Opinión

El atajo de Bachelet

30 Septiembre 2026 Homenaje Michelle Bachelet Foto: Andres Perez 30 Septiembre 2026 Homenaje Michelle Bachelet, en la comuna de la Pintana, participaron el ex Presidente Gabriel Boric y autoridades de opocision. Foto: Andres Perez Andres Perez

Sorpresivamente, la expresidenta Bachelet abrió la puerta a una nueva candidatura presidencial, a sólo siete meses de iniciado el gobierno de Kast. Hace un par de semanas, en una entrevista en España había descartado dicha posibilidad, pero la política es como la vida, las cosas cambian. Y nada asegura que en los años que restan para elegir al próximo gobierno, vuelvan a hacerlo. Bachelet puede desestimar otra vez su opción, pero si ya cambió una vez podría cambiar una segunda y una tercera. En simple, a más de tres años abrió una puerta que no le será fácil cerrar. Su nombre quedó inscrito como la pieza central en el tablero opositor y los efectos de esta jugada ya no pueden evitarse.

No es fácil entender por qué la exmandataria decide dar esta señal con tanta anticipación. ¿Quiere ordenar en torno a sí a una oposición que no ha logrado rearticularse después de una derrota estrepitosa? ¿De verdad quiere ser Presidenta por tercera vez y sabe que con solo insinuarlo hace muy difícil que cualquier otro compita, incluido Gabriel Boric? ¿Fue una vuelta de mano en contra del Presidente Kast, buscando instalar el tema de la sucesión cuando el actual Mandatario lleva apenas siete meses de mandato? ¿Todas las anteriores?

En rigor, la intención de Bachelet no importa porque todas estas interrogantes suponen cosas que ya están ocurriendo. A cualquier gobierno lo complica que un expresidente anuncie que va a ser candidato en la próxima contienda cuando todavía está lejos de cumplir un año, anticipando una discusión que lógicamente empieza a disputar relevancia con la agenda de la autoridad. También es cierto que en esta etapa ayuda a la oposición a articularse, pero lo hace en torno a una figura que hoy simboliza más el pasado que el futuro y, además, un pasado que incluye serios cuestionamientos a su segunda administración. Será entonces una tarea titánica evitar que su rol de candidata no anticipe polémicas sobre su trayectoria, un riesgo de desgaste con un horizonte de más de tres años. Por último, la movida de Bachelet golpea cualquier esfuerzo de renovación en el mundo opositor, haciendo casi imposible que emerjan liderazgos alternativos. La actitud reverencial y casi religiosa que sus partidarios tienen hacia su figura hoy no deja espacio para que alguien pretenda desafiarla.

Complicaciones y reacomodos en todos los sectores fue lo que Bachelet consiguió con un doble “yo creo que sí”. La oposición sale del inmovilismo y la irrelevancia, no por mérito propio, sino recurriendo al mismo comodín que han usado en los últimos quince años. Nada nuevo, nada de reflexión ni autocrítica respecto a lo vivido en los últimos tiempos. Ni una sola idea para el presente ni propuesta de futuro. El atajo fácil no hace necesario ningún esfuerzo ni exige ningún otro liderazgo. Está claro que Bachelet no cambia, que ha sido consistente con su estilo y convicciones a lo largo de los años. La gran interrogante es si los chilenos siguen siendo los mismos.

Por Max Colodro, filósofo y analista político

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