
De Curepto a Alto Hospicio

Una vez puede ser un error, dos ya sugiere un patrón. En febrero del año 2008, la entonces Presidenta Bachelet inauguró el hospital de Curepto, pero a poco andar se supo que las imágenes que se habían conocido no eran más que una producción dramática: camas de utilería y funcionarios representando el papel de enfermos, al mejor estilo de las enseñanzas de Lee Strasberg. Ahora, casi dos décadas después, en Alto Hospicio el gobierno del Presidente Boric retira la placa del hospital construido en el periodo pasado y la reemplaza furtivamente por otra, que lo atribuye a la actual Administración.
¿Por qué la izquierda necesita mostrar como terminadas obras incompletas o atribuirse como propias las que son de otros? Por supuesto el tema es opinable, pero como este es un espacio de opinión, pretendo dar la mía. Su discurso se construye fundamentalmente sobre dos pilares: la denuncia de los problemas y la imputación de culpas. La nuestra sería una sociedad injusta, conformada en función del interés del capitalismo heteropatriarcal. Una arquitectura de instituciones que reproducen y expanden el abuso que sufren las grandes mayorías explotadas. Teorías más, teorías menos, y de doctos discursos de sociólogos con estética parisina, al final todo se reduce a que “el chancho está mal pelado”.
¿Y los culpables? Eso es lo más fácil, pero políticamente lo más importante: los ricos y sus “mandados”, los políticos de derecha. Por eso, la solución de todo consiste en derrotar sus intereses, sacando a la derecha del poder, reemplazándola permanentemente por los representantes del pueblo que traerán la justicia convirtiendo el país en un gran bosque de Sherwood, en que modernos arquetipos de Robin Hood harán sucesivas e infinitas reformas tributarias, instalarán múltiples y frondosas superintendencias e impondrán laberínticos trámites y requisitos -ojalá imposibles de cumplir- a cualquiera que quiera explotar a los trabajadores y depredar la naturaleza. O sea, emprender.
No hay duda que electoralmente el discurso funciona y les permite ganar elecciones, pero funciona hasta ahí no más. Con el tiempo, la gente comienza a darse cuenta que el paraíso prometido no llega, que las oportunidades escasean, que no hay trabajo, que la delincuencia aumenta, que la frase esa de la “educación gratuita y de calidad” es sólo la más cruel de las ironías y que en salud las listas de espera crecen como las cabezas de la Hydra. Entonces, se asoma el riesgo terrorífico de que las personas vuelvan a dejarse engañar por los medios de comunicación “comprados por la derecha”. Aparece la urgencia de combatir las “fake news” y mostrar resultados, aunque no los haya.
Borges decía que el tiempo es el misterio supremo y para Einstein era solo una cuestión relativa. Seguramente por eso, que el hospital de Curepto estará terminado en el futuro o el de Alto Hospicio se haya construido en el pasado, son solo detalles. Después de todo, Foucault les enseñó que la verdad es solo el resultado del discurso dominante.
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