1988/2020

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Son sin dudas situaciones muy distintas. El plebiscito de octubre de 1988 transcurrió en dictadura, el de abril de 2020 tendrá lugar en democracia. Ambos tienen, sin embargo, una característica en común: la obligación de luchar simultáneamente en dos frentes.

En 1988 había que derrotar a Pinochet y su afán de perpetuarse en el poder. Ese era el enemigo directo, obvio. Pero había otro más sibilino y difícil de enfrentar: la desconfianza al interior del campo democrático. Recuerdo cómo dirigentes importantes de la época nos miraban por encima del hombro a quienes sosteníamos que era necesario inscribirse en los registros electorales para propinarle a la dictadura una derrota en las urnas. "Hay que ser muy...ingenuo para pensar que la dictadura organizará un plebiscito para perderlo" nos enrostraban con la mayor de las seguridades. Era un argumento difícil de deconstruir. Tenía lógica pero dejaba de lado una cuestión central: bien conducidas las mayorías pueden imponerse. Fue así como, venciendo los temores que no eran pocos y superando las desconfianzas, una gran mayoría se inscribió en los registros electorales y con su voto abrió paso a elecciones libres al año siguiente.

De cara al plebiscito de abril próximo el adversario directo son las fuerzas conservadoras que quieren cerrarle el paso a una nueva Constitución, y que si no lo consiguen buscan constituir una minoría de por lo menos un tercio de la Convención Constitucional que les permita bloquear las normas que no les convengan.

Los dirigentes políticos que protagonizaron el acuerdo del 15 de noviembre creyeron que el solo hecho de proclamar su carácter histórico bastaba para que la población lo hiciera suyo. En esto se equivocaron. El Acuerdo por La Paz y la Nueva Constitución no detuvo la violencia y fue visto por amplios sectores sociales como un arreglo político que no los involucra.

Es preciso revertir esta situación. Es fundamental ganar bien el plebiscito de abril. Para ello no basta con un triunfo de la opción "Apruebo". Es necesario que este triunfo sea contundente como resultado de una alta participación. Esta no está asegurada. Declaraciones de dirigentes, como la senadora Van Rysselberghe, en cuanto a que no hay condiciones para celebrar el plebiscito apuntan a crear un clima que desincentive la participación.

Un gran triunfo de la opción apruebo requiere de una firme voluntad para enfrentar la campaña del terror de la derecha, superar nuestras divisiones, coordinar los esfuerzos y al igual que en octubre de 1988 convencer a los escépticos y desconfiados. Y ojalá pudiéramos canalizar todas las energías hacia la organización de una manifestación pacífica por una nueva Constitución aún más grande que la que congregó a 1,2 millones de personas el 25 de octubre pasado.

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