Columna de Juan Ignacio Brito: Más tertulia que gobierno



Por Juan Ignacio Brito, periodista

Así como el gobierno anterior tenía la compulsión de reaccionar manifestando su “más enérgica condena” y presentando querellas, el Ejecutivo actual parece contentarse con comentar los acontecimientos sin definir cursos de acción nítidos.

Como si creyera que los hechos infelices terminarán diluyéndose cual palabras en el viento, da la impresión de que desde el Presidente para abajo los funcionarios de esta administración consideran que todo se soluciona con una narrativa que a ratos es poética, pero la mayoría de las veces resulta patética.

¿Baleo en el barrio Meiggs? “Vamos a ser implacables” (ministra del Interior, Izkia Siches). ¿Quema de camiones y maquinaria en Mulchén? “Es un ataque perpetrado por delincuentes” (delegada presidencial de Biobío, Daniela Dresdner). ¿Alta inflación de abril? “Vamos a seguir buscando mecanismos para limitar sus efectos” (ministro de Hacienda, Mario Marcel). ¿Alza de los delitos? “Sería un error de mi parte tener la arrogancia de decir ‘con nosotros se acaba la delincuencia’” (Presidente Gabriel Boric).

El gobierno solo lleva dos meses en La Moneda. En un período tan limitado es imposible revertir algunas situaciones que son estructurales y que otros tampoco han podido resolver. Pero lo cierto es que no se han presentado todavía grandes proyectos de ley que permitan entender cuáles son las prioridades de política pública de un Ejecutivo que no define con claridad sus ejes de acción y que parece confundido.

Es probable que la perplejidad surja de una paradoja desafortunada: al gobierno ubicado más a la izquierda del espectro político desde 1970 le ha tocado lidiar con una agenda temática en la que la derecha siempre ha parecido más fuerte. La seguridad ciudadana, el orden público, la violencia en La Araucanía, el manejo económico y el control de la inflación son asuntos cuyo tratamiento, hipotéticamente al menos, están más asociados a las habilidades de una administración de derecha. Esto no quiere decir, por supuesto que un gobierno de ese sector necesariamente lo estaría haciendo mejor que el actual, sino más bien que La Moneda luce particularmente incómoda y corta de ideas ante los problemas que le ha tocado encarar. Y que, a lo mejor, de ahí emerge la sensación de confusión que transmite y la falta de iniciativa que exhibe.

Obligadas a “decir algo” frente a inconvenientes que no logran controlar y que escapan de su “zona de confort”, las autoridades han escogido comentar la realidad antes que buscar y aplicar soluciones prácticas. El resultado es que, hasta ahora, tenemos más tertulia que gobierno, con un discurso vacío que ya aburre. La gente lo ha notado y castiga a un Ejecutivo que creó expectativas, pero que, como no consigue dar con la receta, se limita al diagnóstico y a ejercer de comentarista.

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