Luis Dimas: el Rey del Twist está arrepentido

"Me arrepiento de haber sido muy banal, seducido por luces, de la cocaína y las putas", afirma el cantante ícono de la Nueva Ola. Aunque está lleno de proyectos, la calma que dice vivir a sus 73 años no se justifica sin en el recuento de sus fechorías y tropiezos.

Destilando vanidad es que camina Luis Dimas por Santiago. A paso largo y piernas abiertas, como cuando los pies se van a los costados rimando con los hombros para imponer cierto estilo. “Vanidad” no es una palabra aleatoria; la eligió él para describir los baches en su carrera y su preocupación más antigua que trata de saciar actualmente.

Camina pintoso, con ropa combinada,  perfecto peinado hacia atrás y notoriamente perfumado. Se arregla para él y para quien se encuentre con él en la calle, decida mirarlo fijo a los ojos y decida acercarse hasta escuchar saludar primero al cantante. La mayoría entra en confianza rápido. Cuando eso ocurre, le piden hacer el paso que lo coronó en los años de la Nueva Ola como “el rey del twist”. A los 73 años que tiene, se puede pensar que no está en edad de mover sus pies y caderas brusco de lado a lado. Pero él lo hace en modo automático. “Tengo buen estado físico”, se ufana.

Dimas está vigente al nivel de un artista consagrado al que los jóvenes se le acercan para sacarse selfies con celulares –aparatos que todavía trata de entender- en la calle. Tan vigente, dice él, que ha podido ir incluso más lejos que sus compañeros de generación de la Nueva Ola que todavía se reúnen –los vivos- para recordar los años en que “Trabajo de verano” de Larry Wilson o “Puré de papas” de Cecilia, la incomparable , sonaban en las radios y algunos televisores que existían en la época. “Yo soy diferente”, dice Dimas, quien perdió hace poco tiempo a uno de sus amigos de esa época más cercano, Peter Rock.

El músico está atareado. Se encuentra armando un nuevo disco llamado “Aún sigo aquí”, también un musical en el que pretende contar parte de su trayectoria y está en la incesante búsqueda de una editorial que quiera publicar su último libro basado “en el rey del twist”, cuenta él en tercera persona.  La muerte lo ha rondado en sueños, aunque antes de concretar su cometido, Dimas está moviendo hilos para poder crear una casa de retiro para ancianos.

¿Por qué preocuparse de otros ancianos y no solo de sus 73 años?

Porque yo estoy activo. Estoy haciendo mucho concierto. Estoy escribiendo nuevas canciones y trabajando en el Master del Adulto Mayor (MAM) que creó Roberto Mendoza, el ex productor de Sábado Gigante y que trabajamos con el Comité Olímpico de Chile. Ahí hacemos actividades para gente mayor. A la gente vieja se le caricaturiza como regando o tejiendo, pero la verdad es que es gente que puede cantar, hacer charlas, trabajar. Ha sido bien bonito todo esto.

“Los gallos de las redes sociales son especialistas en peleas. Se sientan a ver con quién discutir. Pero fíjate que si tú los examinas no son malos, no son gente mala. Son como los cuatreros que para decirte buenos días te tienen que sacar la madre”.

¿En qué momento hace shows, graba un disco y escribe un libro?

Siempre hay tiempo. En el transcurso de mi carrera escribí dos libros,  fui a Las Vegas, me titulé como el mejor showman chileno, o el más completo. He cantado, he actuado y en la calle me paran y me dicen “hey, ¿cómo es el paso?”. Llevo 40 años así, ¡como el maldito rey del twist! Por lo mismo, armé un libro y quiero armar un musical con esa historia; con la historia de alguien que tiene múltiples talentos, pero que la gente encasilla en un paso de baile.  El libro está por verse, porque estoy buscando editorial, que es lo más difícil. Le veo futuro, porque hasta el día de hoy tengo regularidad en venta, no como antes, por supuesto, pero tengo regularidad en éxito: lleno los locales. Y además, los jóvenes prenden conmigo porque soy movido y muy auténtico. A pesar de que tengo mucha edad, todavía tengo juventud.

