Cambios en proceso de selección universitaria

Es un paso positivo que la PSU vaya a ser reemplazada por un nuevo instrumento, en que también se medirán las habilidades de los alumnos, pero es necesario avanzar en perfeccionamientos del NEM y el ranking de notas, por los sesgos que están provocando.



Esta semana, el Ministerio de Educación (Mineduc) anunció la nueva Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) que comenzará a implementarse a fines de este año. Dentro de los cambios anunciados, relativos a la PSU, se encuentra pasar de una prueba que solo mide conocimientos a una que también evalúe las habilidades de los estudiantes. Estos cambios son relevantes, ya que el énfasis en contenidos que poseía la PSU aumentaba la importancia de contar con un buen preuniversitario y perjudicaba a aquellos establecimientos que impartían conocimientos diferentes a los que la prueba medía, como ocurrió en su momento con los colegios técnicos profesionales. Además, resultaba pertinente cambiar una prueba que acentuaba las brechas socioeconómicas presentes en la educación escolar.

Sin embargo, la incorporación de cambios tomó más tiempo del debido. A pocos años desde la implementación de la PSU, la comunidad de expertos ya realizaba un diagnóstico crítico de la prueba relacionado a problemas de validez, brechas socioeconómicas y de género, además de una baja capacidad predictiva. La evaluación externa de ETS en 2005 y el Informe Pearson en 2013 daban cuenta de las falencias de una prueba que tomó alrededor de 20 años en ser modificada.

Por otro lado, el anuncio no abarcó cambios en los otros instrumentos de selección, correspondientes al puntaje NEM y ranking de notas. El puntaje NEM se basa en notas que pueden no ser comparables entre establecimientos y, en la actualidad, presenta sesgos socioeconómicos que benefician a los estudiantes de establecimientos particulares pagados. El puntaje ranking, por su lado, está construido como una bonificación por sobre el puntaje NEM para los mejores estudiantes, por lo que este instrumento replica parte del sesgo del puntaje NEM, pese a que uno de sus fines cuando fue incluido en el año 2012 fue aumentar la equidad en el acceso a la educación superior.

Nuevamente, la documentación sobre los problemas de estos instrumentos tiene larga data. Un año después de que el puntaje ranking fuera implementado, el Centro de Estudios del Mineduc ya concluía que este puntaje generaba diferencias entre dependencias mayores a las previstas, diferencias que favorecen a los particulares pagados. Además, expertos han puesto en evidencia que la mayor ponderación de estos instrumentos en los últimos años ha incentivado la llamada inflación de notas, alterando la fiabilidad de los instrumentos.

Resulta imperativo generar modificaciones al puntaje NEM y ranking. Una investigación del Centro de Estudios Públicos muestra que reemplazarlos por instrumentos que buscan medir el rendimiento relativo al contexto de los estudiantes de una forma diferente al actual puntaje ranking, puede beneficiar a los estudiantes de establecimientos con financiamiento fiscal en los programas a los cuales fueron asignados: aumentarían en 5% los asignados a su primera preferencia (cerca de 4 mil estudiantes) y en 17% los asignados a programas altamente selectivos. Hoy se pueden mejorar estos instrumentos que actualmente no son parte del debate y que poseen sesgos socioeconómicos injustificados.

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