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La ciencia responde por qué viajar es más que un placer

"Viajar es fatal para el prejuicio, la intolerancia y la estrechez de mente. Una visión más amplia de las cosas no puede ser adquirida vegetando en una pequeña esquina del mundo durante toda la vida". La frase del escritor norteamericano  Mark Twain (Las aventuras de Tom Sawyer) es dura, no importa la época en que haya sido escrita ni en la que sea leída. Pero a través de esa dureza, el autor nacido en 1835 y viajero empedernido apunta a uno de los principios centrales de una travesía: un viaje es más que descanso o un simple recorrido por tierras extrañas; es una experiencia que en sí constituye una eficaz terapia para ayudar a poner en su lugar la vida de cada quién.

Hay estudios y hay especialistas. Y todos concluyen lo mismo, existe una serie de beneficios físicos y sicológicos que sólo un viaje puede dar y que, de paso, son muchos más de los que cualquier persona con ánimo de conocer mundo puede llegar a sospechar. Y aunque en principio todo esto puede sonar a exageración -porque al final de cuentas, un viaje es sólo unos  días de descanso y pasarlo bien con otro aire-, toma un matiz diferente tras investigaciones como la del Centro de Salud St. Joseph, de Toronto, que comprobó que los niveles de presión sanguínea, ritmo cardíaco y epinefrina -una hormona del estrés- de las persona decaen considerablemente al segundo o tercer día de travesía.

Otro estudio, como el realizado en 2006 por Air New Zealand, analizó a un grupo de viajeros de EE.UU. a Nueva Zelandia. A cada uno se le instaló durante 12 días un dispositivo que medía la cantidad y calidad del sueño tres días antes del viaje, durante el viaje y tres días después:  a las 48 horas de estar fuera, la gente ganaba una hora de sueño y su capacidad de reacción mejoró 80%. Al volver, en tanto, seguían durmiendo una hora más y su capacidad de reacción era entre 30% y 40% superior que antes del viaje.

Las razones fisiológicas de estos beneficios no están analizadas en profundidad; sin embargo, un tercer estudio comprobó cómo la terapia de viajar puede llegar a ayudar a quienes sufren de depresión. Una de las características de las personas con trastornos del ánimo es que tienen bajos niveles del neurotransmisor serotonina, que está relacionado directamente con el bienestar físico y mental. Al viajar, se demostró, los niveles de serotonina y dopamina (relacionado con el sentido de la aventura) son mucho más altos.

Y para los hombres de mediana edad con alto riesgo coronario, partir,  más que una opción, es casi una obligación. De acuerdo con una investigación de la Universidad Estatal de Nueva York, las personas con esas características que viajaban frecuentemente presentaban 21% de menor riesgo de morir por cualquier causa y 32% menos posibilidades de fallecer de una enfermedad cardíaca.

MÁS SUEÑO Y CORAZÓN


Madrid, Rancagua, Rusia, Antofagasta o Brasil. A nadie le importa dónde, mientras viaje. Así lo hizo la periodista estadounidense Karen Schaler, quien inspirada en su propia experiencia en travesías, que la llevaron a ser corresponsal de guerra en Afganistán y Bosnia, acaba de publicar el libro Travel Therapy: Where do you need to go? (Terapia de Viajar: ¿Dónde necesitas ir?), donde afirma que, "cambiando de entorno, cambias de actitud" (ver recuadro).

En entrevista con La Tercera, la autora explica que "la terapia de viajar consiste en dejar de tomar pastillas o llamar al sicólogo cada vez que encuentras un problema en el camino; a cambio, debes levantarte del diván y hacer un viaje que te dé fuerzas y te inspire". Agrega que, dependiendo de su estado, algunos pueden necesitar ir a un doctor, pero para los que enfrentan dramas comunes, "el solo acto de viajar los ayuda y va a inspirar en ellos una disposición mental positiva".

Según los expertos,  son tres los principales beneficios sicológicos de viajar.

Se retoma el control de la propia vida.
La rutina impone una serie de actos automáticos y ritos diarios en los que la mayoría de las personas funcionan en "piloto automático", sin reflexionar sobre los acontecimientos. En ese escenario, salir enfrenta al individuo a las propias decisiones y sus consecuencias. Mientras las personas viajan, están al mando y eso cambia las perceptivas.