¿Y en qué se expresa esa juventud?

En el lenguaje. Digo “cachai”, por ejemplo. Me ayudó que tengo cuatro hijos y que fui amigo de ellos. El menor tiene 21 y es un capo. Tres de ellos están en Canadá.

Parte de eso puede expresarse en el uso que hace de redes sociales donde sube fotos, comentarios, ha peleado y lo han troleado, ¿no?

Sí. Me entretengo en redes sociales. Contesto, aunque sé que lo que no le gusta a la gente es alguien que contesta, porque los gallos de las redes sociales, son especialistas en peleas. Se sientan a ver con quién discutir. Pero fíjate que si tú los examinas no son malos, no son gente mala. Son como los cuatreros que para decirte buenos días te tienen que sacar la madre. Pero no son todos.

Debe ser difícil lidiar con los trolls. ¿Cómo lo hizo usted?

Es que  si tú ves que te están tratando mal y cambias la forma de ellos tratándolos con amor, ellos cambian. Lo que ellos quieren en el fondo es encontrar a alguien que los apoya. Yo caí al principio en la provocación, pero encontré una buena respuesta a las cosas que me dicen.

¿Cuál es esa respuesta?

Que no importa que me saques la madre, porque tu mamá y tu papá fueron causantes directos de que yo sea famoso. ¿Cómo te voy a odiar a ti?, ¿cómo voy a pelear contigo? Me llevas ganada la mitad de la pelea. Con eso, cualquiera baja.

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“Hay gente que dedica su vida al Twitter”

Luis Dimas se ha convertido en un hit de redes sociales siendo, de su generación, quien más comentarios y replicaciones tiene cuando se trata de contenido propio. Circulan videos de él imitando a Mike Patton, jugando fútbol en la fallida posición de arquero y, como todo artista, ha sido víctima de molestias e insultos por parte de desconocidos. En enero pasado, la situación, según él, se le fue de los dedos cuando en su cuenta de Twitter apareció un mensaje de connotación sexual. Ahí, decidió alejarse de las redes.

¿Quién maneja su Facebook?

No soy yo. Es que no tengo tiempo. Hay gente que dedica su vida al Twitter, Facebook, Instagram, pero a mí me quita mucho tiempo. Tengo que dedicarme tres horas al día, en las cuales estoy ocupado en otras cosas. Además, ahora soy amigo en facebook, pero hace cuatro años partí como enemigo, porque para ellos todo el gallo que tiene éxito es enemigo y toda mujer es puta.. Entonces, ¿cuál es mi labor? ¿Hacerlos más enemigos o tratar de ganarlos? Es difícil, porque cuando una persona te ataca, a uno le dan ganas de atacarlo. Pero el daño es más grande. De mí esperan que tenga cierta calma porque me ven viejito y por lo mismo creen que debería estar más maduro, pero no soy muy maduro que digamos.

“Aquí le han negado hasta a la Gabriela Mistral que ha escrito poemas. (Pero) Creo que tiene un fondo de verdad lo que han dicho. Yo era muy cachetón, y ser cachetón es parte de ser mentiroso”.

¿Cómo es eso de que a sus 73 años no es tan maduro?

Porque soy más o menos alocado. Soy demasiado auténtico, no sé tomar las voces ideales del artista. Soy totalmente anti pose. Probablemente, eso me transforma en el showman que soy. Eso me debe haber llevado a Canadá y a ser el primer artista que trabajó en Las Vegas.

Precisamente después de esos viajes,  cuando llegó a Chile en los 70, lo cuestionaron mucho por cómo usted pintaba su vida en el extranjero. ¿Qué fue lo que pasó?

Es que aquí le han negado hasta a la Gabriela Mistral que ha escrito poemas. Creo que tiene un fondo de verdad lo que han dicho. Yo era muy cachetón, y ser cachetón es parte de ser mentiroso. Ser agrandado es parte de ser mentiroso, parte de ser chanta. Yo eso lo asumí. Es que tenía inseguridad.

¿En qué cosas fue chanta?

