Opinión

Alvarado y el camino al semi-presidencialismo

DIEGO MARTIN/ATON CHILE

El Presidente Kast designó a Claudio Alvarado como Ministro del Interior. Luego, en el último cambio de Gabinete, le sumo la vocería del Gobierno. Éste, además, tuvo influencia decisiva en la nominación de los 2 subsecretarios del Ministerio de Seguridad Pública, pues ambos fueron sus asesores. En simple, el poder político se concentró en el Ministro.

En estos movimientos se han tocado y ejecutado dos teclas del diseño institucional. La primera, es la realización de la tarea de coordinación política intra-Gobierno y de coordinación intersectorial, funciones establecidas en la nueva ley del Ministerio del Interior. La segunda -sin un acto formal, pero sí material- es la encomienda de la faena de coordinación ministerial y de la relación con el Congreso establecida en la Constitución Política, atribución que nunca antes había sido encargada a un ministro.

Lo anterior no es sólo novedoso, sino que inaugura una nueva etapa en el presidencialismo chileno post años 80. Bajo el Presidente de la República, se sitúa y acciona el Ministro del Interior. Es un primus inter pares. El ministro no es sólo un colaborador directo del jefe del Ejecutivo, sino que deberá articular los intereses políticos del Gobierno, priorizando y ordenando el programa y el tipo de relación política que se tendrá en el Congreso con el oficialismo y la oposición.

¿Qué tiene de particular esta situación? Que el mundo conservador ha sido un férreo opositor a un Ministro Coordinador. La discusión sobre un jefe de gabinete ha sido densa en los últimos años. El proyecto de nueva Constitución de la Ex Presidenta Bachelet imponía la obligación de nombrarlo. Tal idea se basó más bien en la experiencia práctica en las labores del Gobierno y en la disfuncionalidad que acarreaba que el Ministro político del Gobierno estuviera a cargo de las funciones de seguridad. El modelo presidencial se debía parecer más a la primera década de los años 90, donde el Ministro del Interior era el jefe político y, por otro carril, corrían las tareas de seguridad (radicada en el Subsecretario del Interior).

En la discusión constituyente el ministro coordinador fue una figura disruptiva (Convención, Comisión Experta y Consejo). Sus críticos afirmaban que su sola existencia conllevaba la afirmación que Chile dejaría de ser un modelo presidencial y se encaminaría, sin pausa, hacia el semi-presidencialismo o cualquier tipo de parlamentarismo (Arturo Fontaine). No obstante, en el Gobierno anterior, la Ministra Carolina Tohá se abocó a sacar adelante esta reforma, bordeando inteligentemente la crítica presidencialista.

En breve, no vamos ni iremos encaminados hacia un sistema semi-presidencial. El Ministro del Interior se instituye como una figura que busca corregir el déficit de coordinación política con que han funcionado los últimos Gobiernos en atención a la distracción del Ministro político en las tareas de seguridad. Busca introducir colaboración intra Gobierno, entre la primera fuerza política del Presidente y la segunda, con miras a disponer una relación básica entre Gobierno y partidos. Finalmente, opera como escudo del Presidente. Cualquiera sea el tipo de Presidente (fuerte o débil, carismático o no), el secretario político actúa como barrera con el objeto de desintegrar cualquier embiste al Presidente. Veremos si esta nueva figura institucional se despliega o no en este cuatrienio.

Por Tomás Jordán, abogado.

Más sobre:GobiernoJosé Antonio KastClaudio AlvaradoMinistro del Interior

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Lo más leído

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE