Columna de Paula Escobar: Sembrar cizaña

Sebastián Izquierdo llamó a hacer trampa en la elección.



“Hagan trampa. Las formas valen callampa. La victoria es lo único que importa. Objétenle todo a Boric, todos nulos. Sean despiadados…por Chile. Hagan trampa no más…los otros hue… van a hacer trampa, hay que equiparar”. Con esas palabras, el activista de derecha Sebastián Izquierdo marcó acaso el punto más bajo de esta elección.

Cruzó la raya de modo tan grosero que el Servel se querelló contra él, “por el delito del artículo 143 de la ley 18.700 de impedir el funcionamiento de las mesas receptoras de sufragio”.

“Se solicitarán diligencias contra el querellado para que impidan que pueda concretar el próximo domingo 19 lo manifestado públicamente, considerando que constituye un peligro para la sociedad y la democracia”, complementó Andrés Tagle, el mandamás del Servel.

Pero ¿qué habilitó a Izquierdo? ¿O, al menos, le bajó la barrera? Son varios los que partieron esta semana lanzando señales para instalar dudas sobre la impecabilidad del proceso eleccionario. En efecto, el Senador y presidente de RN Francisco Chahuán, afirmó que “puede que esto no se resuelva el domingo, que la diferencia (de votos) sea tan minúscula que finalmente esto pueda ir a los tribunales electorales”. Agregó que en esta “elección binaria hay que ir a cuidar los votos”. “Eso implica sacar fotografías de las actas electorales, compararlas con la información que se sube al Servel, estar atentos a cualquier situación irregular que pueda producirse en el conteo”, aseguró en radio Agricultura.

Más graves fueron las declaraciones en La Tercera del jefe de los apoderados en ese comando, Alejandro Irarrázaval. “Cuando tú estás con gente demócrata la gente respeta la democracia y contabiliza bien los votos, pero cuando tú estás con gente que quiere hacer trampa, eso no funciona. Y yo tengo la certeza de que el PC no juega limpio nunca. Hubo riesgo de fraude en la primera vuelta, cada vez que participa el PC hay riesgo de fraude”.

El propio candidato José Antonio Kast agregó: “Si hay empate técnico, tiene que resolverse con las actas en la mano”, dijo en TVN.

El alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, también hizo lo suyo. En su programa Sin maquillaje dijo que “si nos llegan a robar un voto por mesa, es probable que den vuelta la elección”, haciendo un llamado a movilizar apoderados de mesa. “No se puede ni pestañear después de las 5″, agregó.

Nadie sabe si será una elección holgada o estrecha. Estamos habituados a que en nuestro país quien pierde la elección saluda en la misma tarde, con educación y amistad cívica, al ganador (a), y sería una lástima que esta vez no fuera así de temprano.

Pero el punto complicado es lo que le agregan, que es que en esa situación habría que “defender el voto”, sacarle fotos, posibilidades de irregularidades, robos, etcétera… Es decir, plantar cizaña acerca de si, en un escenario de poca diferencia de votos, la institucionalidad electoral y democrática podrá o no resistir la situación en términos de conteo impecable, transparencia total, confianza completa.

Esto es muy grave. Sembrar la duda sobre el Servel, el TRICEL, los vocales de mesa, en fin, sobre todo el sistema electoral del cual estamos orgullosos pues, a diferencia de lo que sucede en tantos países, proveen certezas acerca de su idoneidad. Eso abriría la posibilidad -aunque no se dice directamente- a no aceptar los resultados de inmediato, y entrar en un laberinto desconocido y muy dañino. Tras la tensa elección de Joe Biden en Estados Unidos, todavía hay millones de norteamericanos que aún creen que Biden se “robó” la elección, sin ninguna base factual para sostener aquello. Pero Trump y sus seguidores introdujeron esa interrogante, de modo completamente irresponsable, y ahí quedó. La cizaña creció y no hay cómo removerla. No importa la verdad. En el mundo de las fake news y de las redes sociales, viralizar la duda es gratis. Y siempre habrá personajes como Izquierdo que decidan ir más allá y transgredir la ética, la ley y la democracia.

Por cierto, es clave e imprescindible el rol de supervisión de los apoderados y cada candidatura los debe tener. Las 46 mil mesas deben contar con ellos, de todos los comandos, para que nadie tenga vacilaciones.

Pero socavar la confianza en la elección es muy grave y tóxico.

Porque mañana, este lunes 20 de diciembre, cuando la adrenalina de la competencia se empiece a desvanecer y venga el baño de realidad, el país debe seguir funcionando, con el trabajo y la energía tanto de los ganadores como de los perdedores de la elección. Y con las instituciones que tenemos, que son patrimonio compartido y cuya credibilidad hay que aumentar y no minar.

Gane quien gane, la clase política completa debe ponerse al servicio de salir de la parálisis, de la suma cero, la descalificación y el empate, para así darle a nuestra democracia la posibilidad de que sea capaz de solucionar los problemas urgentes de las y los chilenos, aquellos que nos llevaron al estallido social, y que están ahí, esperando un poco de grandeza y responsabilidad de parte de quienes tienen cargos de poder.

O, en fin, menos pequeñez e irresponsabilidad.

La victoria no es lo único que importa

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.