Cuando llegué de Canadá me pasó lo que le pasa a ciertas personas que empiezan con “es que allá en Estados Unidos” y a ti te dan ganas de decirles que mejor se devuelvan. Creo que a lo mejor exageré un par de triunfos. Cuando después miré, bajé, no sopesé que estaba en un país de envidiosos. Lo cierto es que no me quedé afuera porque me costó mucho, pero me sirvió mucho también. Aprendí a ser un buen showman, a zapatear bien, a hablar mejor y terminé mis estudios de canto. Fui el primer artista chileno de todos los tiempos que hizo Las Vegas con mucho éxito.

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“Fui muy mal marido, muy desleal”

El carrete le pasó la cuenta a una vida que Dimas divide en partes rotundas que solo tienen dos opciones: el fracaso o el éxito. Por lo mismo, después de separarse, de ver partir a tres de sus cuatro hijos a Canadá, se guardó. En Italia, en un show que no tenía mayor importancia para él ni para ella –que no sabía quién era el que cantaba- conoció a su nueva pareja con la que lleva 15 años de relación. Por ella, jura, dejó las fechorías que justificaba con la seducción de la fama y las luces, y que hoy lo tienen incluso medio arrepentido.

¿Fue un error volver a Chile?

Fue un grave error, porque había entrado bien en Las Vegas y en el oeste canadiense. Había pegado un disco que era difícil. Y me fue bien, con lo difícil que es pegar con un disco latino allá. Estamos hablando de hace muchos años atrás. Al volver, en el 84, me compré una casa acá. Fue difícil, así es que me centré en mi familia.

¿Y esa percepción exagerada sobre su éxito en el extranjero lo afectó en las relaciones con su familia?

No, porque siempre he sido buen padre. Buen marido no.

“Me arrepiento de no haber utilizado mi tiempo más provechosamente.  Me arrepiento de no haberle dado más tiempo  a Luis Dimas. Me arrepiento de no haber respetado más a Luis Dimas Misle Troncoso”.

¿Por qué no fue buen marido?

Porque era muy lacho. Pero me afectó en otras relaciones. No me di cuenta que cuando a ti te quieren lo único que tienes que hacer cuando llegas de afuera es decir que llegaste. En cambio, traté de impresionar a quien no quería que yo lo impresionara porque estaban recibiendo a un amigo. Ese fue mi grave error. Uno de mis formadores un día me dijo: Luis, me estás tratando de impresionar a mí ¡y yo a ti te hice! Uno pierde el concepto. Por lo mismo, cuando yo conocí a Elvis Presley la gente empezó a decir que yo había dicho que era amigo de él. No fue así. Jamás conocí la vida de Sinatra o Presley. Con Presley estuve en su living hablando de cultura y costumbres, no de su vida personal.  Estuve hasta las seis de la mañana en living de Elvis Presley. ¡Qué gallo más amoroso!

¿Fue la vuelta a Chile lo que lo hundió en la cocaína?

A ver, yo nunca fui vicioso y nunca consumí drogas en mi vida. Tomaba poco alcohol.  Empecé en los 70, en medio de un grave bajón porque hice un negocio y perdí mucha plata. Luego, volví el 84 definitivamente y traté el mismo negocio. Esa vez me  fue bien, pero me estafaron. Y de ahí empecé a consumir cocaína. Nada más que eso. La primera vez que la probé la encontré rica y seguí para adelante. Me gustó, poh.

¿Cuánto tiempo estuvo consumiendo sistemáticamente?

Sistemáticamente no, pero consumí muchos años. Si yo nunca fui drogadicto, drogadicto. Nunca fue algo como que si no estaba la coca yo no funcionaba, porque eso es ser drogadicto. Yo nunca me angustié. Podía estar tres meses sin consumir y no pasaba nada. De repente pasaba una dama sexy y me lanzaba contemplando que a esta persona le gustaba también el carreteo.

