Columna de Paula Walker: Ignorar al centro político

Andrés Pérez



La derrota ha sido categórica para la opción del Apruebo. En todo el país, el Apruebo no ganó en ninguna región. Esa opción no logró representar a la gran mayoría de Chile, y esta vez salieron más de 13 millones de personas a votar, sobre el 80% del padrón electoral. Contundente la señal democrática.

La gran mayoría vio en el proceso de la Convención Constitucional una amenaza a su presente y a su futuro. No les creyeron, no les gustó el clima que se instaló durante un año: peleas, opiniones afiebradas, censuras a ciertos grupos políticos. El mensaje de que el texto constitucional dividía a Chile fue elocuente. Ideas que nunca quedaron en el texto, pero circularon masivamente como si fueran un artículo más, calaron hondo: la amenaza de que podía cambiar la bandera o el himno patrio. Ideas que sí estaban en el texto, pero no fueron bien recibidas por la mayoría: la plurinacionalidad, las diversas naciones en la misma nación, justicias diferentes para los pueblos originarios. La gran mayoría no se sintió representada ni en el fondo ni en las formas ni en el tono.

Hay que hacer una nueva Constitución, pero no en contra de la chilenidad, dijo el senador Coloma, y agregó que mantenían el compromiso de un nuevo texto. Hay heridas profundas, dice el alcalde Codina, de Puente Alto. Insistió en abrirse a redactar una nueva Constitución. La alcaldesa Matthei aseguró que la derecha estaría por una nueva Carta Magna. No se puede disociar al gobierno de esta derrota, dijo el presidente de la UDI, Javier Macaya. Del comando del Apruebo, declararon que aceptaban con humildad el resultado. Llamaron a la calma, a aprender del proceso y sacar lecciones. Ojalá sea así, porque para el gobierno el camino se pone cuesta arriba. Recién van seis meses y este plebiscito tiene costos para ellos. Los temas de seguridad marcaron con fuerza la votación: el norte cansado de una migración desordenada, caótica, durante meses. El sur hastiado de la violencia y de la ausencia de justicia frente a asesinatos y atentados. Inseguridad en el centro de Santiago, armas en manos de delincuentes con una facilidad nunca antes vista. El mismo gobierno lo reconoció a los pocos meses: estaban desbordados con el manejo de la seguridad.

El Presidente, representante de un gobierno cuyas mayorías se tornan difusas, ha estado a la altura del momento. Declara que ha escuchado la voz del pueblo. Ha puesto en el Congreso y en los movimientos ciudadanos la responsabilidad de encontrar un nuevo proceso para una nueva Constitución. Se comprometió a que no van a acentuar las incertidumbres. Obviamente, el Mandatario tiene prisa. Quiere acordar a la brevedad los nuevos plazos de un nuevo proceso. Dice que no se comenzará desde cero. Se comprometió a atender las demandas de la vida diaria de las personas, junto con la conducción de un nuevo proceso. Habló de la violencia en el sur, del déficit de vivienda, las eternas listas de espera en salud, la calidad de la educación, las bajas pensiones y la reactivación de la economía. Anunció ajuste a sus equipos. Veremos qué significa eso y cuán de acuerdo estarán sus dos coaliciones con esta lectura.

Las explicaciones estarán a la orden del día. Hay que dejar pasar un poco de tiempo para entender bien. Por lo pronto, hay victorias importantes para el país. Alta participación, un proceso democrático impecable y en paz, una elección transparente, rápida, sin vicios de ningún tipo. Está claro que la voz del pueblo, que no confía en que los extremos lo representen, se mueve en una banda muy ancha, donde se sitúa el centro político de Chile. Un centro que no se identifica con un solo partido político, que tiene ciudadanos y ciudadanas que buscan cambios, pero no a la rápida, ni a tontas ni a locas. Que exige claridad, liderazgos responsables, con tonos amigables y no combativos. Pide que no lo ignoren.

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