"Un viaje es un desafío que lo lleva a uno a tener el control sobre uno mismo. Es metafóricamente una terapia, porque partes a un lugar diferente con la intención de producir un cambio, aprendes cosas nuevas y vuelves siendo otro", dice el siquíatra León Cohen, de la Asociación Sicoanalítica Chilena.

Se desestructura la mente.
Cuando se llega a otro lugar, además, ocurre un fenómeno la mayoría de las veces imperceptible, pero profundo. En la cotidianidad, todos nos movemos con soltura frente a códigos conocidos -sabemos qué hacer con la familia y qué decir en el trabajo-, pero al estar lejos de ese contexto, perdemos nuestros referentes y nos enfrentamos a la realidad inmediata, echando mano a destrezas que no sabíamos que existían y que, generalmente, nos ayudan a navegar con acierto. "El exceso de estructura es agotador, por lo tanto, descansar de eso es bueno", dice Francisco O'Ryan, sicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Chilena (APCH).

Anonimato.
Existe también un tercer aspecto casi ineludible en una travesía y que los especialistas definen como escencialmente terapéutico: el anonimato. Dejar atrás el trabajo, los problemas y a todos los que conocen nuestros aciertos y desaciertos da una libertad infinita. Al dejar los elementos que definen la vida diaria, dicen los expertos, la persona se siente en libertad de hablar o enfrentar cualquier situación, sin que nadie lo juzgue por referencias pasadas y sin miedo a quedar en ridículo.

"Las personas al viajar se sienten ajenas al lugar y eso les da la posibilidad de no tener que hacerse cargo de nada, de no tener que dar cuenta a alguien. Es la sensación de que uno es lo que es ahí y no que tiene que cumplir con las expectativas de los demás que me conocen", comenta Sergio Barroilhet, siquiatra, profesor Universidad de Los Andes.

Si bien los beneficios sicológicos de viajar muchas veces no son cuantificables, los propios viajeros intuitivamente manifiestan su satisfacción mental. Un estudio publicado en el National Travel Leisure Monitor consignó que quienes salen califican su propia salud y bienestar un punto más alto -en una escala de 1 a 5- mientras están fuera.  Lo mejor de todo es que, según un informe de la Universidad de Surrey (Gran Bretaña), la sola expectativa ante un viaje  aumenta los sentimientos positivos sobre la familia, situación económica y salud.

EL PRECIO DE VIAJAR

De acuerdo al libro Travel Theraphy Una terapia para superar un problema como una separación, la pérdida de un ser querido o para generar un cambio profesional requiere de al menos una consulta semanal en el sicólogo o siquiatra por al menos 8 meses. Por lo general, se receta además un ansiolítico suave y un antidepresivo. La sesión terapéutica tiene un valor aproximado de USD 100 ($55.000) y la caja de pastillas cuesta aproximadamente USD 40 ($22.000) cada una y duran un mes. El total de esta terapia sería de USD 3.840.

Si ese dinero se usa para hacer un viaje-terapia, alcanza para realizar un Overland por Sudáfrica de 24 días más el vuelo; o recorrer Guatemala y Belice por 15 días a todo lujo, incluido el vuelo; mochilear por el sudeste asiático por dos meses con boleto aéreo; caminar al campamento base del Everest con vuelos incluidos; o realizar trabajos voluntarios en países como Tailandia, Perú o India, por más de dos meses.

Si la persona sufre una depresión, las terapias aumentan a 3 por semana y los remedios se incrementan. Lo mismo para quienes hacen sicoanálisis que asisten al menos 4 veces por semana al terapeuta por un mínimo de 6 años. Esto da un total (sin incluir medicamentos) de USD 28.800 ($15.840.000).

Por ese monto se puede recorrer toda Asia por un año de manera independiente; recorrer Africa del Este en grupos privados por 3 meses o pasear con toda la familia por Sud y Centroamérica.

¿DÓNDE NECESITA IR?

