenido de su pareja, de la familia de ésta y su mejor amiga. "Mi mamá es mi progenitora, pero no la considero mi familia".

El lunes reciente, Marcela Aranda asistió a la Comisión Constitucional del ex Congreso, donde se discutió el proyecto de matrimonio igualitario. Una vez terminada la sesión se fue sin emitir declaraciones sobre su hija. No obstante, sí comentó la situación a través de redes sociales, donde sostuvo que "no haré ningún comentario sobre mi hijo, a quien amo con el mismo amor que Dios nos ama, con un amor que nunca deja de ser". Y acusó al Movilh de utilizar la situación de Carla a su favor.

Sus declaraciones causaron molestia en el vocero del Movilh, Rolando Jiménez, quien dijo que "queremos rechazar que Marcela Aranda haya visibilizado la identidad de género de su hija y que siga tratándola de manera masculina en la declaración pública que emitió".

Expertos y vida familiar

Para Liz Amador, sicóloga y presidenta de la Fundación para la Salud Mental de América y el Caribe, "no es casual que ella -Marcela Aranda- haya jugado un rol tan protagónico en el bus, rechazando algo que tenía muy cerca. Mientras más cerca está de uno, más temor tienes a que aparezca en tu vida".

Sobre las consecuencias que el rechazo familiar puede causar en una persona transgénero, la especialista explicó que "hay evidencia que demuestra que se genera un alto nivel de estrés y depresión en las personas transgénero y homosexuales al tener que afrontar la problemática social. Cuando hay rechazo y una suerte de expulsión de la familia, esa alteración anímica aumenta considerablemente".

Añadió que "cuando las familias logran ver el efecto real que pueden tener en las personas, probablemente van a poder ponerse en su lugar y entender que su hijo o hermano es más que su preferencia sexual, sino que una persona con sentimientos y espiritualidad".

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