Una manzana podrida

Derrick Rose,Eric Bledsoe
New York Knicks' Derrick Rose (25) drives past Phoenix Suns' Eric Bledsoe (2) during the second half of an NBA basketball game Saturday, Jan. 21, 2017, in New York. (AP Photo/Frank Franklin II) Wizards Knicks Basketball

New York Knicks vive otra temporada de pesadilla. Pese a fichajes millonarios, el equipo de Jeff Hornacek está lejos de cumplir las expectativas de su presidente, Phil Jackson.




Pasan los años. Pasan los millones de dólares. Pasan los fichajes. Y la realidad en Nueva York no cambia: los Knicks siguen estando lejos de los primeros planos de la NBA. Lo que es peor: para muchos se han convertido en un modelo de franquicia que nadie quiere imitar.

Poco importó reclutar varios de los supuestos mejores jugadores de la liga. Ni siquiera cuando la suerte en el Draft le ha sonreído ha podido acertar. Intentó dar un cambio de rumbo contratando a Phil Jackson, el gurú del banquillo de los Bulls y Lakers y ex jugador de los Knicks en los setenta, como presidente en 2014. Pero a diferencia de lo que era capaz de hacer en la dirección técnica, esta vez sus decisiones como máximo responsable han sido una catarata de desaciertos y fracasos.

Hace dos años tuvo la peor temporada de la historia de la franquicia. Pero aquello de poco sirvió para enmendar el rumbo. Las malas contrataciones, altos sueldos y malas selecciones de draft, sólo han agravado la crisis de una de las franquicias más populares y millonarias de la liga. Jackson, el maestro zen de la liga, no tenía más crédito.

Se pensó que esta temporada sería distinta. El fichaje de Derrick Rose encendió la ilusión de los fanáticos de la Gran Manzana, que vienen esperando desde la época de Patrick Ewing un líder que los saque del letargo. Pero todo se estrelló antes incluso de comenzar la temporada regular. El ex base de los Bulls debió ausentarse varios días de prácticas por una demanda de abuso sexual en Los Ángeles. Los avisos de tormenta volvían a asomar por Nueva York.

Aunque Rose salió ileso de la situación judicial, lo cierto es que aquello terminó afectándolo. Y las lesiones, nuevamente volvieron a castigarlo, dejando a los Kincks otra vez al mando de Carmelo Anthony, al que muchos acusan de ser el verdadero mal que viene azotando a Nueva York. La estrella que pese a los millones de dólares no ha podido traducir aquello en anillos de campeonato.

A tanto llega el fastidio con el alero que aterrizó en la NBA en los Denver Nuggets hace más de una década que las voces en torno a un posible traspaso antes de la fecha límite de febrero crecen cada vez más. El jugador, por supuesto, ha intentado hacer caso omiso a estos comentarios, que sólo vienen a contaminar a un equipo signado por el fracaso en este siglo. Pero el conflicto está planteado y la limpieza, aseguran muchos, debe empezar por él.

Los números de esta campaña siguen la línea de las temporadas anteriores. Apenas 19 victorias en 45 partidos. La undécima posición en la Conferencia Este, la más débil de la NBA, retrata fielmente el presente de un quinteto que sigue hundiéndose entre las luces del Madison Square Garden.

De aquella franquicia glamorosa, de estrellas y héroes, poco queda. La Gran Manzana, al menos en el básquetbol, está podrida.

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