Histórico

Tras 29 años llega filme de Sergio Castilla premiado en San Sebastián

En el Festival de Cine de Valparaíso, que comienza el sábado, se exhibe Prisioneros desaparecidos, película nunca mostrada en Chile y protagonizada por Nelson Villagra, el actor de El Chacal de Nahueltoro, donde interpreta a un torturador durante el régimen de Pinochet.

Para el "Once", Sergio Castilla figuraba en Estocolmo montando su primer largometraje, La historia. Tras el golpe permaneció en Suecia, donde rodó tres cortos difundidos por la TV local. Eran años de "agitación y propaganda", como los describe Verónica Cortínez en su libro sobre el cineasta, Cine a la chilena. Y también de trabajar junto al Instituto Sueco de Cine, que cofinanció la historia sobre los centros de tortura del régimen de Pinochet y sus víctimas. Teniendo  un guión originado en testimonios de exiliados, Castilla ganó un fondo sueco para echar a andar su nuevo largo.

Pero faltaban recursos para concretar el proyecto, y ahí llegó el apoyo del Instituto de Artes y Ciencias Cinematográficas de Cuba (Icaic), que en 1971 firmó un acuerdo con Chile Films y años después asistió a Miguel Littin (La tierra prometida) y Patricio Guzmán (La batalla de Chile), entre otros chilenos. El Icaic puso a disposición de Castilla un equipo de profesionales cubanos, que incluyó asistente de dirección, sonidistas y maquilladores. Solo entonces pudo, con el concurso de actores como Nelson Villagra (El Chacal de Nahueltoro), Hugo Medina y Leonardo Perucci, ver la luz Prisioneros desaparecidos.

La película incluso obtuvo el premio al Mejor Actor para Nelson Villagra en el prestigioso Festival de Cine de San Sebastián (España). De la obra de Castilla, el escritor argentino Julio Cortázar escribió: "El director ha tratado de condensar para la memoria una realidad infrahumana".

El segundo largo de Castilla es uno de los títulos incluidos en la retrospectiva de su filmografía que ofrece el Festival Internacional de Cine de Valparaíso, cuya XII versión tendrá lugar del 23 al 31 de agosto.

Basándose en experiencias de torturados, la película se centra en una casa en Santiago en plena dictadura, habilitada para tales prácticas. El libro de Verónica Cortínez señala que Castilla "se obsesionó con el tema de cómo alguien podía ser capaz de torturar", y se informó detalladamente de las distintas técnicas usadas en las sesiones. Lo que derivó en filmaciones que le habrían resultado emocionalmente muy difíciles de realizar. Respecto del papel del torturador, este recayó inesperadamente en Nelson Villagra, a quien Castilla tenía contemplado para encarnar a una de las víctimas. El mismo actor quiso enfundarse el papel de "villano".

Ya estrenada, la película causó reacciones enfocadas en la crudeza puesta en escena por el director. Representando  a Suecia, recibió diversos reconocimientos: premio de la crítica en Suecia y el premio del jurado en el Festival de La Habana.

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