Amenazante cuadro inflacionario

El Banco Central ha actuado acertadamente al subir con fuerza su tasa de interés rectora, pero los esfuerzos por contener las presiones inflacionarias serán inútiles si desde la política continúan las actuaciones irresponsables.



El Banco Central, acertadamente, elevó en 125 puntos su tasa de política monetaria -una magnitud que sorprendió al mercado- y terminó su programa de compra de divisas, luego de observar que los precios habían aumentado 1,2% en septiembre, que la inflación en doce meses llegaba al 5,3%, y que las expectativas inflacionarias se distancian del objetivo oficial. El repunte de la inflación es atribuible a los desarrollos que han acompañado la pandemia y al deterioro de la política chilena.

La pandemia trajo un gran incremento en el gasto en consumo por el estímulo fiscal, por los retiros de fondos previsionales, y por puesta al día en consumos postergados. A ese shock de gasto se han sumado restricciones de oferta en la producción doméstica y externa, por la crisis sanitaria, para explicar un repunte inflacionario significativo. En tiempos normales, con autoridad monetaria, Poder Ejecutivo y Poder Legislativo creíbles, ese repunte inflacionario se entendería claramente como transitorio. Una caída de tipo de cambio real mientras el consumo se mantiene pujante, y ajustes de política monetaria para evitar que las expectativas se “desanclen”, mantendrían esa aceleración inflacionaria en un nivel controlado y la expectativa sería que, una vez absorbido el shock de gasto, se volvería a las metas oficiales.

La realidad hoy, sin embargo, es que hemos llegado al 5,3% de inflación en doce meses con dos limitantes al control inflacionario: la amenaza inmediata de mayores estímulos al gasto por nuevos retiros previsionales y un tipo de cambio muy por sobre su nivel de equilibrio no inflacionario, desviando más demanda hacia la producción doméstica y potenciando la inflación.

¿Volverá el tipo de cambio a su nivel de equilibrio, tal que desaparezca ese acelerador de inflación? Existen dudas razonables al respecto, pues su elevado nivel actual es el reflejo de una negativa evaluación del cuadro político que, se teme, estaría llevando la economía a fugas de capital, al debilitamiento financiero del Fisco y, finalmente, al estancamiento con inflación. El tipo de cambio se alimenta hoy de los planes refundacionales antimercado que profesan algunos sectores, así como de señales equívocas en la campaña presidencial, y de una grave pérdida de credibilidad del sistema político. Decisiones como la nueva aprobación en la Cámara de Diputadas y Diputados de una reforma expropiatoria de las compañías de seguros de vida, sin compensación, que crea incertidumbre sobre el pago de las rentas vitalicias existentes y debilita el mercado financiero, junto a un cuarto retiro que volvería a entregar liquidez por el equivalente al 5% del PIB en una economía sobrecalentada, con fuerte gasto fiscal y con inflación al alza, confirman las graves aprensiones del mercado.

El Banco Central hace bien en ajustar sus políticas y luchar por cumplir su mandato. Una autoridad monetaria seria es condición necesaria para el control de la inflación, pero no será suficiente si la actividad política sigue remando en contra del interés del país. Un cuarto retiro generaría directamente presión inflacionaria adicional, y también indirectamente, al atizar la fuga al dólar. Esencialmente, mostraría que la política sigue descarrilada y que pueden anticiparse nuevas medidas destructivas para la economía.

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