Por Juan Pablo CórdobaChile vuelve a mirar su mercado de capitales: La región está mirando también

Hace uno días el gobierno presentó al Congreso la reforma al mercado de capitales y financiamiento de la casa propia. Durante décadas, Chile fue la referencia obligada. Cuando en Colombia o Perú discutíamos cómo profundizar nuestros mercados, partíamos revisando lo que Chile ya había hecho. No necesitaba ser la plaza más grande de América Latina para destacar: había logrado construir un mercado profundo, confiable y con instituciones sólidas. Y eso lo convirtió en un referente.
Esa ventaja se fue erosionando, no necesariamente por una decisión puntual, sino porque el entorno siguió moviéndose, algunas medidas bien intecionadas no resultaron, la competencia por capital se hizo más global y otros mercados avanzaron. Con la reforma recién ingresada, Chile tiene la oportunidad de recuperar el dinamismo y volver a poner al mercado de capitales en el lugar que le corresponde: una herramienta fundamental para el crecimiento del país.
Porque esa es, finalmente, la discusión de fondo. Si Chile quiere volver a crecer con fuerza, necesita un mercado de capitales más profundo, líquido y competitivo, capaz de canalizar el ahorro hacia la inversión y ampliar las alternativas de financiamiento para empresas y personas.
De ahí que lo relevante hoy no sea solo el contenido de la reforma, que tendrá su debate técnico, sino la decisión de poner al mercado de capitales entre las prioridades económicas. Es el segundo proyecto de envergadura que Hacienda impulsa en menos de seis meses. Y llega con trabajo técnico previo y conversación abierta con la industria. No es un detalle menor. Las reformas de mercado de capitales requieren visión de largo plazo, solvencia técnica y acuerdos amplios para que sus efectos trasciendan en el tiempo.
La aspiración de convertir a Chile en plataforma financiera regional tampoco es nueva, estaba en 2010 y volvió en 2019. Lo que cambió es el contexto. Hoy la competencia por capital es global. Chile ya no compite solamente con otros mercados de América Latina: compite con plazas de todo el mundo por atraer ahorro, inversión y emisores. Y en esa competencia, la escala importa. No olvidemos que hoy nuestro principal competidor es el mercado de capitales de los EEUU. Para que Chile sea atractivo para los inversionistas nacionales y extranjeros y reciba flujos de inversión, se necesitan medidas potentes y de impacto.
Entre los distintos componentes de la reforma hay tres ejes que quisiera destacar: la financiación de la vivienda para muchas familias chilenas es, sin duda, un problema a resolver; la competitividad de la regulación y mejorar el funcionamiento del mercado de capitales para convertir a Chile en centro financiero regional, exportador de servicios, es un anhelo de décadas; y la muy destacable propuesta de crear un mercado bursátil especializado para empresas de crecimiento y mayor riesgo, acompañado de incentivos tributarios que fomenten la inversión privada en este tipo de proyectos, es una necesidad.
Este último, es particularmente valioso dada la urgencia de ampliar la exploración minera en nuevas áreas y con el proyecto se crean las condiciones para el el capital se movilice hacia este fin.
La experiencia de países como Canadá demuestra que mecanismos de esta naturaleza pueden transformarse en plataformas efectivas para financiar emprendimientos innovadores y proyectos de exploración minera en etapas tempranas, generando nuevas oportunidades de crecimiento, innovación y creación de valor. Chile tiene las bases para desarrollar un ecosistema similar y abrir una nueva etapa para el financiamiento del emprendimiento y de los proyectos que impulsarán la economía de las próximas décadas y en el que todos los chilenos puedan participar.
El Ejecutivo actuó con una velocidad que vale la pena reconocer. El desafío ahora es cuidar durante la discusión legislativa el espacio para los acuerdos y preservar el espíritu de la reforma.
Chile tiene hoy la oportunidad de volver a ponerse a la vanguardia. No para reconstruir el mercado que tuvo, sino para construir el que necesita para las próximas décadas: más profundo, más competitivo, más conectado con la región y con el mundo y, sobre todo, capaz de financiar más crecimiento y generar más oportunidades para las personas.
*El autor de la columna es CEO de nuam
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