El libro Travel Therapy tiene como objetivo central definir cuáles son los destinos indicados para determinados problemas y personalidades. Estos son algunos de los problemas y sus viaje-terapias para superarlos:

1. "HOTEL CORAZONES ROTOS"


Si el problema es una reciente ruptura amorosa, está dentro del  "Heartbreak Hotel". Lo primero es saber que no debe viajar a sitios a los que fue o planeaba ir con su pareja y a destinos románticos. Las opciones son:

Destinos con desafío


Se trata de viajes que permiten recuperar la autoestima y dejar de lado los sentimientos de vacío y desesperanza. Nadar con tiburones blancos, según la autora, es una experiencia que "erradicará todo pensamiento negativo  de tu sistema". Este tipo de tour se puede hacer en la isla Guadalupe (Baja California), en San Diego,  Sudáfrica o la isla Mauricio.  Las otras opciones son volar en alas delta o bien, participar en una carrera de autos que "dejará todos tus dolores de cabeza perdidos en el polvo".

Aventuras de acción


El énfasis está en aumentar la producción de endorfinas y el estado de euforia. Según Schaler, hacer canopy, rafting o cave tubing, "hará que la sangre fluya a torrentes". Para el canopy recomienda Puerto Rico; para la navegación de cuevas subterráneas, la selva de Belice, y para el rafting, Sun Valley (Idaho).

Escapadas de spa


El objetivo es relajar el cuerpo y la mente. La autora advierte que si se ha vivido una ruptura sentimental, deben evitarse los hoteles y spas concurridos por parejas, ya que  puede provocar dolores estomacales a un recién separado. Aparte de esto, se debe elegir el lugar de acuerdo al presupuesto y el tiempo que se disponga.

2. PÉRDIDAS Y ENCUENTROS


La pérdida de un ser querido, de un trabajo o del círculo de amigos cuando se cambia de ciudad, es algo que deja con una sensación de vacío y agotamiento. Aunque la tendencia natural es a recluirse, debe hacerse justo lo contrario: rodearse de actividad y de gente interesante. Por eso, no se debe ir a lugares en los que esté aislado y tampoco a destinos que sean poco activos. Estas son las alternativas:

Tour grupales únicos


La idea es escoger un tour a un destino que sería difícil de explorar independientemente y donde se encontrará a personas de todas partes del mundo, con quienes se podrá compartir momentos únicos. Los destinos recomendados por la autora para este tipo de viaje-terapia son Dinamarca, Austria y Mongolia.

Venga a navegar


Los cruceros son una buena manera de viajar junto a personas de todas partes, de recorrer lugares únicos y sin preocuparse del traslado entre un punto y otro. Los destinos destacados son Alaska, las Islas Griegas y México.

Relájese, todo está incluido


Si el hotel escogido es uno de esos perfectos lugares donde no se permite ni dar propina, entonces cumple con la función de dar unas vacaciones sin preocupaciones. Los recomendados son República Dominicana, Playacar (México) y la isla Antigua.

3. REINVENTARSE


La necesidad de renovarse y reinventarse es cuando está en un punto de su carrera o de su vida que parece no tener salida, aunque persiste un sentimiento de que "hay algo más". En esta situación no se debe ir a lugares en los que ya has estado ni a destinos muy turísticos o en los que no hay nada que aprender.

Destinos únicos


Una de las mejores maneras de remover el sentimiento de llevar una vida rutinaria es viajando a un destino remoto, donde con sólo aterrizar se dará cuenta de que está muy, pero muy lejos de su país.

Desde esta nueva perspectiva y sometido a un shock cultural intenso, "podrá descubrir cosas únicas y aprenderá mucho de usted mismo en el proceso", señala Schaler. Los detinos destacados son Dubai, Malawi, Vietnam y Camboya.

Viajar solo


Saber que puede ir a cualquier parte y cuando quiera, sin avisarle a nadie, es una de las experiencias más fuertes que se puedan tener, piensa la autora. Además, recalca que es cuando más abierto está a interactuar y vivir el viaje espontáneamente, sin ataduras. Los lugares que recomienda son Zihuatanejo (México), Nueva Zelandia y Suiza.

Lección aprendida


Otra manera de darle color, magia y sabor a una vida que parece aburrida es tomar unas vacaciones en las que se pueda aprender algo nuevo, dice la autora. Y recomienda clases de cocina en Italia, de chocolates en Francia o vivir para un tiempo campestre en un rancho de Montana.

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