Por Pablo Retamal N.“Tengo miedo de no morir”: Borges en sus días finales en la última entrevista que le dio a un medio chileno
A 40 años de su muerte, recordamos el último diálogo que el autor concedió a los medios chilenos. Una conversación íntima con la revista Paula donde habló sin filtros sobre los crímenes del "Proceso", la política de Alfonsín y su visión del país.

A inicios de 1986, Jorge Luis Borges ya tenía certeza de que su cáncer de hígado era terminal. Por ello, decidió zanjar acaso los dos últimos asuntos que le quedaban: casarse con María Kodama, en Paraguay (el 26 de abril de 1986); y luego partir a Ginebra, Suiza, para pasar sus últimos días en la ciudad que lo había deslumbrado en la adolescencia.
Pero antes de partir, mientras vivía sus últimos días en Buenos Aires, Borges recibió a un medio chileno, la revista Paula. Un colaborador de la publicación dio con él y le pidió una entrevista. Fue la última que el hombre de El Aleph concedió a un medio nacional, poco antes de su fallecimiento, a los 86 años.
“En el ahora abandonado departamento de la calle Maipú de Buenos Aires, donde vivió largos años, concedió su última entrevista a un medio de prensa chileno. Habló de su vida, de sus viajes, de política, del mundo. ¿La muerte cambia algo de esas ideas? Por cierto les imprime el sello de la posteridad, de palabras póstumas cargadas de resonancias", introducía la entrevista, realizada por William Geisse. Encontró a un Borges aceptando su destino con deportividad.
“Tengo miedo de no morir. ¿Por qué voy a morirme si nunca lo he hecho antes? ¿Por qué -voy a cometer un acto tan ajeno a mis hábitos? Como si me dijeran que voy a ser buzo o domador o algo así ¿no? A mi edad, ejecutar un acto nuevo, como la muerte, quién sabe si me está permitido".

Con la templanza que le daba ser octogenario, Borges reflexionó sobre la vida el camino recorrido echando la cinta atrás. “Tengo 86 años y me siento más sereno ahora que cuando joven. Pero, quizá...Yo perdí la vista hace 30 años... Quizá, entonces, me convendrían los 54 años. No, yo creo que es más fácil alcanzar, no diré la felicidad, pero sí la serenidad, en la vejez que en la juventud ¿no? Además, en mis tiempos, tratábamos de ser desdichados. Todos queríamos ser un personaje de novela rusa, o queríamos ser Lord Byron o el Principe Hamlet. Así, decididamente melancólicos y desesperados. Pero ahora no, me parece que la desdicha llega sola, no hay por qué invitarla".
Borges también reflexionó sobre su ceguera, y el hecho de que a pesar de ello, le gustaban tanto los libros, y que seguía coleccionándolos a pesar de no poder leerlos. “La ceguera es muy incómoda...No es trágica ni patética, pero es in cómoda. Un ciego es un prisionero. Y es un suplicio estar rodeado de tantos libros que no puedo leer. Sin embargo, los sigo comprando porque me gusta tanto el ambiente de los libros”. Geisse agregó al respecto: “Tanto le gustaban que lo único que trasladó de Buenos Aires a Ginebra fue su biblioteca. María Kodama le leía”.

El hombre de Ficciones no eludía las polémicas, y por supuesto, que fue consultado por la contingencia de la Argentina de entonces, que había vuelto tres años antes a la democracia bajo el gobierno del radical Raúl Alfonsín. Borges tenía muy claras sus opiniones sobre lo que había ocurrido en la última dictadura, la de Jorge Rafael Videla y el “Proceso”, las violaciones a los derechos humanos, pero también sabía qué pensar de aquellos escritores que se habían acercado al nuevo gobierno, como el caso de Ernesto Sábato, el célebre autor de El túnel.
“El Presidente le dijo a Sábato que podía elegir el cargo que quisiera. No sé por qué ha escogido ser inquisidor. A mi no me gustaría ser inquisidor, ni juez, ni verdugo...Yo no sé por qué lo ha hecho...Tiene que haber sufrido mucho...Es horrible leer acusaciones de esos crímenes. ¿No le parece? Vino a verme un fiscal y me contó que no se puede hacer nada contra esa gente, porque las pruebas han sido destruidas y la ley exige pruebas concretas. Esos generales que han arrestado están en la Madelena, una especie de cárcel-club. Tienen sirvientes, pueden recibir a sus familiares...Uno de ellos se quejó porque el carcelero, uno de los carceleros, era judío. Y le pidieron disculpas. ¿Dónde se ha visto que el encarcelado tenga derecho a elegir al celador? Usted ve que no están en una situación muy angustiosa. Bueno, a pesar de que tienen conciencia...Pero no creo que la tengan. No creo que se hayan arrepentido realmente de... Claro, hubo terrorismo antes y era terrible. Oí estallar bombas muchas veces. Pero, después la represión fue una suerte de terrorismo oficial y clandestino. Se hacia de noche, arrestaban a la gente. A veces los torturaban, generalmente los asesinaban y luego tiraban los cadáveres al río. Se ha descubierto cementerios clandestinos a las puertas de Buenos Aires. Es terrible".

