Avanzar hacia una sociedad del cuidado



Por María Inés Salamanca, coordinadora de ONU Mujeres en Chile

En América Latina ya antes de la pandemia, las mujeres realizaban tres veces más trabajo doméstico y de cuidados no remunerados al día que los hombres, situación que se agravó con las medidas adoptadas en el marco de la crisis sanitaria. En el caso de Chile, la sobrecarga de este trabajo en las mujeres en promedio pasó de casi 6 horas diarias a 7,3 durante el 2020.

Frente a la crisis de los cuidados es un avance que se haya aprobado en el pleno de la Convención Constitucional un artículo que reconoce el trabajo doméstico no remunerado y de cuidados, y que pasará a formar parte del proyecto de nueva Constitución, incluyendo su implementación a través de un Sistema Integral de Cuidados.

Según el estudio de ONU Mujeres “Hacia la construcción de sistemas integrales de cuidados en América Latina y el Caribe”, los cuidados incluyen tareas cotidianas de gestión y sostenimiento de la vida, haciendo referencia a un amplio conjunto de aspectos que abarcan: los cuidados en salud, el cuidado de los hogares, a las personas dependientes, a las personas que cuidan y el propio autocuidado.

Pese a la importancia de las tareas de cuidado y todo lo que abarcan, la economía tradicional lo considera como una externalidad del sistema económico, naturalizándolas como una obligación que solo corresponde fundamentalmente a las mujeres, que se realiza en los hogares y al interior de un modelo económico que no le reconoce como un generador de valor, repercutiendo directamente en el reconocimiento de estas labores como trabajo, aunque los datos sean tan contundentes, ya que las tareas de cuidado no remunerado representan el 25,6 % del PIB anual en Chile (Banco Central, 2021).

Desde ONU Mujeres proponemos medidas que busquen avanzar en lo que llamamos las 3Rs. En primer lugar, el llamado es a “reconocer”, lo que significa hacer visible, revalorizar el trabajo de cuidados y su contribución a la economía y al desarrollo. En segundo, “redistribuir” de una maneja justa la distribución de las tareas entre hombres y mujeres, y en la sociedad a través de la corresponsabilidad; y tercero es “reducir” la sobrecarga de las labores de cuidado y trabajo doméstico que están hoy en los hombros de las mujeres.

Fundamental ha sido el anuncio del lanzamiento de la 2da Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT) anunciado por el Ministerio de Economía y el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género. Es urgente una actualización de los datos de uso del tiempo que permita un mejor diseño del sistema integral de los cuidados y como un paso clave para poder aplicar las 3Rs.

La experiencia internacional indica que la inversión en Sistemas de Cuidados de calidad no solo permite romper con los círculos de pobreza, desigualdad y exclusión, sino que puede transformar ese círculo en uno virtuoso que genere retornos económicos y sociales, a través del llamado triple dividendo de la inversión en cuidados, que no es otra cosa que si se instalan los cuidados en el centro de las respuestas es toda la sociedad la que se beneficia, porque la inversión en Sistemas de Cuidados contribuye directamente al bienestar de las personas; si se articula con políticas laborales, permite la creación directa e indirecta de empleos formales y muy importante es reiterar que, este tipo de inversión facilita la participación de las mujeres el mundo del trabajo.

Es necesario avanzar hacia una sociedad de cuidados, que entregue el valor que se merece el trabajo de cuidar, ser cuidados y el autocuidado, no solo porque es un derecho, sino porque es una necesidad que presentamos todas las personas en el ciclo de vida.

Urge promover un cambio del modelo de desarrollo que coloque en el centro los cuidados y la sostenibilidad de la vida. Un Sistema Integral de Cuidados, en los que el cuidado sea un pilar fundamental de la protección social que garantice los derechos de las personas a ser cuidadas y el de las personas que cuidan, es una contribución directa para dinamizar la economía con justicia, igualdad y sostenibilidad.

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