Columna de Álvaro Pezoa: Cambio y plebiscito de salida

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Por Álvaro Pezoa, ingeniero comercial y doctor en Filosofía

Hoy parece posible, no seguro, que la opción “Rechazo” pueda triunfar en el plebiscito de salida establecido para aprobar el texto de nueva Constitución Política propuesto a la ciudadanía por la Convención Constitucional. Lo medular del escrito está concluido y es francamente malo en el fondo y la forma. Es fruto, además, de un proceso de confección donde han abundado la ideología izquierdista radical, la odiosidad, las reivindicaciones identitarias, la falta de realismo y la ausencia de búsqueda del auténtico bien común. Todo ello, adornado de un tono circense chabacano, donde el deseo de llamar la atención ha superado con largueza la dedicación a trabajar en serio por el país. En fin, si la decisión que la ciudadanía va a adoptar el próximo 4 de septiembre únicamente dependiese de la calidad objetiva del cuerpo jurídico que se propone y de una reflexión informada sobre el mismo, su rechazo parecería ser inevitable. Pero, no es así. Entre todas las razones esgrimibles en tal sentido, hay una que debe ser especialmente considerada: el 15 de noviembre de 2019 quedó zanjado que para cerrar el camino que en ese momento se abría, se votaría “Apruebo” o “Rechazo”.

La dificultad radica en que aprobar posee, a priori, una connotación positiva, se asocia a “cambio”; mientras que rechazar se vincula negativamente a “inmovilismo”. Esta desigualdad de significación conceptual no es trivial, pues la modernidad ideológica, teniendo como fundamento la convicción irrestricta de que la humanidad avanza inexorablemente hacia el “progreso indefinido”, ha convertido la noción de cambio en un auténtico “talismán”: de modo cuasi mágico e inevitable ha pasado a ser entendida como algo necesariamente bueno. Y no es así. Las vidas humana y social requieren de cambios, porque sus naturalezas son dinámicas, susceptibles de modificaciones para transitar hacia sus respectivos crecimientos y desarrollos. Sin embargo, al mismo tiempo, esas mutaciones deben ser pensadas, elegidas y ejecutadas con prudencia, pues pueden ser para mejor o para peor, precisamente dependiendo de si contribuyen o no a esas plenitudes posibles. No toda mudanza es buena por el solo hecho de serlo. La redacción de la nueva Carta Magna parece ser un claro ejemplo de una variación para mal. En este caso, para la vida de los habitantes de Chile y la convivencia nacional.

En consecuencia, un desafío práctico evidente para quienes desean encabezar la campaña pública por el voto de “Rechazo” en el próximo plebiscito consiste en ligarlo prontamente con una propuesta de transformación positiva para la nación, lo que no implica forzosamente tener que agregar alternativas adicionales en el voto, ello puede resultar incluso inconveniente. Rechazar por algo valioso, que no parece ser lisa y llanamente volver a que rija la Constitución de Lagos (del 2005), esa es la cuestión.

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