Pero el escritor también reivindicó sus propias acciones al respecto. Era reconocido por ser más bien de pensamiento conservador en lo político, pero eso no le impidió levantar la voz ante la masacre. “Yo tengo la conciencia tranquila, porque yo protesté, así como lo había hecho antes contra Perón. Escribí contra lo que aqui cortésmente se llama los ‘desaparecidos’. Luego escribí contra la más misteriosa de todas las guerras (se refiere a la Guerra de las Malvinas). Ahora nuestro deber es apoyar a este gobierno. No nos queda otra opción. Será mediocre, pero es de caballeros y no de gangsters ni de rufianes. Hasta ahora no han hecho nada, es cierto. Pero, posiblemente, no queda nada por hacer en este país, con la situación económica y moral que existe".
—¿Cómo cree que está Argentina hoy?
—Lo que está mal aquí, amén de la pobreza, es que yo creo que se ha perdido la ética ¿no? Y luego, este es un país de gente tan tonta. Se engañan con cualquier cosa... Yo recuerdo un certamen de fútbol aquí, no sé... Internacional, mundial...No sé. Y la gente decía: ‘¡Hemos vencido a Holanda!’ ¡Diablos! ¡Yo no quiero vencer a Holanda! Pero resultó simplemente que eran once jugadores holandeses derrotados por once jugadores argentinos. ¿Y qué importancia tiene eso? Es un país de tontos, realmente. No sé. Yo soy buen argentino y creo que puedo hablar de este país... Será cuestión de esperar... Seamos optimistas... Medio siglo, digamos. Antes yo no creo que las cosas puedan mejorar. Vamos barranco abajo ahora".

Pero volviendo a su trayectoria, Borges también habló de la fama. “El éxito me ha encontrado. Asombrosa y tardíamente. A mí me enseñaron a leer y a escribir a partir de los tres años. He estado siempre leyendo y escribiendo. Claro que lo que escribía eran disparates o plagios, pero no importa... Siempre supe que mi destino sería literario. Pero no pensé en ser conocido y, de hecho, no lo fui hasta cumplidos los 50 años. Argentina es un país muy snob. Cuando supieron que me habían dado un premio en Europa y que en Paris habían traducido un libro mío, entonces comenzaron a darse cuenta de mi. Antes no. Es muy raro pensar en la fama. Recuerdo aquella frase tan linda de Kipling que dice ‘el éxito y el fracaso, esos dos impostores’. Nadie fracasa ni tiene tanto éxito como cree”.
A esas alturas de su vida, Borges ya no recordaba en detalle su carrera literaria. “He perdido la cuenta de los libros que he escrito. El otro día fui a un diálogo público donde me hacían preguntas sobre cuentos míos que he olvidado completamente”.
Lo que no había olvidado, fue a un joven escritor a quien había ayudado en sus inicios. “Cuando Julio Cortázar no había publicado ni una línea, yo edité un cuento suyo en la revista Los anales de Buenos Aires. Me olvidé del episodio, pero él me lo recordó cuando nos encontramos en París. Y así con muchos escritores".

También se refirió al insomnio, un mal que siempre le aquejó en su vida: “Tomo una pastilla todas las noches. Ahora sé que, al cabo de treinta o cuarenta minutos, me duermo. No poder dormir es bastante angustioso. El insomnio se parece a la fiebre. Curiosamente, escribí un cuento sobre esto, que se llama Funes el memorioso, y es una especie de metáfora del insomnio. Cuando lo escribi, durante un tiempo dejé de sufrirlo. Pero ha vuelto otra vez y me tomo una pastillita todas las noches. Sufro de pesadillas, también. Ahora, menos. Sólo una pesadilla por semana. Antes eran siempre dos noches seguidas de pesadillas. Algunas tan horribles que no me atrevía a contarlas. ¿Sabe? Además, si las contara, las recordaría por más tiempo".
Hacia el final, Borges reflexionó sobre el tipo de persona que había querido ser. “He tratado de ser un hombre ético. Pero no sé si lo he conseguido. Sin duda, como todos los hombres, me habré conducido mal...Habré traicionado y me habrán traicionado. He dejado y me han dejado. Son lugares comunes de toda vida. Ahora, trato de ser ético”.
Finalmente, Jorge Luis Borges falleció el 14 de junio de 1986, en Ginebra, Suiza. La nota de La Tercera lo contó así: “El famoso escritor argentino Jorge Luis Borges murió hoy víctima de un cáncer de hígado, reveló a la AP su ex apoderado ahora Albacea en Buenos Aires, Osvaldo Bidaurre. Bidaurre dijo en breve comunicación telefónica que Borges, que el 24 de agosto iba a cumplir 86 años, ‘sabía que tenía cáncer y antes de partir hacia Ginebra se había sometido a análisis e inclusive una biopsia. Sus médicos le dijeron que su mal era incurable e irreversible’. De todas formas, Borges optó por ‘retirarse a Ginebra donde siempre había manifestado su deseo de morir’, dijo Bidaurre. Agregó que ‘la muerte encontró a Borges viviendo en una casita cerca del lago de Ginebra, en la parte vieja de la ciudad’”. La entrevista con revista Paula se publicó en su número 482, de julio de 1986. Había partido al jardín de senderos que se bifurcan.
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