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“Me arrepiento de no haberle dado más tiempo a Luis Dimas”

Desde esa primera vez que consumió cocaína, en los 70, siguió de largo. Se dio cuenta que era una gran oportunidad para revolverla en fiestas y para pasarlo bien con mujeres a las que les pagaba para que estuvieran con él. Ese buen pasar en la diversión lo condujo al segundo gran quiebre de su vida: el quiebre de su primera y entonces única relación seria. “No fue por plata, fue porque mi relación era muy irregular. Con los años volví a conversar con ella. Creo que fui muy mal marido, muy desleal”, dice.

Si estuvo con otras mujeres y consumió tantas cosas, era de esperarse que la relación terminara, ¿o no?

Claro que sí. Me terminaron por lacho, por andar en de demasiada conga y carrete. Yo estaba enamorado ella y ella de mí. Pero estar enamorado implica lealtad. Pero el artista cuando es exitoso es como un niño chico. A mi ex señora, Patricia Atala, siempre la he querido y respetado. Pero nunca más volvimos a tener algo.

¿Cuándo fue la última vez que consumió cocaína?

Hace 15 años. Me deshice de todas esas cosas malas. Por eso creí que realmente estaba cagado. Yo disfrutaba eso, pero un día dije: no más, ¡y no más! Después solo tomaba vinito.

Usted divide su etapa en éxitos y fracasos de manera muy tajante. ¿En qué momento está ahora?

En un buen momento, y estarlo me costó toda la vida. Es que yo siempre fui muy egocéntrico. Siempre he creído que la vanidad es saludable, porque es importante cómo te ves y cómo estás. Que si estás gordito, bajas la guatita. Hoy trato de usarlo de forma positiva, de estar mejor, de no estar mareado para dejar de hacer diabluras.

“Me da miedo la muerte. Quiero tanto la vida, que me da miedo morir. No me imagino muriéndome”.

Dimas, su segundo nombre, fue justamente el nombre del ladrón “bueno” que fue crucificado junto a Jesús. Es un arrepentido, como usted, ¿no?

Todos los artistas nos volvemos arrepentidos. Hay que saber pedir disculpas. Me arrepiento de no haber utilizado mi tiempo más provechosamente.  Me arrepiento de no haberle dado más tiempo  a Luis Dimas. Me arrepiento de no haber respetado más a Luis Dimas Misle Troncoso. Me arrepiento de haberme dejado llevar por cosas banales en vez de haber sido estricto como soy, aunque eso también es locura, no creas que no. De Van Gogh para adelante hicieron todos locuras. Me arrepiento de lo que no hice. Me encandilé. Creí que no tenía más que aprender y me di cuenta que muy poco sabía.

¿Y cuál es su mea culpa?

La embarré dándole importancia a muchas cosas banales. Debí haberme preocupado de ser más artistas y no de haber entrado a la vida glamorosa de drogas y de putas. Eso es de lo que realmente me arrepiento. Me arrepiento de haber sido muy banal, seducido por luces, de la cocaína y las putas. El precio es muy alto y yo pagué ese precio.

¿Cómo se rehace una vida con ese prontuario?

Con amor. Llevo 15 años con mi pareja actual. Nos conocimos en Italia. Me fue a ver a un show sin querer, porque ella ni conocía a Luis Dimas. Vivimos juntos, tengo una piscina, mi jardín, tengo algunas propiedades. No soy millonarios, pero diría que puedo sobrevivir mejor que con la Pensión Básica Solidaria de Vejez.

¿Le da miedo seguir envejeciendo?

No. Me da miedo la muerte. Quiero tanto la vida, que me da miedo morir. No me imagino muriéndome.

Generalmente los más viejos se rinden ante la idea de morir en algún momento próximo. ¿Por qué usted le teme a esa inevitable opción?

Es que yo he soñado con estar muerto. Hace poco soñé estaba todo en negro. Estaba despierto en negro. Trataba de ver y no había nada. Nunca vi el túnel blanco, pero lo empecé a buscar. Caminaba y caminaba y no me caía. Era terrible, una sensación realmente escalofriante el estar solo y sin que nadie me hiciera daño. Me sentí que yo había muerto. Estaba muerto en vida o viviendo la muerte. No había ruido, nada. Soledad absoluta. Ese día, aunque no soy fanático de la religión, recuerdo que me desperté y le di gracias a Dios por seguir vivo.

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