Constitución: principios y bienestar; derecho y economía

Temáticas de la Constitución de la Republica de Chile



Por Álvaro Bustos, académico Escuela de Administración UC; doctor en Economía y máster en Leyes

Casi cada disciplina del conocimiento tiene una propuesta de lo que debe ser la nueva Constitución de Chile. El peligro de estas visiones aisladas es inmovilizarnos en un entendimiento parcelado de la Carta Fundamental, cuando lo que se necesita es exactamente lo opuesto, una mirada integral.

En efecto, una propuesta exclusivamente legal se tiende a enfocar en principios sin internalizar suficientemente el impacto que los mismos tienen sobre el bienestar del país. Por ejemplo, las discusiones más legalistas sobre la “lista” de derechos constitucionales típicamente no consideran suficientemente la factibilidad, implementación y consecuencias de los mismos derechos.

Por otro lado, una mirada exclusivamente económica se tiende a enfocar en bienestar sin, muchas veces, internalizar principios éticos o realidades históricas. Por ejemplo, la observación en favor de constituciones minimalistas no repara en que estas son propias de países anglosajones de tradición common law y con institucionalidad preparada para ello. Basta comparar el rol institucional que cumple la Corte Suprema estadounidense con el rol institucional que cumple la Corte Suprema en Chile y que, en parte, justifica la existencia de un Tribunal Constitucional.

Solo una mirada integral, coherente y consistente internaliza simultáneamente principios y bienestar. Una de dichas miradas integrales es la que propone el Análisis Económico del Derecho (AED).

En su libro How Constitutional Rights Matter, Adam Chilton y Mila Versteeg nos ofrecen una mirada a las constituciones bajo el prisma integrado de principios y bienestar (AED). Entre otras cosas, los autores concluyen que: 1) hay correlación (no causalidad) negativa entre número de derechos básicos y desempeño/bienestar de un país; 2) se requiere de instituciones sólidas y efectivas para garantizar la provisión de derechos básicos. Finalmente, y como lo demuestran los casos de Rusia y Venezuela, 3) ni las más flamantes instituciones pueden evitar que agentes que se lo propongan, derriben el orden constitucional. Aquí, Chilton enfatiza que, en ciertos casos, ni el buen funcionamiento o la eficiencia de tribunales y cortes judiciales podrían contener avances anticonstitucionales.

Este año, 155 compatriotas tendrán la enorme tarea de proponer una nueva Constitución al país. Esta columna es un llamado a que ellos/ellas prioricen una mirada integral al momento de cumplir con su labor. Chile no es el primer país que escribe o reescribe su Constitución. Casi todos los temas que hoy se debaten ya han sido ampliamente pensados y discutidos en el pasado, aprovechemos ese conocimiento acumulado para mejorar la posibilidad que las futuras generaciones de chilenos y chilenas hereden un país basado, al mismo tiempo, en fundamentos y prosperidad.

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