Opinión

El día en que este día no sea necesario

Santiago, 8 de Marzo 2025 Mujeres marchan por la Alameda en conmemoración de 8 M. Jonnathan Oyarzun/Aton Chile JONNATHAN OYARZUN/ATON CHILE

El día que no les paguen menos que a un hombre por el mismo trabajo.

El día en que todas las que quieren (y requieren) trabajar fuera de la casa lo puedan hacer.

El día en que haya sala cuna universal.

El día en que la pobreza no tenga rostro de mujer.

El día en que las niñas no tengan peores resultados en matemáticas.

El día en que los profesores no les hagan sentir que son peores para los números.

El día que estudien ciencias e ingeniería igual que los varones.

El día en que no solo el 23% de las gerentas sea mujer.

El día en que no las contraten predominantemente en cargos asociados a “lo femenino”.

El día en que “lo femenino” no sea estereotipado como lo meramente emotivo, familiar y privado.

El día en que las mujeres no sean mal vistas por pedir aumento de sueldo o mejores condiciones de trabajo.

El día en que la ambición femenina no sea mal vista.

El día en que no solo dos de 10 sean miembros del directorio de una empresa o una institución.

El día en que no haya empresas e instituciones con cero mujeres en la toma de decisión.

Ni hombres que hacen cero trabajo doméstico y parental.

El día en que las mujeres que ganan más no sientan que deben ocultarlo a sus parejas (ni a nadie).

El día en que los partidos políticos les den a sus candidatas el mismo espacio, recursos y posibilidades que a sus candidatos hombres para ser electas.

El día en que en las decisiones sobre la guerra y la paz su opinión sea considerada relevante.

El día en que no enfrenten esta cantidad de violencia digital.

El día en que los algoritmos no reproduzcan los sesgos de género.

El día en que puedan emprender e innovar en igualdad de condiciones.

El día en que los cuidados sean valorados y reconocidos.

El día en que exista real corresponsabilidad entre hombres y mujeres.

El día en que las mujeres no gasten dos horas más diarias que los hombres en esas labores de cuidado.

El día en que los ancianos y enfermos de la familia no sean predominantemente responsabilidad que recae sobre las hijas.

El día en que no sufran el “síndrome del impostor”, sintiendo que cada cosa que han logrado tiene que ver con la pura suerte y no con su esfuerzo y talento.

El día en que no las acosen.

Que no haya femicidios.

Ni sufran violencia intrafamiliar.

El día en que no sientan inseguridad caminando solas en la calle.

El día en que los fármacos se hagan también a su medida, y se testeen en mujeres, no solo en varones.

El día en que no se confundan sus enfermedades con “histeria”.

El día en que la historia reconozca sus aportes pasados, en todos los ámbitos en que aún están invisibilizadas.

En que puedan participar en la esfera pública sin tener mayores exigencias que los hombres.

El día en que se las juzgue igual por sus errores que a los varones. Ni mejor ni peor, igual.

El día en que la carga mental no sea solo femenina.

El día en que la sociedad las premie y no las castigue con la “multa por hijo” por ser madres.

El día en que no haya estereotipos idealizados inalcanzables sobre la maternidad, que culpabilizan a casi todas.

El día en que los jardines, colegios y escuelas tengan horarios adecuados para madres y padres que trabajan.

El día en que no se critique a las que no quieren ser madres.

El día en que no queden techos de cristal ni de cemento.

Y que las que los rompan abran las puertas para muchas más.

El día en que las mujeres mayores no sean discriminadas e invisibilizadas por la sociedad.

El día en que una mujer pueda decidir libremente y sin presiones sobre su vida sentimental, sexual, reproductiva.

El día en que los derechos ganados por todas las generaciones previas de mujeres no se pongan en cuestión.

El día en que las niñas nazcan con los mismos derechos y oportunidades que los niños, y mantengan aquella igualdad a lo largo de su vida.

La lista es más larga, sin duda. Pero ese día no será necesario conmemorar el 8M.

Se ha avanzado muchísimo respecto de lo que vivieron nuestras antecesoras. Y es justo y necesario reconocerlo. Ha sido la obra de generaciones de mujeres que lucharon -y pagaron costos altos- para que pudiéramos estudiar, votar, ser académicas, economistas, periodistas, doctoras, parlamentarias… Dirigir el Banco Central, una universidad, la Corte Suprema o sentarse en el sillón de O’Higgins.

Pero falta.

Y por eso hay que seguir conmemorando este día, el Día Internacional de la Mujer trabajadora, en que las generaciones se unen para hacer memoria y recordar lo mucho que se ha avanzado, y también para mostrar lo que falta para cerrar las brechas de esta lista, y las de la lista de cada una.

Si no hacemos nada, quedan más de 100 años para ese día.

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